Sunday, November 15, 2009

Soy un número... y usted también

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Hola, Buenos días. ¿Cómo está? Me quisiera presentar como Fernando Zapata, pero tendrá que disculparme por esta vez, porque no lo soy.

Bueno, al menos oficialmente sí soy yo (y usted es usted, claro). Eso dicen nuestras actas de nacimiento, y todas nuestras identificaciones: Nuestros nombres completos.

El problema es que en la práctica, nuestros nombres salen sobrando.

Yo soy un número. Y usted también. O muchos.

Ante el gobierno, las oficinas locales, y hast a las empresas privadas, todos somos números. Para cuestiones de “control”, nuestros nombres no bastan, nos dicen. Y por lo tanto, "necesitamos" tener un número.

Y desde pequeños, nos otorgan tales números, y nos obligan a aprenderlos de memoria.

Hasta los niños de preescolar deben aprenderse sus "números" a la hora de comer en la cafetería de la escuela.

Si usted se rebela a este requisito, tendrá que sufrir no estar “dentro del sistema”. Y ya verá cómo las pasa duras tratando de comprar, vender o siquiera acceder a los servicios más básicos y sencillos de la sociedad.

Yo siempre he sido malísimo para recordar cifras. De hecho, creo que fue ésta una de las razones principales por las que no estudié una carrera de ciencias exactas: Odiaba las matemáticas y todo lo que implicara trabajar con números.

Pero la costumbre (o la obligación), me ha hecho memorizar montones de cifras y números, no por gusto, sino para sobrevivir en este mundo “moderno”.

Así, pues, he tenido que aprenderme de memoria por ejemplo, mi número de Seguro Social de Estados Unidos. Sin esta “llave mágica”, olvídelo, usted no existe.

Tanta es la importancia del “Social Security Number”, que los inmigrantes indocumentados son la prueba viviente y desgarradora de cómo se echa de menos su falta. Ese simple numerito de 9 cifras es la diferencia entre vivir tranquilo, o sentirse perseguido. Entre lograr un empleo decente, o a veces vivir al día. Entre la libertad o la deportación.

Pero esto no es exclusivo de Estados Unidos. En México, donde nací, al gobierno le encantan los números. Así nos obligaba a tener a todos los ciudadanos un Registro Federal de Causantes (algo así como el Seguro Social de Estados Unidos). Luego, se les ocurrió que no, que se iba a cambiar por un número distinto, el CURP (Código del Registro de Población, o algo así). Más tarde, salieron con que siempre no, que ahora necesitábamos OTRO número… Y así se han ido.

Además, los nuevos sistemas de computadoras nos han impuesto más números que debemos aprendernos para gozar de las bondades de la vida “moderna”. Entre ellos, “números de usuarios”, “números de tarjetas”, números de “cuentahabientes”, “números de membresía”, y cuántos no.

Mención aparte merecen las ultrafamosas y ultranecesarias “passwords” y los “PINS”. Estas son las “llaves mágicas” para hacer cualquier cosa que tenga que ver con computadoras, desde tener correo electrónico hasta jugar o checar nuestras cuentas. Sin ellas, no somos nada.

Lo bueno es que parece que tras tanto sufrir, los ingenieros ya nos hicieron caso, y las “passwords” y los “PINS” los podemos elegir nosotros. Hasta nos la ponen fácil, diciéndonos que escojamos números que tengan cierto significado para nosotros, para poder recordarlos mejor.

“Así qué fácil”, pensé sonriendo al comenzar a elegir mi primer “password”. Pero eso fue antes de leer la “letra pequeña”:

-No puede ser un número conocido, como su fecha de nacimiento, el cumpleaños de su perro ni la fecha de independencia. Claro, por su propia “seguridad” contra los “hackers”.

-No puede ser su número de seguro social, RFC, CURP, ni ningún número que remotamente tenga alguna relación con usted ni con parientes y amigos, hasta siete generaciones atrás. Igual, aguas con los “hackers”.

-No deben ser una serie de letras o números seguidos, en orden o al revés.

-De preferencia deben ser mezclas de números, de letras, carácteres especiales (%#$@) de 10 a 12 dígitos y si se puede, en sánscrito o en idioma klingon (pero en orden invertido para leerse con un espejo cóncavo).

-Ah, y se debe cambiar totalmente, cada 30 días.

Pero fuera de eso, no hay problema: usted puede usted elegir una clave "fácil" de recordar.

(Ja, ha... ¿Qué esperaba usted? ¿Que los ingenieros nos iban a dejar hacer lo que quisiéramos? )

Nuestros padres y abuelos nunca tuvieron que aprenderse tanto número. De hecho, en aquellos años, el único número que la gente se aprendía, era uno: el de su teléfono. Y eso sólo quienes tenían teléfono, que eran una minoría.

Vaya, habían domicilios y calles que ni siquiera tenían números.

Lo irónico es que hoy en día, en pleno siglo XXI con tanta tecnología desarrolada, con teléfonos que caben en la palma de la mano, se llevan a donde quiera, y que se activan hasta con la voz, existen un tipo de números que ya nadie se sabe ni se molesta en aprenderse:

"¿Mi número de teléfono? Ay qué pena, pero no me lo sé... Pero está en la memoria del teléfono".

Y ahí se quedará... (www.cesarfernando.com)

Sunday, October 04, 2009

Lo que me gusta (y lo que odio) de vivir en Estados Unidos

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Como todo país, Estados Unidos tiene pros y contras. Como dice el dicho, cada quien cuenta como le fue en la feria.

Por ello, he compilado una lista de lo que me gusta (y lo que no) de la vida en Estados Unidos, después de todo el tiempo que llevo en este país, usando el sistema de “Pros” y “Contras”, que tanto gusta a los norteamericanos.

ME GUSTA: Lo bien diseñadas que están las calles y las ciudades en general. Por ello, la gente puede usar el auto para todo, hasta para comprar comida y hacer trámites en el banco, sin bajarse.

PERO ODIO: Precisamente, debido al diseño urbano, las enormes distancias obligan a la gente a tener que usar el auto para todo, hasta para ir a la tiendita de la esquina. Lo que causa un país de gordos (y un aumento de las enfermedades cardiacas y muertes por infartos).

ME GUSTA: Poder enviar todos mis pagos y cheques por correo y que lleguen sanos y salvos a su destino (y que además la empresa acreedora adjudique los pagos y no me salga con que "pues fíjese qué pena, pero su pago nunca nos llegó").

PERO ODIO: El que los cobradores y las agencias de publicidad usen ese mismo correo para retacarme el buzón de basura... y cobros.

ME GUSTA: El poder rellenar el refresco en restaurantes cuantas veces me venga en gana, sin que me cobren por ello.

PERO ODIO: Precisamente, caer en la tentación de atascarme de refresco sin que nadie me ponga límite. Y encima, que los vasos de los restaurantes sean tamaños "Grande", "Gigante" y "Megalosaurio".

ME GUSTAN: Los ENORMES platos de comida y desayunos que sirven en los restaurantes. Por 6 ó 7 dólares, uno puede retacarse de huevos revueltos, "pancakes", tocino, salchichas, pan tostado, y un café.

PERO ODIO: Que esos ENORMES platos de comida terminan en mi estómago, que acaba siendo ENORME por eso.

ME GUSTA: Los diseños de las casas, totalmente abiertas al exterior, sin vallas, sin cercas, y con las ventanas transparentes sin cortinas, para que entre la luz y se vea todo el paisaje de la calle desde dentro. Muy distinto a México y América Latina, donde las casas parecen fuertes resguardados.

PERO ODIO: Debido a lo anterior, la posibilidad de que todo mundo pueda espiarme cuando estoy dentro de mi casa, cuando como, veo la tele, o cuando ando en paños menores. Todos pueden ver a todos, inclyendo los vecinos o "voyeurs", que pudieran ser asesinos en potencia.

ME GUSTA: Que existan leyes para todo y para todos. Por esto, uno puede quejarse, protestar y hacer escándalo, o incluso demandar a funcionarios y políticos poderosos si sienten que abusaron de uno. Y que además existan los mecanismos legales y organizaciones encantadas de ayudarlo a uno en caso de necesitarlo, por lo menos para pararse en la calle y salir en la tele con una pancarta.

PERO ODIO: Precisamente el montón de leyes, regulaciones, y restricciones que existen para todo. Y ay, pobre de aquél que se atreva a no seguirlas, porque le caen encima desde inspectores municipales, hasta las policías locales, del condado, estatales y federales, con sus jueces y todo el peso de los librotes de la ley (literalmente).

ME GUSTA: Lo unidos que están los vecinos de las comunidades, quienes participa en actividades para embellecer sus vecindarios, como limpiar, quitar basura de la calle, borrar graffitti, sin que nadie los esté obligando ni dependiendo de las autoridades.

PERO ODIO: El que lo vean feo a uno porque no participa ni se entrega en “cuerpo y alma” a la comunidad. O que existan vecinos extremistas que usen esta posibilidad para promover sus agendas políticas personales.

ME GUSTA: La increíble apertura y total falta de arrogancia del norteamericano promedio, a quien le importa un pepino tu árbol genealógico o genético, y te dé la oportunidad de probarte a ti mismo como persona y profesional, así seas blanco, negro, morado o de cualquiera de los espectros intermedios.

PERO ODIO: La enorme competencia resultante entre todos los habitantes de este país por lograr “el éxito” en el “Sueño Americano” a cualquier costo, aún pasando por encima de los demás. Y que el que no siga estos preceptos sea tachado de "flojo" y "perdedor", olvidándose de otros valores, como la familia y tener tiempo para disfrutarlo.

ME GUSTA: La enorme comodidad que significa tener cerca tiendas donde encuentra uno de todo, desde electrónicos hasta ropa. Camisetas impecables (a veces usadas) en 2 dólares, y pantalones en 4 dólares. Y si no te gusta una tienda, siempre hay otra compitiendo a la vuelta, con mejores precios o existencias. (Sobre todo libros, y discos que no encuentras en ninguna otra parte.)

PERO ODIO: Esa enorme cantidad de oferta, que me tienta a gastar de más, y acabo comprando por comprar. Las más de las veces sin necesitarlo. (Y por consiguiente, tengo en mi cochera cerros de libros que nunca encuentro tiempo para leer, y discos que quizá nunca podré escuchar.)

ME ENCANTA: Ganar en dólares.

PERO ODIO: Gastar en dólares.

ME GUSTA: La increíble amabilidad y accesibilidad del norteamericano promedio, que tienen nula arrogancia y pueden entablar diálogos amigables con un perfecto desconocido y hacerlo sentir bienvenido.

PERO ODIO: Que esa amabilidad sea superficial, y a veces no se llegue a concretar en amistades verdaderas, aún después de años de conocer a alguien.

ME GUSTA: La rica e increíble historia de Estados Unidos, con sus éxitos y grandeza que han traído enorme y envidiable bienestar para la mayoría de sus habitantes.

PERO ODIO: Que ese bienestar se haya logrado en parte abusando de otros más débiles. Y que los actuales habitantes de Estados Unidos se encierren en una cómoda burbuja, alabando las glorias de sus antepasados como si ellos hubieran participado en sus conquistas... pero sin el ánimo ni el empuje de continuar con la tradición que hizo de este país lo que es hoy, para mejorarlo en el futuro. (www.cesarfernando.com)

Wednesday, September 23, 2009

Inmigrantes en Estados Unidos: ¿Los "cajeros automáticos" familiares?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- "Necesito dinero"... "Necesito más dinero"... "¿Te acuerdas del dinero que te pedí? Ya se me acabó. Envíame más..."

Estas frases, suenen como suenen, no las he dicho yo. Solamente las estoy repitiendo de lo que me han contado.

Son frases que escuchan muy frecuentemente los inmigrantes latinoamericanos que viven en Estados Unidos. Y se las dicen sus parientes que se quedaron en sus países de origen.

"Yo no tengo ningún problema en enviar dinero a la familia, para eso vinimos a este país", me contaba el otro día un inmigrante mexicano que vive en Texas desde hace más de veinte años. "El problema es que ahora yo tampoco tengo mucho dinero, se paró la chamba".

El hombre, quien trabaja de albañil, carpintero y en lo que salga (cuando sale), tiene a toda su familia inmediata en Texas. Su esposa y sus hijos, todos viven con él. Y a todos mantiene.

Pero además de ello, recibe seguido solicitudes de dinero de parientes extras: hermanos, primos, sobrinos y demás. Hasta amigos y compadres.

"El otro día me llamaron porque necesitaban pagar un lote de un cementerio... que cuesta 75 mil pesos (algo así como 7 mil dólares). ¿De dónde voy a sacar 7 mil dólares, si ahorita ni estoy trabajando?", se lamentaba el hombre.

(¿Un lote de un cementerio mexicano que vale 7 mil dólares? Bueno....)

Y así por el estilo, no es raro encontrar muchas historias similares de inmigrantes en Estados Unidos que se han convertido no sólo en una tabla de salvación para sus parientes en México y América Latina para pagar lo más urgente, sino en sus bancos, cajeros automáticos y casi hasta sus padres que les envían sus "mesadas" o "domingos" con las excusas más extrañas.

Pero no sólo familia cercana les llama. De pronto salen algunas sorpresitas.

"A mí me llamó un primo lejano, que hace mucho tiempo que no veía", me platicaba otra inmigrante mexicana, viuda con hijos. "Me dijo: 'Bueno, como la cosa aca en México está muy difícil, le estoy llamando para que me 'preste' dinero para irme a Estados Unidos a trabajar'", contó sorprendida.

No era ni pariente cercano, agregó. Quería que le enviara como 2 mil dólares para "pagar al 'coyote'. Yo no tengo ese dinero", dijo la mujer.

Al final, al ver que no iba a lograr su "préstamo", el pariente volvió a llamar días después. Le dijo abiertamente: "Bueno, si usted no puede enviarme los 2 mil dólares, entonces envíeme de perdido para arreglar el techo de mi casa, que son como 300 dólares".

Obviamente, la mujer le envió el dinero. "¿Qué iba a hacer con él aquí, si venía? Ni siquiera yo puedo hallar trabajo", comentaba la inmigrante.

Otro inmigrante mexicano contaba sorprendido cómo sus parientes lejanos les habían estado solicitando "préstamos" para comprarle dientes postizos a su abuela. "Mil quinientos dólares por unos dientes postizos se me hizo muy caro", recordaba el hombre. "Pero bueno, uno trata de ayudar".

A duras penas su esposa logró juntar el dinero y lo envió.

Meses después, la abuela llamó preguntando cuándo le iban a enviar más dinero, "porque faltaba completar".

Una joven inmigrante cubana de Florida "se mata trabajando" como dependiente en una estación de gasolina. "Mi turno es horrible, entro a las 4 de la madrugada", se lamenta, con visibles ojeras. "No gano mucho, pero hay que mandar a la familia en Cuba".

"Allá no saben si tuviste qué comer hoy, tú siempre debes enviar algo", recuerda. "Si tú estás mal, allá están peor".

Por supuesto, cuando uno emigra sabe que entre sus obligaciones morales está ayudar a la familia que se quedó en su país de origen. Todos lo hemos hecho alguna vez en mayor o menor medida, dependiendo de la capacidad de cada quién.

El problema es cuando salen parientes lejanos, amigos y hasta desconocidos que se montan en el burro, porque "al fin que ellos ganan en dólares".

"Uno no repela, la verdad", contaba otro inmigrante, don Roberto, al recordar las llamadas "urgentes" (para pedir dinero a cada rato). "Sabemos que la cosa en México está dura, y de verdad mucha gente necesita el dinero. El problema es que a veces uno tampoco anda sobrado".

"En este país ganamos en dólares, sí... pero igual gastamos en dólares", comentó amargamente.

Ahora, con la recesión y la crisis, los primeros empleos en esfumarse fueron los de la construcción y otros oficios. Casualmente los que ocupan inmigrantes en su mayoría.

No por nada los envíos a México, por ejemplo, se han desplomado 16 por ciento en 2009, según el Banco de México, citado por la agencia Reuters.

"Cuando nosotros nos quedamos sin un cinco, ¿a quién le llamamos para pedirle?", preguntaba don Roberto. (www.cesarfernando.com)

Monday, September 14, 2009

Florida: ¿El sueño se acabó?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

"Todo mundo quiere mudarse a Florida".

Esa fue una de las frases que me repetían cuando dejé Texas, en 2006, buscando el "Sueño Floridiano".

Las estadísticas reforzaban esa tendencia: En aquél entonces, aproximadamente 300 personas se mudaban a Florida. Diariamente.

Eran los tiempos del "boom" inmobiliario. Las constructoras no se daban a basto para levantar casas nuevas, porque casi se las arrebataban los compradores. A su vez, las hipotecarias prácticamente estaban lanzando préstamos a sus clientes como si fueran confeti.

Hubo mucho dinero. Y eso, claro, causó avaricia. No sólo de los especuladores, sino de los gobiernos locales y estatales. Todo mundo quería una rebanada más grande de un pastel que parecía inflarse sin fin.

Hasta que el pastel explotó.

Cuando recién me mudé a Florida, quise registrar mi auto texano. Pero me encontré que mi seguro no era aceptado en Florida. Cuando coticé cobertura contra accidentes, el costo subió estratosféricamente: De 70 dólares al mes por cobertura de dos autos, tuve que pagar 220 dólares.

Welcome to Florida!

Para los seguros de casas los precios eran un escándalo. Casi superaban al costo de la misma hipoteca.

Un floridiano residente de muchas décadas se quejó conmigo una vez: "Hemos estado pagando seguros desde siempre, pero después que pegó el huracán del 2004, las aseguradoras nos subieron los cobros más del doble. Dicen que 'somos una zona de alto riesgo'".

Sonrió irónico: "¿Hasta ahora se dan cuenta que en Florida pegan huracanes? ¿Qué pasó con todos esos años que pagamos seguro, a dónde se fue ese dinero ahora que lo necesitamos?"

No sólo los seguros subieron. Los impuestos locales también. Al fin que había dinero. El problema es que eso ya se acabó, pero los impuestos siguen.

La revista Time sacó un artículo el mes pasado: "El Éxodo de Florida". Lo tituló en internet como: "Florida: ¿El Paraíso Perdido?"
El artículo relataba cómo los excesivos cobros estaban ahuyentando a los residentes del "Estado del Sol". Ahora, por vez primera en su historia, son más las personas que se mudan de Florida que las que llegan, según la revista.

El artículo curiosamente coincidió con mi salida de Florida. Pero mi mudanza tuvo otros motivos, personales. Yo no tenía la mayoría de los problemas que afectan a los residentes de Florida, porque no tenía casa.

Al contrario, Florida me encanta. Es un lugar muy hermoso para vivir, sobre todo con familia. Su gente es excelente.

Pero eso no evita que haya notado un enorme cambio al mudarme a Texas. Sobre todo en mi bolsillo.

El otro día llegué a la oficina de registro de autos del Condado de Dallas, para dar de alta mi carro comprado en Florida, y cambiarle las placas.

Al ver mi seguro de auto, la empleada tachó la hoja: "Los seguros de Florida no valen en Texas", me explicó. "No tienen la suficiente cobertura requerida".

Y me escribió con su puño y letra la cobertura que necesitaba: "En vez de $20,000 dólares por lesiones a una persona, Texas exige $25,000; en vez de $20,000 por lesiones a dos o más personas, Texas exige $50,000; en vez de $10,000 por daños a propiedad, Texas exige $20,000".

Hasta que tenga esa cobertura podrá usted registrar su auto en Texas, me aclaró la empleada.

Qué horror, pensé. ¿Cuánto me va a costar el chistecito?

Pues fui a buscar un seguro de auto en Texas, con cobertura mayor a la de Florida.

Cuando me dieron el presupuesto final, casi me voy de espaldas. Costo total, por cobertura aprobada por Texas, mayor a la cobertura en Florida, de dos automóviles: $64 dólares. Al mes. Por los dos vehículos. Con mayor cobertura.

Comparado con los más de 220 dólares de mi cobertura menor en Florida, era más que una ganga. De inmediato firme con la agencia de Texas, y llamé a la aseguradora floridiana para cancelar mi póliza anterior.

Esto es sólo un ejemplo particular, muy propio. Un botón. Pero multiplique esto por miles, y verá porqué la gente sale huyendo de Florida.

¿Quizá ahora la frase "Todo mundo quiere mudarse a Florida" deba ser actualizada a "Todo mundo quiere mudarse de Florida"? Suena cruel, e injusto, para un estado tan hermoso como la península.

De verdad, si no fuera por sus excesivos cobros, su altísimo costo de vida, y sus perversos impuestos, Florida sería el estado ideal nuevamente.

Por fin, con mis placas texanas nuevas en la mano, salí de la oficina de registro. Junto a mí salía una familia de origen asiático, con sus flamantes placas texanas. Iban sonriendo, satisfechos de comenzar su nueva vida texana.

Las placas viejas de su auto decían: "Florida: El Estado del Sol". (www.cesarfernando.com)

Monday, September 07, 2009

El Estados Unidos "profundo y exótico"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas.- Luego de tres años, volví a hacer mi “road trip” o viaje por carretera por el Estados Unidos “profundo”: Me mudé desde Florida hasta Texas, lo que implicó conducir por Alabama, Mississippi y Louisiana.

Mi carrito de cuatro puertas y cuatro cilindros iba al tope, con mil y un cachivaches, después de haber regalado y tirado otros mil y un triques.

Pero a pesar del tonelaje que tuve que maniobrar, lo más interesante del viajecito fue la experiencia de surcar por las entrañas más curiosas de este país.

A los norteamericanos les encanta resaltar las virtudes exóticas del extranjero. Cuando un héroe de una película hollywoodense debe viajar, siempre lo ve con la óptica del “civilizado occidental”. No importa a dónde vaya: a Sudamérica, África, Europa o Asia, el “héroe” siempre se topará a su llegada con algún festival exótico, algún carnaval en la calle, donde alegres “nativos” bailarán estorbándole la huída al personaje principal (si se puede, disfrazados de la manera más estrafalaria posible, mejor).

El mensaje es claro: estas exoticidades no pasan en Estados Unidos. En Estados Unidos “somos normalitos”. Somos “civilizados”. Esas costumbres autóctonas sólo se dan “afuera”, allá en el territorio de la National Geographic, piensan los norteamericanos. Por lo menos, los norteamericanos que filman esas películas.

Pero, oh, ironía. Esos mismos norteamericanos no se dan cuenta que en su propio país encuentran no una, sino montones de exoticidades, como para llenar fascículos completos de National Geographic.

Uno no tiene más que voltear a ver a la carretera.

Apenas había yo conducido unas cuantas horas por Florida, cuando me encontré en plena autopista 75, a las afueras de Tampa, una banderota ondeando. Gigantesca.

Lo curioso es que no era una bandera de Estados Unidos, sino... ¡confederada!

Sí, esa bandera roja, cruzada con estrellas, que simboliza la secesión de los estados esclavistas del sur, que detonó la Guerra Civil en el siglo XIX.

La bandera confederada es extremadamente controvertida en Estados Unidos. En muchos estados, aún es considerada como una vergüenza, o incluso como un insulto.

Pero en Florida (que fue uno de los estados sureños) es un símbolo de orgullo para algunos grupos.

Y al instalar una bandera confederada gigante, allí en una de las autopistas más transitadas, se convierte en una declaración política abierta y desafiante.

Pero eso no fue todo, sino apenas el principio. A lo largo de la autopista me topé con otras curiosidades.

Por ejemplo, cerca de Tallahassee, la capital de Florida, noté varios letreros con el mismo estilo: Blancos, con una bandera dibujada (esta sí, la "Old Glory" norteamericana), y una frase "patriótica", por ejemplo: “America: Love it, or Leave it” ("América: Ámala o Déjala").

Léase: "Si no te gusta mi país, regrésate por donde viniste".

Luego, seguía otro letrero con el mismo estilo: "Guns, God and Guts Made America Great" ("Armas, Dios y Agallas Hicieron Grande a América"). Y así...

Claro, los letreros y sus mensajes políticos están protegidos por la garantía constitucional de libertad de expresión. Pero la orientación política de estos letreros dice mucho de las zonas donde están instalados.

Otro detalle que noté --y que quizá se me había pasado en el primer viaje-- fue la enorme cantidad de policías que patrullaban las carreteras. Los famsoos "troopers" están en todos los estados, y no pierden tiempo en detener a quien consideren que viola las leyes de tráfico.

Yo nunca he sido muy afecto a pisar el acelerador, y pienso que si una infracción ayuda a evitar un accidente fatal, bienvenido. Pero al ver tantas patrullas blancas y negras, amenazantes y serias, con oficiales de anteojos oscuros, armados y con sombreros vaqueros, me hizo entender los temores que muchos norteamericanos tienen de vivir en un estado policiaco.

Por lo menos, vi 20 patrullas en el trayecto de casi 1,300 millas.

Curiosamente la cantidad de oficiales disminuyó casi a cero al entrar a Texas. Irónico, considerando la famita de intolerantes y retrógrados que tienen los "Texas Troopers".

Mucha gente me pregunta cómo puedo vivir en una ciudad tan conservadora y religiosa como Dallas. Piensan que en Dallas hay un cowboy pistolero en cada esquina. O si no, un predicador extremista.

Pero no hay tal. Dallas, como cualquier otra ciudad grande, tiene de todo: Fanáticos religiosos conviven (muy a su pesar) con travestis gays ateos; antiinmigrantes de ultraderecha hacen protestas y manifestaciones frente a protestas y manifestaciones de organizaciones inmigrantes mexicanas; los republicanos tienen mucho peso, pero también los demócratas. Y así.

No, para sentir el Estados Unidos "profundo" uno no tiene más que subirse a su auto y conducir por algunas cuantas millas por cualquier autopista.

Y simplemente abrir bien los ojos. Eso basta y sobra para entrar a un país totalmente diferente y extranjero. Estereotipado y exótico.

Como les gusta a los cineastas de Hollywood. (www.cesarfernando.com)

Sunday, August 23, 2009

Maldición gitana...

Si hay algo que odio más que mudarme a otra ciudad es... tener que mudarme de vuelta a la ciudad original.

Y eso es precisamente lo que he tenido que hacer estos últimos días: Tirar la mitad de mis porquerías, y empacar la otra mitad para el viajecito.

Hace poco comentaba con unos amigos (en una de las montones de "despedidas" de las que inmerecidamente he sido objeto en Florida por mi próxima partida a Texas) que si hay algo que yo siempre he tenido como objetivo en mi vida, es vivir una existencia aburrida y monótona.

Mis amigos no lo podían creer.

En serio: Para mí no hay mejor manera que pasar los días, los meses y los años sabiendo que mi rutina no va a cambiar.

Por supuesto, me encanta salir, me encanta ir de vago por la calle, y bobear en tiendas o librerías. Pero sólo bajo mis condiciones, no porque mi trabajo dependa de ello.

Desafortunadamente, y como maldición gitana, siempre me ha tocado lo contrario. Me he mudado más veces de las que me hubiera gustado. No nada más de domicilio, sino de ciudad, de estado y hasta de país.

Y para acabarla, se me ocurrió elegir una carrera que de rutinaria no tiene nada, la de periodismo. No hay día en el que no salga algo nuevo, no conozca una persona nueva, no tenga que salir a partirme el brazo por conseguir una información, una entrevista o un dato.

No me quejo. Ha sido una carrera muy interesante y enriquecedora. Pero me hubiera gustado que fuera menos "activa".

En fin, ahora vuelvo a las arduas labores de empacado y tirado. Me espera un laaaargo camino por recorrer.

Como decimos en el argot, los mantendré informados...

Thursday, August 20, 2009

Los modernos juglares de la publicidad

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Primero comenzaron los preparadores de impuestos

Contrataron a jovencitas estudiantes o recién graduadas, y las vistieron de manera graciosa. Les dieron un cartel con el nombre de sus oficinas, y las dejaron frente a la calle, bailando y moviendo el cartel, bajo el sol floridiano.

“Nos trae muchos clientes,” dijo una de las gerentes.

Claro, era temporada de impuestos.

Luego, llegaron las pizzerías. Papa Jonh’s y Caesar’s Pizzas tienen sendos “anunciantes”, promocionando pizzas a 5 dólares en cada acera. Uno de ellos hasta va disfrazado de rebanada de pizza.

Y así continuaron: Los lavaderos de autos, las tiendas de ropa, los bancos...

“Para mí, esto es más efectivo que comprar un comercial,” me comentaba un gerente de un restaurancito. “Y más barato”.

El salario es mínimo, por 4 horas rotativas. El calor, insoportable. La paciencia debe ser de monje, para aguantar las rechiflas e insultos de uno que otro “idiota”, como me platicó una jovencita de 20 años, disfrazada de Estatua de la Libertad en marzo.

Pese a todos los avances de la tecnología, de la publicidad, y de las opciones que existen en medios (prensa, radio, televisión, cine, revistas, internet, twitters y sabe más qué), parece que la tendencia de los negocios locales es más tradicionalista. Promoción personalizada.

Están volviendo a los tradicionales juglares medievales, pues.

El último miembro del club es un restaurante mexicano que se acaba de abrir por mi barrio.
Languideciendo ante la recesión, el dueño mandó a imprimir un cartel, y le pagó a un muchacho para que se parara en la esquina, promocionando el negocio.

¿El truco? El muchachito es gringo: rubio de ojos azules. Y además del cartel con el nombre del restaurante, lleva puesto un enorme sombrero mexicano tricolor, a la Speedy González.

Y ahí está el chico: Alegre de tener empleo y de promocionar con saludos y brincos a su patrón.

El muchachito tiene una enorme ventaja por sobre sus competidores: el sombrerote lo protege del tirano sol tropical. Quizá por eso sonríe más... (www.cesarfernando.com)

Wednesday, August 19, 2009

On the road again...

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Bueno, pues la historia se repite. Como hace tres años, hago mis maletas y de nuevo me lanzo a la aventura de la carretera.

Esta semana es mi última en Florida. Renuncié a mi puesto en el News-Press, el diario de Fort Myers, y regreso a Texas, donde viví 10 años, y de donde salí en 2006.

Y como hace 3 años, no sé lo que el destino me depara.

Mi decisión es puramente personal. Mi familia vive en Texas, y tras un año de separación, decidí que ya estaba bien ser "soltero, sin compromisos y con carro en Florida". (Más bien mi esposa me lo recordó.)

Me encanta Florida. Me encantó su gente, mi trabajo, las experiencias vividas. En el News-Press me trataron muy bien, aprendí mucho, me fascinó y logré hacer cosas. Espero que mis jefes también estuvieran conformes con mi labor.

Pero el ciclo concluyó. Y aunque sé que renunciar a un trabajo que me encanta, en un lugar que me fascina, durante la peor de las recesiones económicas es una decisión ilógica y arriesgada, también sé que ningún empleo justifica estar lejos de aquellos quienes más me importan.

No dejo nada aquí, me lo llevo todo. No dejo ni siquiera amigos, porque a ellos son los primeros que me llevo conmigo, esté donde esté siempre. Si no en cuerpo, sí en alma. Ellos lo saben.

Y al mismo tiempo, mis amigos floridianos saben que allá en Texas tendrán siempre un pedacito de Florida, y las puertas abiertas de la casa de un "mexicano-tamaulipeco-tampiqueño-texano-floridiano".

No, no tengo trabajo. Iré como todos, a tocar puertas. Es una sensación extraña: emocionante y pavorosa a la vez.

A fin de cuentas, este país se construyó y se hizo fuerte a base de pioneros. Me gusta pensar que sigo de alguna manera la tradición.

Los mantendré informados.

"On the road again..."

Friday, August 14, 2009

Qué vergüenza de triunfo...

Confieso que no soy muy seguidor de deportes, ni muy conocedor.


¿Creo que el futbol se juega con un balón? Redondo, parece...

A veces, si estoy con familia o amigos, la tele está encendida (y no tengo nada mejor qué hacer), me siento a ver algún partido mundialista.

Por supuesto, siempre me alegro de los triunfos de los deportistas mexicanos.

Pero esta vez no me alegré del triunfo de la selección mexicana frente a Estados Unidos. (Por cierto, por un raquítico 2-1, que debió haber sido 10-0, si tomamos en cuenta que jugaron de locales).

No me avergonzó el juego o el resultado en sí, sino las celebraciones.

¿Qué, no podemos celebrar un poco más civilizadamente? ¿Tenemos que estar borrachos?

¿Abuchear himnos extranjeros, y apedrear hoteles sirve de algo? (Fuera de darles la razón a los que insisten en que en México la gente aún hace sacrificios humanos y comen niños.)

Qué vergüenza.

Sí, ya sé, ya sé: "Pobrecito pueblo, tú no entiendes a 'nuestra gente', tanto que han sufrido desde hace siglos, necesitan una distracción, es una pequeña venganza ante tanto abuso imperialista..." Y etcétera, etcétera, etcétera.

Aunque por un lado sí me alegro de que el festejo haya sido por un triunfo.

Porque no me quiero imaginar qué hubiera pasado si Estados Unidos hubiera ganado.

Seguro esos "mexicanos puros" hubieran incendiado el estadio y sacrificado a los jugadores (de ambos bandos), para demostrar al mundo su "patriotismo".

Wednesday, July 29, 2009

"He buscado y he buscado trabajo, y no hay"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- El hombre me andaba rondando desde hacía rato.

Era bajito y delgado. Llevaba una camiseta bastante usada, con unos jeans peores, y tenis. No le podía ver bien el rostro porque una gorra de pintor le tapaba media cara.

Desde que entré a aquella tienda en Florida lo sentí que me estaba "echando el ojo". Ví de reojo que me seguía por entre los pasillos y anaqueles.

Pero no piense mal. El pobre hombre por fin agarró valor después de andar dando vueltas, y se me acercó muy humilde.

"¿Habla español?", me preguntó. Cuando asentí vi como suspiró de alivio.

En los siguientes minutos el hombre me contó su historia. Una historia que ya conocía, de tanto haberla leído en los periódicos en los últimos meses: Llegó de México, de Oaxaca, a Florida como todos, buscando trabajo. Lo encontró en la construcción, pero con la crisis inmobiliaria, lo perdió.

"Ando desesperado, ya no sé qué hacer", me decía, ya como contando una batalla hace tiempo perdida.

Perder el empleo había causado que perdiera su departamento. A donde quiera que iba a buscar trabajo le decían lo mismo: "No hay".

No tenía dónde quedarse. No tenía manera de trasladarse. Se había gastado las suelas de sus zapatos caminando, preguntando por algún empleo en cuanto negocio, constructora, restaurante y tienda que se encontraba.

"Pero bueno, ¿ya fue usted al restaurante Tal?", le preguntaba incrédulo.

"¿El que está por la calle Tal y Cual? Ya fui, me dijeron que no había nada", respondía.

"¿Y a la tienda Equis, la que está en...?"

"¿La de la calle Zeta? Sí, dos veces. Igual, no hay nada".

Era imposible. Cuanto negocio hispano le mencionaba, él me remataba que ya lo habían rechazado. Y me lo comprobaba describiéndome con pelos y señales la ubicación, nombre, dirección y hasta nombres de los dueños o gerentes. Decía la verdad.

"Ahorita ni siquiera tengo un dólar para el autobús, y regresarme a la casa de un amigo que me deja dormir en el garage", me explicó.

Me dijo que tenía algún primo en Arizona, pero no estaba seguro, porque no podía llamar a su pueblo para confirmar. Sólo por carta. Y ni siquiera tenía dinero para el viaje.

"He buscaso, y he buscado, y no sale nada aquí ya en Florida", me dijo.

El pobre hombre estaba sudado y cansado. Derrotado física y anímicamente.

Agarré mi cartera y tomé los pocos billetes sueltos que tenía. "Mire, no le miento, vea. Esto es todo lo que tengo en efectivo. Tenga", le dije. "Al menos le servirá para comerse un taco y tomar el autobús".

Le di las señas de una iglesia cercana donde quizá le dieran alguna comida. Agradeció y se retiró.

No me sentí bien por mi gesto, al contrario. Lamenté no haber tenido un poco más qué darle.

Esa escena no fue aislada. En los tres años que llevo en Florida se me ha repetido por lo menos tres veces ya, casi en idénticas circunstancias, casi con las mismas historias.

Y en los tres casos las víctimas eran trabajadores de construcción hispanos e inmigrantes.

Lo peor es que la escena se multiplica muchas veces en otras partes de Florida y de todo Estados Unidos actualmente. Y dónde no.

Si para un ciudadano americano, con inglés y documentos, resulta extremadamente difícil encontrar empleo en esta recesión, imagínese como será para personas como las que me he encontrado... (www.cesarfernando.com)

Friday, July 17, 2009

Canadá nos "traicionó": ¡Que viva la transa!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Era cuestión de tiempo para que los canadienses impusieran requisito de visa para los mexicanos. No sé porqué nos sorprendemos. Al contrario, ya se habían tardado.

Aunque, para ser justos, a los canadienses se les fue la manita un poco. Si el problema eran los miles de mexicanos que entraban con falsas solicitudes de asilo político, ¿porqué castigar al resto? ¿Porqué no imponer una prohibición a los mexicanos de recibir asilo político, por ejemplo? Así los que entran sabrán a qué atenerse.

El problema radica en que la ley canadiense autoriza a cualquier solicitante de asilo a permanecer en el país durante meses, hasta que se resuelva su caso. Y claro, muchos se aprovechaban de esa laguna legal. Mientras eran peras o manzanas, había mucha gente viviendo del presupuesto del gobierno canadiense.

Yo entrevisté hace algún tiempo a indocumentados mexicanos que llegaban a Canadá pidiendo asilo, y contaban maravillados cómo los "amables" y "civilizados" canadienses les alquilaban hotel, les pagaban las comidas y hasta los inscribían en clases de inglés gratis para que se "adaptaran".
¡Hasta les abrían una cuenta de banco con dinero y todo!

Muy, muy distinto a los "salvajes" e "inhumanos" gringos.

Cierto, muchas de las personas que buscaban ir a Canadá eran gente trabajadora, que sólo querían un futuro mejor para sus familias. La mayoría vivían de indocumentados en Estados Unidos, sin posibilidad de legalizarse nunca. Canadá fue su último recurso.

Pero, de hecho Canadá ya permitía a los mexicanos ir a trabajar legalmente, siempre y cuando los trámites se hicieran desde México. Y ni visa pedían. ¿Entonces para qué quemar la oportunidad?

Eso me platicaron extrañados algunos funcionarios canadienses. ¿Porqué los mexicanos no se van a México y comienzan los trámites desde allá?, preguntaban.

Pero no. "Se nos hizo fácil". Y ahí está el resultado: Mandamos por el caño la buena fe que tenían en nosotros.

Tristemente, algo muy similar pasó en Estados Unidos. Varios funcionarios me platicaron cómo antes era muy simple hacer una declaración legal para recibir servicios públcos en Estados Unidos: usted sólo escribía una carta y la firmaba, por ejemplo. "Yo, Fulanito de Tal, declaro esto y aquello", y ya. La cosa era legal.

Nadie andaba pidiendo cuentas. Si usted decía eso, era porque era verdad. Estaba en juego su nombre y su honor. No en balde el perjurio es uno de los peores delitos según la legislación norteamericana original. Los fundadores anglosajones de Estados Unidos simplemente no podían concebir que alguien mintiera, por Dios. Si hasta en la Biblia estaba el mandamiento.

Aaaaahhh... pero los pobres inocentes no contaban con la astucia de los mexicanos.

Llegamos y comenzamos a hacer de las nuestras a diestra y siniestra, firmando cartas donde declarábamos hasta ser los papás de los pollitos. Y lo peor es que no fue uno, ni dos, sino miles y miles de transas que "se salieron con la suya".

Más de un "paisano" me contaba alegremente cómo "había sido más vivo que estos gringos tarugos". Ancho de orgullo el hombre ante su "sagacidad".

Pero pasó lo que tenía que pasar. Algunas oficinas del gobierno dejaron de aceptar las declaraciones firmadas, y ahora piden pruebas y hacen estudios detallados de cualquier solicitante. "Antes no los pedíamos, pero bueno... hubo mucho abuso", me platicaba casi disculpándose el funcionario texano con el que hablé (que por cierto, era mexicano también.)

Pero no sé porqué nos sorprendemos, si desde pequeños nos vienen incluncando esa cultura de "La Ley de Herodes" ("O te chingas, o te jodes"). Hasta la llevamos grabada en nuestra cultura, en nuestras frases populares: "El que no tranza, no avanza"... "Un político pobre es un pobre político"..."la corrupción somos todos"...

¿Se ha fijado cómo los principales personajes de nuestras películas y series de TV siempre son "transas", que demuestran ser más "vivos" que nadie? (no por estudios o inteligencia, sino para fregar nomás.)

Cantinflas, por ejemplo, era un excelente cómico... pero sus personajes siempre demuestran ser más "vivos" que cualquiera en las artes de la calle. (Claro, es "honrado" y tiene su "código", roba al rico para darle al pobre... ¡Pero sigue siendo transa!)

Igual siguen esta tradición los personajes de Chespirito (Por ejemplo, Don Ramón, el más popular de los personajes, ¡tenía catorce meses que no pagaba la renta y tan campante!), Resortes, Clavillazo y hasta Tin Tán: El mexicano "sagaz", que es capaz de venderle hielo al esquimal... Aunque en el fondo, claro, todos son "buenos" y tienen "un corazón de oro". (¿Lo habrán conseguido trabajando, o trampeando en los dados?)

La tradición continúa en otros países latinos, como el famosísimo José Candelario Tres Patines ("¡A la reja!")

Los únicos personajes honrados y legales que aparecen en nuestras historias siempre son la víctima cómica del personaje "vivo y abusado". O son simples payasos, porque nadie puede creerse que alguien sea tan "inocente" en serio.

Caso típico, El Chapulín Colorado: su honradez y ética eran causa de burlas y golpes. Supongo que Roberto Gómez Bolaños sabía que el público no se iba a tomar en serio a alguien tan honrado y decente... Sólo como comedia.

Esa tradición de ensalzar al pillo viene de muy, muy atrás. Desde España. ¿No era el Lazarillo de Tormes el personaje literario español más famoso? Y era un transa, un típico niño de la calle, un "pícaro" que se las sabía de todas todas, y le quitaba hasta los calcetines a quien se dejara.

La única y, válgame la expresión, honrosa excepción lo fue Don Quijote de La Mancha, que es el arquetipo de la honradez, la ética, la verdad, la justicia... ¡Pero por eso Cervantes lo pintaba de loco!

En cambio, Sancho Panza, el ejemplo de la cordura y la "realidad" no brillaba precisamente por su honradez, al contrario. Pero sí era celebrado por ser "astuto" y "vivaz".

Así pues, con tales "ilustres" tradiciones culturales, no es raro que los latinoamericanos aprendamos desde pequeños "La Ley de Herodes" (

donde nos enseñan que decir la verdad y ser honrado es "tonto" e "inocente", mientras que burlarse de la ley y sacar ventaja a todo es "inteligente"... ¡con razón estamos como estamos!

Y encima nos indignamos... (www.cesarfernando.com)

Friday, July 10, 2009

¿Cuánto me cuesta vivir en Estados Unidos?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Bueno, con eso de la recesión, algunos economistas hablan de que Estados Unidos pudiera caer en una espiral deflacionaria, que es lo contrario a una inflación.

O sea, que como nadie tiene para comprar nada (porque todo mundo se quedó sin trabajo, o sin ahorros, o sin casa, o sin todo lo anterior), entonces la simple ley de la oferta y la demanda causará que los precios bajen.

Mucha gente se alegrará. Sería la primera vez que veamos que los precios bajan.

Pero los economistas alertan de que la deflación pudiera ser incluso más peligrosa que la inflación.

Será el sereno, pero hasta ahora, con todos los despidos, quiebras y embargos, yo no he visto que los precios caigan, sino al contrario: Siguen subiendo.

¿Cuánto cuesta ahorita mismo, vivir en Estados Unidos? Los precios varían a veces de ciudad a ciudad, y de estado a estado.

Pero nomás para muestra un botón: Aquí les transcribo mi lista de compras del supermercado, en Florida. A los que ya viven en Estados Unidos quizá les sirva de comparación, y a los que están en América Latina quizá les sirva para que hagan números y sepan a qué atenerse si quieren emigrar.

(Ojo, tome en cuenta que yo no soy Donald Trump. Mi lista se limita simple y sencillamente a la compra necesaria para sobrevivir una o dos semanas, para una persona).

* Renta de un departamento de un dormitorio, agua incluída: 500 dólares al mes. No lujoso, no en una zona "nice".

* Hipoteca mensual para los que tienen casa: Alrededor de 1,200 dls.

* Electricidad: 300 dls. si tiene casa. 100 dls. si vive solo, en departamento y trabaja todo el día fuera.

* Gasolina: 2.60 dls. por galón. Yo tengo un carrito de 4 cilindros, que gasta aproximadamente 10 galones a la semana. Total: 27 dls.

* Bolsa de pan: El más baratito, blanco y corriente, alrededor de 1.50 dls. De ahí hasta lo que guste, si es exigente y "saludable".

* Paquetito de 800 gramos de tortillas: 1.70 dls., de la más baratita.

* Lata mediana de frijoles: 67 centavos. Marca propia.

* Una libra de paquete de pollo congelado: 4 dls.

* Lata chica de atún en agua: 68 centavos.

* Una botella de 2 litros de refresco, del más barato: 1 dólar (el vicio).

* Un galón de leche: mínimo 4 dólares.

* Teléfono celular: Unos 100 dls. al mes por el plan familiar, básico. (En realidad la promoción es menos, pero siempre le salen con "piquitos" y "recargos" que inventan quién sabe de dónde).

* Si tiene tele por cable, o teléfono fijo, o internet le cuestan como 50 dólares al mes por cada servicio. Si los contrata los tres en paquete, le sale como 100 al mes por todo... pero nunca son 100 dólares. A mí a veces me sube, dependiendo de los recargos y del precio del petróleo, supongo... Y usted tiene dos opciones: O paga y se calla, o se pasa tres horas rebotando como pelota al teléfono para pelearse con alguien de la compañía (que nunca le tomará la llamada).

* Seguro de autos: Por dos, cobertura total: 220 dls. al mes.

* Pago de los autos: Uno cuesta 170 dls., el otro 220 dls. al mes. No son nuevos: El primero es un carrito chico, Kia, modelo 2004; el segundo un carro mediano Chrysler, modelo 2005.

Y ya... eso sin contar: Ropa, zapatos, salidas a comer fuera, ni lujos.

De hecho, son gastos que todo mundo tiene en Estados Unidos, aunque para ser sinceros, esto es lo mínimo solamente. La mayoría de la gente tiene muchos más gastos que yo, comenzando por tarjetas de crédito y de tiendas. (No porque no las tuve, sino que hace mucho que tuve que dejar de pagarlas, si quería seguir comiendo.)

Bueno, ahora después de hacer números, dirán: "¡Wow!, entonces usted debe ganar muy buen salario para pagar todo eso, ¿no?" Pues ese es el problema, no me alcanza... Después de pagar la gasolina, la comida y la renta, tengo que decidir "de tin-marín, de do-pingüé" cada mes qué pagar, y qué dejar "arrastrando" hasta el siguiente.

Y usted, ¿cuánto gasta? (www.cesarfernando.com)

Sunday, July 05, 2009

Antecedentes penales: Una losa de concreto para toda la vida en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Héctor fue novio de una prima mía, mayor que yo, hace bastante tiempo. Por allá de principios de los 1970's.

Pero Héctor era una "fichita". A pesar de eso (o quizá por eso mismo) mi prima terminó casándose con él. Y después, claro, terminaron de pleito y divorciados.

Sin embargo, seguí viendo a Héctor... en los periódicos. No pasaba un año sin que saliera en primera plana, ya sea porque fue arrestado por traficar con marihuana, o por otros delitos.

Después, le perdí la pista. Cuando volví a saber de él, ya cuando yo tenía como 20 años, Héctor volvió a salir en el periódico, otra vez en primera plana, otra vez en un caso criminal... pero esa vez como ¡policía!

Así inició Héctor su exitosa carrera como "representante de la ley".

Quizá después de pasar tantos años de su vida en la cárcel, Héctor le agarró gusto a esa vida. O quizá el jefe de la policía y sus oficiales le agarraron cariño. Después de todo, casi ya era como de la familia.

Irónicamente, cualquiera que hubiera querido sacarle los trapitos al sol al flamante policía, no hubiera batallado. Su expediente quizá sobresalía de entre los demás, casi como si pusieras un directorio telefónico en medio de folletos de misa, tan gordo que era.

Pero al parecer a nadie le interesó ni le importó que uno de los policías tuviera tantos o más antecedentes penales que los propios criminales de los que se suponía nos debía "proteger". Por eso, Héctor pudo hacer realidad su sueño de ser "Polecía".

¡Qué afortunado fue Héctor de vivir en México! Si hubiera vivido en Estados Unidos, seguramente su vida habría sido otra. No sé si mejor o peor, pero sí muy distinta.

Eso sí, ni en sueños iba a lograr tener una carrera policiaca. Al menos no afuera de las rejas,

Y no es que en Estados Unidos no haya corrupción, ni policías bandidos. La enorme diferencia es que acá, el tener antecedentes penales es como ser un apestado. Por lo menos, si usted quiere conseguir ciertas metas en su vida, como ser aceptado en ciertos trabajos (como, por ejemplo, policía).

En Estados Unidos, el historial criminal es como una losa de concreto que uno va cargando como El Pípila para toda su vida. Y cualquier "errorcito" de juventud se paga caro. Porque a cualquier trabajo que usted vaya, le piden carta de no antecedentes penales, y no conforme con eso, los empleadores hacen una revisión por computadora a ver qué manchas salen de su vida.

"Ni que los gringos fueran tan santos", dirá usted. Pero precisamente es por eso: Acá se dan golpes de pecho al revisar los antecedentes de todo mundo.Por ello es un pecado más que mortal tener aunque sea el mínimo antecedente criminal. Y a veces se pasan de exagerados.

Prometedoras carreras de políticos y funcionarios excelentes se han ido por el caño cuando a algún reportero emprendedor se le ocurrió revisar los archivos policiacos, y encontró algún "pecadillo", así sea de faldas (o de pantalones).

No importa que el interfecto se haya "enmendado", o que "haya encontrado a Dios". Para nada. El hecho de tener antecedentes penales lo marca a uno de por vida, en esta sociedad creada (y las más de las veces manejada) por puritanos.

Algunos de esos puritanos, hay que decirlo, también tienen esqueletos en el clóset, y bastantes. Pero su mérito es haberlos escondido demasiado bien. Por lo menos hasta que llegue algún reportero (o enemigo político, que a veces son lo mismo) más "picudo" que él y le desentierre los huesos y los exhiba en la plaza mayor del pueblo.

Hoy en día, con tantas computadoras y sistemas de control, lo tienen a uno bien checadito. Y sus devastadores alcances no sólo afectan a funcionarios o políticos en campaña, sino a gente común y corriente, que también sufre en carne propia los estragos de esos "pecadillos", aún al tratar de realizar tareas simples, como viajar.

No han sido pocos los casos de personas (muchos de ellos ciudadanos americanos) detenidas en aeropuertos o en la frontera, porque la computadora lo señala con antecedentes criminales, aún menores.

Si usted fue culpable (sin importar que ya haya cumplido su condena con creces) espere a pasar varias horas en un cuartito, rodeado de agentes malencarados y con pistolas revisando hasta el último calcetín de su maleta, explicándoles con santo y seña su vida. Si tiene suerte, lo dejarán ir. Si no, ahí tendrá que pasar la noche, hasta que "se aclare" que usted no es "un riesgo para la seguridad del país".

Lo peor es que esto también le ocurre con bastante frecuencia a personas inocentes, cuyo único crimen es llamarse igual que algún delincuente. Para estas pobres personas el trauma es peor, por no deberla.

Esta paranoia ha llegado a niveles ridículos, como el triste caso de un inmigrante legal, con muchos años de vivir honradamente en Estados Unidos y quien pensaba hacerse ciudadano pronto.

El tipo iba por la calle un día y le dieron ganas de ir al baño. Como no habían baños cerca, o ya le andaba, se le hizo fácil desalojar su vejiga en un solar baldío.

El problema es que alguien lo vio, y llamó a la policía, que lo detuvo por "exhibición indecente". Lo grave es que este delito está tipificado como "de baja calidad moral", y es uno de los requerimientos para... la deportación.

Allá fue a dar el pobre hombre, en grilletes, al centro de detención del Servicio de Inmigración, como "delincuente indeseable". A las pocas semanas ya estaba de nuevo en su país de origen, deportado, sin un centavo, y con una prohibición de por vida por regresar a Estados Unidos, donde había dejado casa, familia, trabajo y toda una vida.

Y no, contra lo que usted crea, acá no siempre se puede "arreglar" el asunto con una "corta feria", como se acostumbra al sur de la frontera. No porque en Estados Unidos no haya corrupción, o porque los policías o jueces sean 100 por ciento derechos. La diferencia es que acá los jueces, abogados, fiscales y policías prefieren mil veces las flores y alabanzas por detener criminales (en especial un criminal que intentó sobornarlos), que recibir 20 dólares por hacerse de la "vista gorda". El verse ante el público como oficiales celosos de su deber les resulta más redituable a la larga, que recibir una simple "mordida".

Por supuesto, en Estados Unidos también existen delincuentes que pasan media vida saliendo y entrando de la cárcel y como si nada. Siguen tan campantes con su vida gangsteril. Pero ellos están perfectamente conscientes que deben vivir fuera del sistema, porque ante los ojos de éste, siempre serán criminales, o sea ciudadanos de segunda. No creo que a la mayoría de nosotros nos apetezca mucho esa vida.

Lo dicho: Los pecadillos en Estados Unidos son losas de concreto que lo seguirán a usted para toda la vida, le guste o no.

¡Quién fuera un Héctor viviendo en México! (www.cesarfernando.com)

Tuesday, June 30, 2009

No se puede tener democracia a medias

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Ningún golpe de estado se justifica, sea de derecha o de izquierda.

En el caso de Honduras, si se quería derrocar al presidente Manuel Zelaya, el Congreso y la Corte de Justicia debieron haber convocado a nuevas elecciones.

El problema es que Zelaya quería reelegirse. Y siguió el ejemplo de Hugo Chávez para cambiar la constitución con un referendo que se sacó de la manga.

No se puede ser demócrata a medias. La democracia incluye el voto de la mayoría, cierto, pero también establece que todos los partidos deben respetar una serie de reglas establecidas con anterioridad. No se pueden cambiar las reglas a mitad del camino por gusto del presidente.

Es como el futbol: No se puede tener un juego serio si el equipo perdedor cambia las reglas al medio tiempo, o cuando acabó el juego. O se aguanta, o se espera a cambiar las reglas para el próximo partido.

Los dictadores latinoamericanos de izquierda y de derecha, como Hugo Chávez de Venezuela y Álvaro Uribe de Colombia, quieren seguir aferrados al poder. Y usan la excusa democrática de unas “elecciones”, dizque porque “el pueblo se los pidió”.

Cierto, el voto de la mayoría es un requisito de la verdadera democracia. Pero también lo es la alternancia presidencial, y el respeto a la decisión del Congreso.

No se puede tener una democracia real si el presidente sólo acepta las reglas que le convienen, y desecha las que no.

Eso parecerá democracia, pero no lo es. Aunque lo canten a los cuatro vientos.

Eso fue precisamente lo que hacían Hitler y Mussolini. (www.cesarfernando.com)

Sunday, June 21, 2009

Los "Hombres Locos" de Estados Unidos

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


FORT MYERS, Florida -- Confieso que, en cuestión de series de TV, me quedé en tiempos de Starsky y Hutch y Columbo.

Por eso, un día decidí "ponerme al día" sobre lo último que se ha hecho en la televisión de Estados Unidos.

Y como me duele el codo para rentar o comprar DVD's, aproveché que en el cable estaban dando (¡y gratis!) los episodios de la primera temporada de una de las series más aclamadas y famosas de los últimos años, Mad Men.

La serie, del canal AMC, me encantó. Y cómo no, si es una telenovela.

(Por cierto, si usted se pregunta cuál es el secreto de las grandes obras de la literatura y del cine, es simplemente eso: Todas son telenovelas. Nomás que no lo dicen. Comenzando con Los Miserables de Víctor Hugo, y pasando con Lo que el viento se llevó, todas podrían haber sido obras de Corín Tellado si hubieran sido escritas actualmente. Si actualizamos los protagonistas, y las fechas, el resultado es un "culebrón" de esos de Televisa que no aguantamos en horario estelar.)

Mad Men se traduce más o menos como "Hombres Locos" u "Hombres Desquiciados", pero no tiene nada qué ver con eso. Así se autonombraban los ejecutivos de las agencias de publicidad con sede en la Avenida Madison de Nueva York... Madison Avenue Men, o Mad Men.

La serie está ambientada precisamente en una agencia de publicidad neoyorquina de principios de la década de 1960. Y trata de las tragedias, intrigas y conflictos de sus personajes.

El decorado, la ambientación, el guión y las actuaciones lo envuelven a uno. Con razón han acaparado premios Emmy.

Pero lo que me fascina (y creo que es buena causa del éxito de la serie) es su crítica despiadada a la cultura norteamericana de aquella época. Es una crítica indirecta y fina, muy inteligente.

El mayor mérito de los escritores, directores y actores es, creo yo, que no están inventando el hilo negro: Simplemente recrean la manera de pensar, opinar y actuar de la gente “normal”, de un americano típico de hace 50 años. Y allí radica la fuerza de Mad Men.

Lo que hoy en día nos choca y nos causa un infarto (literalmente) era visto entonces como algo normal y hasta “cool” en aquella época. Y no fue hace mucho: Bastantes de nosotros ya estábamos vivos en aquellos años.

Así, el espectador se mete en un mundo totalmente ajeno al actual, que bien pudiera ser otro planeta. Un Estados Unidos donde todo mundo fuma como locomotora hasta en los hospitales, donde todo mundo toma alcohol a todas horas como si fuera agua Evian... y como si nada.

Vemos escenas de hombres, mujeres, parejas elegantes y educadas... que fuman y beben hasta en el baño. Hasta las mujeres protagonizan las escenas más espantosas, fumando y bebiendo como cosacos aún enfrente de sus hijos (envenenándolos con humo de segunda mano durante el desayuno). Incluso vemos escenas de mujeres embarazadas "echándose un pitillo" y empinando el codo con las amigas.

Vaya, hasta a los niños pequeños les permiten jugar con bolsas de plástico... ¡poniéndoselas en la cabeza!

Y no son familias de la peor calaña, al contrario: Todos son gente "bien", "gente nice", que se preocupan por su familia, por sus hijos, por ellas mismas.

¿Cómo reaccionar en un mundo donde hasta el médico realiza exámenes físicos a sus pacientes fumando como tahúr?

Pero las escenas más irónicas son cuando escuchamos a los personajes hablar: Hacen comentarios racistas, clasistas y sexistas, como si fuera lo más natural del mundo, abiertamente, sin tapujos, en plena calle, en las oficinas, en los restaurantes. Se burlan y desprecian a negros, judíos, asiáticos, hispanos.

Los ejecutivos de la agencia de publicidad no tienen ningún empacho en tratar a las secretarias a nalgadas y pellizcos, y manosearlas o violarlas en las oficinas.

¿Demandas por acoso sexual? ¿Qué es eso?

Pero fuera del valor de entretenimiento y estético de Mad Men, me hizo pensar algo más profundo...Porque es, ni más ni menos, que una bofetada a los extremistas políticos de ambos lados, de derecha e izquierda.

Ese Estados Unidos --sexista, clasista, racista, donde los hombres se morían a los 60 años de un infarto o de cáncer sin saber porqué, y donde las mujeres eran sometidas como un objeto--, es el país que tanto añoran los ultraderechistas que recuerdan con nostalgia su niñez y juventud.

Ese Estados Unidos es el que los extremistas del Partido Republicano, los Minutemen, los Lou Dobbs, los Sean Hannity, los Pat Buchanan y los Tom Tancredo añoran como "los buenos tiempos idos", y tratan de volver a ellos.

Un país donde a las mujeres les pedían que usaran "faldas arriba de la rodilla" para "agasajar la mirada" de sus compañeros de trabajo varones. Y la que no cumplía era enviada "a la congeladora".

Un país donde los ejecutivos se enojan con dueñas de tiendas de departamentos, furiosos porque "no iban a permitir que una mujer les hable así".

Un país donde los que dominaban todo eran hombres anglosajones y protestantes, y donde los inmigrantes eran ciudadanos de quinta clase.

Un país donde nadie sabía o creía que el cigarrillo causara cáncer, ni que beber siete vasos de whisky diarios causara cirrosis hepática a la larga, y donde hacer ejercicio, beber agua y comer sano era visto como cosas de "afeminados".

Un país donde los mismos homosexuales tenían que aparentar ser mujeriegos, por temor a que sus preferencias sexuales les costaran el trabajo.

Pero al mismo tiempo, Mad Men también da una lección a los extremistas de ultraizquierda, que acusan al Estados Unidos de hoy en día de todos los males habidos y por haber... sobre todo de ser racistas, clasistas y sexistas.

Mad Men nos demuestra que, a pesar de sus defectos, Estados Unidos sí ha avanzado, aunque sea un poco, en ser una sociedad más justa y equilibrada. Por lo menos un poco más que en 1960.

Hoy en día, esas actitudes típicas de Mad Men, que en aquél entonces era vistas como “normales” y hasta “graciosas”, causarían demandas multimillonarias, quiebras, escarnio público y hasta cárcel a los responsables.

Intente discriminar o llamar "negrito", "nenorra" o "marica" a compañeros de trabajo en Estados Unidos y verá como le cae encima demandas por discriminación u hostigamiento... eso si antes no lo corren de la chamba.

Por supuesto, hay mucha gente que aún lo hace hoy en día, pero me gusta pensar que son minoría, remanentes mal digeridos, que no entienden que ya hubo una lucha por los derechos civiles. Cada vez que leemos una historia de algún personaje sacado de Mad Men, casi siempre la noticia se complementa con demandas públicas, destituciones y hasta juicios.

En cambio, esas actitudes de Mad Men, que en Estados Unidos eran "normales" hace 50 años, aún siguen vigentes, vivitas y coleando en muchos países latinoamericanos. Y como si nada.

Estados Unidos siempre ha sido un país con enormes defectos. Y siempre lo seguirá siendo. Pero al menos, creo que el mayor mérito de su sociedad es que ha logrado darse cuenta de que esos defectos existen, y que hay gente (a la que al principio siempre tachan de locos) que se encarga de hacer algo para erradicarlos, aunque les tome años hacer la diferencia.

No importa. Basta ver un capítulo de una serie de TV para notar esa enorme diferencia.

Aunque, sinceramente, yo me sigo quedando con Starsky y Hutch...(www.cesarfernando.com)

Monday, June 15, 2009

"Reloj, no marques las horas..."

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

El primer reloj que tuve me lo regalaron mis papás cuando cumplí creo que 12 años. Fue en aquel lejano 1980.

Lo recuerdo muy bien: Era de Mickey Mouse, de esos en que las manecillas eran los brazos del ratón. Y me encantaba. No me quitaba ese relojito ni para dormir.

Recuerdo que era azul cielo. Lo que más me intrigaba del reloj, es que en el extensible tenía agujeros en forma de corazón.

(Muchos años después caí en cuenta que era un reloj... ¡de niña! Y que el azul "cielo" no era tal, sino color aqua. De la confusión pasé a la ira, luego a la aceptación y más tarde a la burla, casi casi como las etapas de una relación sentimental rota. Hoy en día, casi 30 años después, completé la etapa del perdón. Y es que, ya con hijos, me puse en el lugar de mis padres... ¿Cómo diablos iba alguien a conseguir un reloj de Mickey Mouse --bueno, bonito y barato-- en el Tampico de aquel 1980? De milagro encontraron uno, y estoy casi seguro que fue por encargo de algún "fayuquero" o contrabandista. Solo la gente "bien" se podía dar el lujo de pasar "al otro lado" y comprar lo que le viniera en gana. Nosotros, no.)

Después, tuve muchos relojes. Muchos. La mayoría me los regalaron. Más bien casi todos. Me encantaban los relojes, sobre todo los de color negro, redondos y planos, sin números ni rayitas que señalaran la hora.

Me alegré al saber que mi buen gusto era compartido por la carísima marca suiza Movado. Todo mundo me preguntaba si mi Timex de 100 pesos era un Movado.

Hoy en día, no sé dónde quedaron todos esos relojes. Sólo tengo dos "falsos" Movados arrumbados en alguna caja, después de que se les agotaron las baterías. Nunca me di tiempo para ir a cambiarlas, y cuando fui con un relojero indio de un mall de Florida, hace como 2 años, la batería se agotó a la semana. Pero nunca regresé a reclamarle al relojero.

A pesar de mi obsesión relojera, me di cuenta de una triste realidad: Ya no necesito usar reloj.

Cuando quiero saber la hora, le echo un vistazo a la esquinita inferior derecha de mi computadora, y me la dice claramente: Llueve truene o relampaguee.

Y como la mayor parte de mi vida adulta la paso frente a una computadora, voltear a ver a esa esquinita no es problema para mí. Trabajo con computadoras. Y si no lo hago, no como. Y ya me acostumbré a comer, desafortunadamente.

Si en cambio, no estoy ante la computadora, o estoy viendo la televisión, no hay problema: La videograbadora tiene reloj. El DVD player tiene reloj. Y hasta la caja de control de la televisión por cable me dice la hora.

Si voy manejando en la calle, no hay problema tampoco: Mi radio tiene un reloj electrónico. Y lo mismo ocurre en autobuses, y hasta en tiendas.

Hasta cuando cocino sé qué hora es, porque el horno de microondas tiene sus numeritos electrónicos que mudos me orientan en el tiempo.

(¡Vaya, si ahora refrigeradores y hasta estufas traen reloj incluído!)

Por supuesto, a propósito he dejado hasta el final al sospechoso principal de la muerte de los relojes de pulso: el teléfono celular. Cuando no estamos ante la computadora, ni manejando, ni siquiera cocinando, siempre podemos echar la mano a la bolsa, y sacar el telefonito que marca eternamente la hora, donde quiera que uno esté (siempre que usted esté en área de cobertura, claro. Y que le haya cargado la batería la noche anterior. Y que no lo haya dejado olvidado en Dios sabe dónde).

Eso para no mencionar los iPhones, los iPods y los mp3 players.

Hay una enorme ventaja con los celulares: Uno no tiene que darles cuerda. Uno no tiene que "ponerlos a tiempo". Vaya, a veces hasta los tiramos, los mojamos, los perdemos, y simplemente compramos otro al día siguente. Lo que no pasaba con los relojes de pulso.

Los relojes de pulso reemplazaron a los relojes de bolsillo, de esos redondos que los bisabuelos sacaban de su saco, sujetos con una cadena, y los abrían para ver la hora.

Cuando se inventó el reloj de pulsera, la gente los recibió con los brazos (o las muñecas) abiertas. Porque, ¿quién demonios iba a querer perder tiempo para meter la mano al bolsillo y sacar un reloj, que además tenía que abrir de su cubierta? Muy anticuado y lento. Con el reloj de pulsera era sólo cosa de echar un vistazo rápido a la muñeca (de la mano, aunque si usted tenía otra muñeca cerca a la cual echar un vistazo, adelante). Dicen que los relojes de pulsera los inventó un piloto de aviones, por su comodidad y seguridad de no tener que soltar los controles para ver la hora.

Ahora, irónicamente, esos rápidos y cómodos relojes de pulsera o de pulso están siendo reemplazados por teléfonos celulares... que para ver la hora uno tiene que sacar del bolsillo ...¡y hasta abrir una cubierta protectora! Igualito que los relojes del abuelo.

(Bueno, más bien peor, porque los celulares no tienen las cadenas de seguridad que impedían que se cayeran los relojes de mano. Más de un celular ha marcado su último segundo de vida útil en el pavimento.)

Supongo que usted estará de acuerdo conmigo. ¿O usted sigue usando reloj? Si es así, felicidades: Es usted una especie en extinción.

Según un artículo del periódico Wall Street Journal, en 2005 las ventas de los relojes de pulsera se fueron en picadam más del 10 por ciento, afectando marcas como Fossil y hasta los venerables relojes suizos.

Curiosamente, una rápida búsqueda a Ebay.com y Amazon.com me hizo caer en cuenta que todavía se venden... ¡relojes de Mickey Mouse!

Pero éstos no son los relojitos que se regalaban a los niños de 1980, para nada. Son muy modernos, muy a la moda, para niños, niñas y hasta para adultos. La versión de hombres (que parece hecho por la mismísima Movado) cuesta la módica cantidad de 29 dólares. Supongo que, en comparación, es mucho más barato de lo que mis papás pagaron por aquél relojito que me regalaron en 1980 (y que era de niña, por cierto).

Me alegré. Por lo menos, una parte de mi pasado, y de mi niñez, seguía viva para las siguientes generaciones (si es que les importa).

Pero luego se me ocurrió hacer otra búsqueda. Tecleé en Ebay.com y Amazon.com las palabras "Mickey Mouse Cell Phone"... Y ¡voilá! Como por arte de magia salieron montones de teléfonos celulares del Ratón Miguel, de todos colores, formas y sabores.

Vaya, había hasta un iPhone.

¿El precio? El más barato costaba... 9 dólares.

Y claro, con reloj digital incluído.

Ni modo, ratoncito... Eso es "progreso". (www.cesarfernando.com)

Monday, June 08, 2009

"Graduation Day" con acento hispano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Me ha tocado ir a cubrir varios de estos eventos en los últimos días. Eventos donde los aplausos y las porras electrizan las gradas.

Las familias gritan, aplauden silban, y lloran de alegría. Y cuando un nombre se menciona, una esquina del auditorio siempre estalla en júbilo, y hasta bailan cartelones al ritmo de "la ola", como si el equipo local hubiera anotado un gol de campeonato.

Lo que, en cierto sentido, así es.

No, no me refiero a juegos mundialistas de futbol. No, estos espectáculos a los que me refiero son mucho más emotivos e importantes que simples partidos de futbol.

Me refiero a las graduaciones escolares en Estados Unidos.

A últimas fechas, me ha tocado reportear muchas historias de dolor, crisis y depresión.

La recesión, el desempleo, la incertidumbre no dan para más. Sobre todo entre los inmigrantes en EstadosUnidos.

Por eso me gusta cubrir historias de escuelas: El enfoque no es sobre el presente, ni siquiera sobre el pasado: sino hacia el futuro.

Aquí el tema no es crisis ni depresión, sino planes, proyectos. Esperanzas, pues.

Hoy más que nunca, he visto vi esas ilusiones reflejadas, cuando me tocó cubrir las graduaciones de las "high schools" de este rincón de Florida. Los famosos "Graduation Days".

Al entrar a los auditorios, uno siente una vibra distinta, positiva. Las familias llegan ataviadas con sus mejores ropas, o si no las tienen, al menos con sus mejores espíritus. Eso basta y sobra.

Llegan familias ricas, y pobres; elegantes y humildes. Muchos anglosajones, pero también muchas familias de raza negra. E hispanas. Son éstos últimos los que abarrotan las gradas, con hermanos, hermanas, padres, madres, tíos, sobrinos, y hasta abuelos.

Todos sonrientes, muchos con las miradas enternecidas con las lágrimas.

Los maestros arriban, ataviados con sus sobrias togas y birretes negros.

Y luego, aparecen las estrellas principales del evento: Vestidos de togas brillantes y alegres, decenas, cientos de chicos y chicas radiantes, en su mejor momento.

La pasarela multicolor amerita a que toda la familia se levante de sus asientos. Muchos de estos padres y madres son inmigrantes con apenas educación primaria en México, Centro y Sudamérica. Pero tienen el orgullo de ver a sus hijos graduarse de una escuela que al principio les pareció extraña, en un idioma que les era totalmente ajeno, pero que al final hicieron suyo.

Después de los consabidos discursos, llega el momento cumbre: La entrega de diplomas. Cada nombre es mencionado fuerte y claro, y cuando el niño o la niña aparece, es el acabóse para toda una generación de padres, abuelos y tíos que les antecedió.

Y los nombres que se mencionan, por Dios... Muchos Brown, muchos Smith, muchos Jones, cierto. Pero los Rodríguez, los Pérez, o los Martínez son igual de numerosos o hasta más en ciertas escuelas.

No importa que suenen gracioso cuando el maestro de ceremonias los nombra: "Uaaan Perrrés... Pedrrro Doumingüés... Maerría Vascués..." Las porras y los coros de alegría de la familia compensan con creces la mala (o quizá no sea mala, sino nueva) pronunciación.

Hasta ahora, he visto dos o tres graduaciones donde algunos de los graduados Summa Cum Laude, los alumnos con las más altas calificaciones, llevaban esos apellidos. Y a ellos --no a los Brown, los Smith o los Jones-- les tocó el honor de dar el discurso de graduación de sus compañeros, la Clase del 2009.

Mucha gente en México me pregunta porqué en Estados Unidos se hace tanta alharaca con las graduaciones de las "High School", si en nuestros países es simple y sencillamente un ciclo más. Pero en América Latina, por fortuna, casi todo mundo puede estudiar universidad. En Estados Unidos, esto es un lujo. Si bien no un lujo económico, sí un lujo de tiempo y esfuerzo.

Por eso, el "Graduation Day" simbolizaba antes el final de la vida escolar para el 90 por ciento de los niños, lo que seguía era buscar trabajo.

Hoy, felizmente, no es el caso ya. Para muchos de estos niños la historia continuará el próximo año, pero en las universidades. Quizá no Harvard, o Yale. Quizá ingresen sólo al Community College barato, del gobierno. O algunos se enlistarán en el ejército, y otros se irán a escuelas técnicas. Y sí, algunos más sí irán a Harvard o Yale. Pero lo importante es que seguirán avanzando.

Y dentro de 4 ó 10 años, seguramente en las graduaciones universitarias esos apellidos Brown, Smith o Jones sonarán igual de fuerte que los "Roudrrigüés", los "Perrrés" o los "Vascués".

Pero los gritos y porras desde los padres en las gradas sonarán aún más fuerte. Y en español. (www.cesarfernando.com)

Monday, June 01, 2009

Los traumas que usted ni se imagina al emigrar a Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- La gente que emigramos por vez primera a Estados Unidos, lo hacemos sin tener una idea clara sobre qué esperar al llegar,

Bueno, más bien sí tenemos una idea clara, pero las más de las veces no se acerca siquiera a la realidad.

Por principio, sabemos que venimos a trabajar, quizá más duro que en nuestros países. Ah, y claro, a ganar en dólares, ¿no es lo que uno busca?

Porque sabemos que "de este lado", sí se reconoce el esfuerzo y la dedicación. Y el que trabaja duro, no sólo termina con la espalda partida, sino con la espalda partida y rico.

O al menos esa es la idea que tenemos.

Y es verdad. Pero no es toda la historia.

Si realmente usted quiere saber qué le espera como inmigrante en Estados Unidos ("mojado" o "seco") tendrá que pensar en vivir experiencias que seguramente ahora ni se imagina.

Por principio, algo que todos los inmigrantes vivimos al llegar aquí es a ser... mudos. Y sordos.

Bueno, no precisamente sordomudos "reales". Pero casi.

O sea, al llegar aquí, uno debe comenzar a acostumbrarse a no entender nada de lo que le dicen los gringos. Que, a fin de cuentas, es casi casi como ser sordomudos.

No importa que usted haya "estudiado" inglés toda su vida, y se sienta perfectamente pertrechado: "Estudiar" no siempre es lo mismo que "aprender".

Y espere estar allí, con la mirada en blanco mientras alguien lo ametralla con montones de frases que suenan a checoslovaco... aunque en teoría es el familiar "inglés" que siempre hemos escuchado en las películas de Hollywood.

¿Porqué diablos los gringos no hablan en la vida real como en las películas? ¿Porqué no hablan con el acento clarito y limpio de la Miss del Colegio Inglés?, se preguntará usted frustrado una y otra vez.

Por supuesto, esto no va a ser siempre. Si usted se esfuerza y le echa ganas, después de algunos años va a duplicar su entendimiento del inglés.

(O sea, de entender nada, comenzará a entender la mitad de lo que le digan. Lo cual va a ser el doble de avance.)

Otra novedad que puede esperar: No va a saber manejar. Va a ser como cuando comenzó a aprender de nuevo, sobre todo si tiene que pasar el famoso examen de manejo.

Claro, usted sabe que maneja, pero cuando le ponen tantas reglas, tantos policías escondidos tras los árboles, tantas cámaras en los semáforos, y tantos radares detectores de correlones, entonces uno como que se engarrota... y se le olvida lo cafre que era en su país de origen.

Tampoco va a saber realizar una de las tareas más simples, como es ordenar en un restaurante, algo que seguramente tenía totalmente dominado en su país de origen.

Y de nuevo: Aunque haya "aprendido" inglés, dudo que en la Academia del Colegio Inglés le enseñen que los huevos revueltos se piden "scrambled", o que los volteados se llaman "over easy".

Y va a ver estrellas cuando la mesera le pregunte, toda sonrisas, si quiere un "side". Cuando le logre entender, le va a disparar otra pregunta: Qué tipo de "side", "mashed potatoes", "colesaw", "corn", o "spinach".

Y cuando por fin usted logre descifrar lo que le preguntó, y consiga murmurar la respuesta, prepárese porque después le va a preguntar cómo quiere su pan: "toast", "french", "simple", or "medium".

Cuando ya esté usted en el suelo, totalmente noqueado y maldiciendo a la Miss del Colegio Inglés, la chica seguirá con su libretita tan campante, preguntándole ahora si quiere su pan "wheat", "whole", "rye", o "mixed".

Para rematar, si está usted en un restaurante de comida rápida, espere que le den el tiro de gracia: "For here, or to go?"

Y si cree que estas escenas son traumáticas, espere a que tenga que responder o hacer una llamada por teléfono. El trauma le durará años. Y quizá nunca se recupere.

Otro trauma: Cuando tenga que ir a una oficina de gobierno o a un banco, y explicar (o entender) algo. Sobre todo si intenta descifrar el acento del empleado de origen hindú, por el altavoz del autobanco.

Y si piensa que va a batallar por entender a los americanos, espere a ver la cara que le van a poner cuando sean ellos los que traten de entenderle a usted. Algunos lo van a ver como retardado mental.

Por mucho que le duela esa situación, será comprensible. Usted es extranjero en tierra ajena, adaptándose a una cultura y una lengua extraña.

Por eso, la frustración será mucho peor cuando tenga un jefe que lo trata con la punta del pie... siendo "paisano".

Sobre todo cuando se dé cuenta de que usted, con dos doctorados y tres maestrías, tiene que recibir órdenes de un jefe no ha terminado ni la primaria.

Se va a tener que olvidar de las reuniones familiares o "salir con los cuates" cada fin de semana, porque llegará muerto del trabajo a comer, descansar... y a salir corriendo de nuevo a la otra chamba.

Eso, si bien le va, porque tendrá trabajo. Si le va mal, ni a eso llegará.

Es cierto lo que dicen: A todo se acostumbra uno menos a no comer. El problema es el proceso intermedio entre el shock y el acostumbrarse. Y a veces tardamos años para aceptarlo.

Pero no me crea a mí. Sólo le estoy diciendo una parte de las sorpresitas que este país le tiene guardadas a los inmigrantes.

El resto ni usted ni yo nos las imaginamos. Y generalmente ésas son las sorpresitas más traumáticas. (www.cesarfernando.com)

Saturday, May 23, 2009

¡Ah, pa' nombrecitos!

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- ¿Qué tienen en común Zappip con Zapata? ¿O con Sacato?

Para mí, nada, pero para más de un gringo por aquí, suenan igual.

O al menos, así es como me han "rebautizado" más de una vez, desde que vivo en Estados Unidos.

Mi apellido me lo han escrito de todas las maneras posibles (y a veces hasta algunas imposibles).

Me han dicho Zapato (lo cual es más que obvio), pero también Zapapta, Zacate, Sapate, y --el colmo-- hasta Zapote.

Bueno, la bronca llegó a tal grado, que hasta un compañero de trabajo que notó el problema, me miró y me dijo: "Oye, ¿y porqué no te cambias el apellido y lo haces 'gringo'?"

Opciones que me sugirió: Shoe, Shoemaker o Shoeman... Que serían los equivalentes de "Zapato" o "Zapatero" en inglés.

Y eso que mi apellido es relativamente fácil, sólo tres sílabas, seis letras, ningún acento ni ñ, ni diéresis ni nada.

No me quiero ni imaginar lo que hubiera pasado si hubiera heredado algún apellido vasco, como Zabalbeaskoa, Echázarreta, o Belausteguigoitia. Seguro ya me lo habrían "americanizado" a algo así como Zabal, Echa o Belaus.

(Otros que sufren las de Caín en este país son los descendientes de polacos, con apellidos como Wojciechowicz, Czerwinski, o los de la India, como Mukopadhyay, Balasubramanian.)

Aún así, no me salvo de seguir el ritual típico de toda persona que se presenta en este país: deletrear sus nombres. Como si estuviéramos actuando en un capítulo de Plaza Sésamo.

Así pues, si usted me escuchara presentarme, escucharía algo así:

"Hello, my name is Fernando Zapata, Dzi-Ei-Pi-Ei-Ti..." (Hola, mi nombre es Fernando Zapata, Zeta-A-Pe-A-Te-A).

Esa es la versión corta, la que uso cuando ando apurado. Cuando tengo tiempo, o de plano cuando veo que la gente me ve con cara de "What?", entonces recurro a la versión larga:

"Hello, my name is Fernando Zapata, Dzi as Zebra, Ei as Andrew, Pi as Paul, Ei as Andrew, Ti as Thomas, Ei as Andrew."

¿Ha escuchado usted en las películas cómo los militares de Estados Unidos deletrean, usando códigos como Alfa, Bravo, Charlie, Delta? Bueno, pues es algo similar.

Me gusta más. Pero supongo que sonaría bastante Rambo deletrear: "Zulu-Alfa-Papa-Alfa-Tango-Alfa".

(Mi único consuelo es que nunca he tenido problema con mi nombre de pila. Será porque acá están acostumbrados a escuchar la canción de Abba, o han oído que existe San Fernando, California. Eso sí, debo pronunciarlo como ellos: "Fergnandou".)

Sé que todo este asunto de los nombres suena ridículamente complicado. Quizá porque de verdad lo es. Para nosotros los latinoamericanos, es algo extrañísimo, porque nunca nos hemos enfrentado a tal problema. Al menos, la inmensa mayoría de nosotros nos apellidamos Pérez, Hernández, García o González, y nadie anda preguntando cómo se escriben.

Claro, aquellos latinoamericanos con apellidos "raros" siempre sufren, y tienen que andar deletreando. Como los Perea, a los que nunca les faltará algún burócrata que los registre como Pérez, o los mismos descendientes de vascos.

Pero esas son excepciones. En Estados Unidos, esas excepciones son la regla. Todo mundo debe deletrear su apellido aquí.

Lo cual no es raro si se toma en cuenta el montón de apellidos de todas partes del mundo que llegaron a este país. Muchos de ellos se escriben originalmente con alfabetos totalmente distintos, y algunos que se escriben hasta sin alfabeto, como los nombres de origen chino.

La mayoría conservan su ortogragfía... pero respetando la pronunciación de sus países de origen. De allí las confusiones. Y de allí la necesidad de deletrearlos.

Pero también ocurre lo contrario: No faltan las familias "moderrrnas" que se les ocurre ponerles cada nombre extrañísimo a sus vástagos, sobre todo entre la gente de raza negra.

Y allí me tiene usted, poniendo mi cara de "What?" cuando alguien se me presenta diciéndome nombres como Shawndriell, Khryssa, Wakeisha, Shesheika, Deshawna, o K'Brianey o vaya usted a saber cuál otro más.

Esos nombres suenan como grito de guerra. Y guerra es precisamente la que nos dan para escribirlos bien.

Como decía el "Rey del Humorismo Blanco", el inmortal comediante don Gaspar Henaine, "Capulina":

"¡Ah, pa' nombrecito! (www.cesarfernando.com)

Tuesday, May 12, 2009

¿A dónde se fueron los verdaderos "amigos" de México?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Confieso que durante mi (rebelde) juventud, tuve ideas bolivarianas, aún antes de que Hugo Chávez se las apropiara.

Soñaba un día en un futuro (ojalá no muy lejano) en el que América Latina estuviera unida en una confederación. O que se convirtiera en un país lo suficientemente grande para hacer contrapeso a Estados Unidos y la Unión Soviética.

No, Europa no "sonaba" por aquellos años. China menos. Estamos hablando de 1984-1985.

En mis ansias panamericanas, hasta un escudo y una bandera inventé: La cabeza de un pegaso blanco de frente, con las alas extendidas hacia arriba en semicírculo, sobre un fondo azul cielo.

(Viéndolo en retrospectiva, sospecho que mis ansias eran más artísticas que políticas, pero en fin.)

La lógica detrás de mi idea panamericanista era avasalladora: A nosotros, latinoamericanos, nos unen más cosas que las que nos separan. Con sólo el idioma, la religión y costumbres similares, ya podemos hablar si no de un país, sí de una nación perfectamente bien definida.

Aún hoy en día subconscientemente los latinoamericanos pensamos igual. ¿No consideramos a cualquier latinoamericano "nuestra gente"? ¿No decimos "nuestros países" para referirnos a cualquier estado al sur del río Bravo?

Por eso, a mis tiernos 16 años, yo estaba más que seguro que un día Latam (como había nombrado a mi confederación futura, siguiendo la moda de George Orwell) iba a ser una realidad, y entonces sí, ¡agárrense gringos y rusos!

Pero, ¡oh decepción!, pasaron los años y no hubo tal. Claro, en cuanta reunión "panamericana" se juntaban los presidentes para la foto y comer de gorra, siempre se hablaba, se comentaba, se discutía la posibilidad de una unión... Y quedaba en nada.

Cuál no fue mi sorpresa en 1990 cuando el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari rescató la idea de un bloque internacional... ¡pero con los gringos!

Fue el mentado TLC, o NAFTA.

Al principio confieso que la idea me pareció horrenda. No, no podía ser, me decía. ¿Qué diablos tenemos los mexicanos en común con los gringos, como para unirnos? Salinas está mal. La unión debe ser con Brasilia, Santiago y Bogotá, no con Los Ángeles, Dallas y Chicago.

Después, ya acostumbrado a la idea me di cuenta que la intención del TLC no era cultural ni política, sino económica. Lo comprendí, pero aún así, no lo aprobé.

"Los mexicanos nunca vamos a ser tan unidos con los gringos como con 'nuestros hermanos', 'nuestra gente', 'nuestro países' latinoamericanos", me insistía.

Avanzamos el cassette unos años. Más reuniones de presidentes latinoamericanos vinieron y se fueron. Más fotos. Más promesas de unión latinoamericana.

¿Y qué pasó? Hoy en día, con el escándalo de la influenza porcina, de pronto casi todos los países latinoamericanos (¡"Nuestra Gente", "Nuestros Países", por Dios!) ven a los mexicanos como apestados.

Argentina, Uruguay, Perú, y hasta Cuba ahora rechazan recibir aviones mexicanos, por temor al "contagio". Tampoco se permite la salida de vuelos a México desde esos países.

Bueno, claro que comprendo la alarma. Cualquier gripe es peligrosa, sobre todo en países pobres, como "los nuestros". Una sola muerte es trágica. Y la prensa alarmista tampoco ayuda mucho que digamos.

Pero, ¿porqué sólo tomar medidas contra México? ¿Porqué sólo prohibir aviones mexicanos? La gripe también pegó en Estados Unidos, y no veo que ninguno de esos gobiernos "hermanos" haya prohibido aviones gringos.

(Aclaro: Yo no critico a los pueblos ni a la gente de "nuestros países", sino a sus gobiernos. A la "nuestra gente" sigo teniéndole igual aprecio y respeto, o quizá más, tras haber convivido con tantos latinoamericanos en Estados Unidos.)

Supongo que, así como no se prohíben vuelos de American Airlines ni Continental, los vuelos diarios siguen saliendo como si nada desde Buenos Aires, Montevideo y Lima rumbo a Miami, Los Angeles y Nueva York, haya o no influenza en Estados Unidos.

¿No tendrán miedo los uruguayos, argentinos y peruanos en contagiarse? ¿O son más fuertes las ganas de escaparse de "shopping" a Miami Beach que el temor de agarrar la gripe del cochino?

Claro, claro, dirán que "es que en Estados Unidos no muere tanta gente como en México". Quizá tengan razón.

El problema es que si un gringo llega infectado a un aeropuerto de Uruguay de Perú, no lo van a atender la súper avanzada ciencia médica norteamericana, sino... la ciencia médica uruguaya y peruana. (Que tendrá todos mis merecidos respetos, pero hay que aceptar que con todos sus adelantos, no es la ciencia médica gringa, con lo que el argumento queda invalidado.)

Vaya, hasta jugadores brasileños se han negado a jugar futbol en México por temor al contagio.

Cierto, China y otros países también han cerrado las puertas a vuelos mexicanos, y a los ciudadanos mexicanos los tratan como a leprosos. Pero de esos países se puede esperar todo, porque de ellos nunca esperamos nada.

Y a todo esto, ¿qué reacción tuvio Estados Unidos, quizá el principal y primer país afectado en caso de cualquier gripe o epidemia que ocurra en México?

Nada. Los gringos no cerraron la entrada ni salida a vuelos mexicanos. Al menos todavía.

Su gobierno no nos mete a los mexicanos en camiones rumbo a hospitales, ni nos trata con pincitas. Yo he ido por todos lados diciendo que soy mexicano, y los gringos no me sacan la vuelta, al contrario: Me saludan de mano, me preguntan cómo están las cosas en México, y hasta me platican los grandes recuerdos que tienen de sus pasadas visitas a mi país y cómo ansian volver pronto.

Tras todos estos años viviendo en Estados Unidos, poco a poco me he ido dando cuenta que quizás Carlos Salinas de Gortari (pese a todos sus defectos) tenía algo de razón: son cada vez más las cosas que unen a los mexicanos con los norteamericanos, además de una enorme frontera. Muchas más cosas que eran en 1985.

Estados Unidos y México comparten una historia, costumbres y ahora hasta idiomas y raza y muchas otras coincidencias, y las seguirán compartiendo en el futuro, para bien o para mal. Y esto lo entendió el presidente Obama.

Desafortunada o afortunadamente, es verdad que cada vez los gringos se parecen cada vez más a los mexicanos, que los otros latinoamericanos. Y esto a pesar de los que se oponen a ello, a ambos lados de la frontera.

Bien dicen que a los verdaderos amigos se les conoce en la cárcel y en la enfermedad. (www.cesarfernando)

Wednesday, May 06, 2009

¡Achuuuuu! Esa cochina influenza...

FORT MYERS, Florida-- Supongo que es obligado hablar del tema de moda, la cochina influenza...

Cuando pegó (la noticia, no la epidemia), me encontraba alegremente de viaje desde Florida a Texas, de vacaciones.

Al llegar a Dallas, vi las noticias y me alarmé. No podía esto pasar en mi México.

Pero pasó.

"Bueno", pensé, "al menos estamos aca seguros en Estados Unidos".

Luego, ¡sopas!, un boletín informativo urgente: "El primer caso de influenza (o "flu", como dicen los americanos y no pocos paisanos) se detectó en Estados Unidos.

"Bueno”, volví a pensar. “Estados Unidos es muy grande. No creo que haya sido en una ciudad mayor, quizá sea en un pueblecito aislado, con poca gente donde el virus no pueda multiplicarse”.

Luego, ¡sopas! otro boletín informativo urgente: El infectado estaba en Los Ángeles.

“Bueno”, de nuevo volví a pensar, “Los Ángeles está muy lejos. Aquí en Texas estamos seguros”.

Luego, ¡pácatelas!, otro boletín informativo de súper urgencia: La persona infectada, que vive en Los Ángeles, había visitado Texas.

“Bueno”, seguí de pensativo yo, “pero Texas es muy grande. Es casi ‘como otro país’, ¿no dice así su lema? Aquí en Dallas estamos seguros”.

Luego, ¡sopas! otro boletín informativo (éste sí, de ultra-extrema-urgencia): El infectado, que estaba en Los Ángeles, pero que había visitado Texas, había contraído el virus en.... Dallas.

“Bueno”, me dije de nuevo, insistente yo, “pero yo estoy de vacaciones, no tengo que salir a ningún lado, ni recibir a nadie. Total, me aguanto encerrado una semana, y me regreso como rayo a Fort Myers, Florida, donde estaré seguro de las gripes porcinas de México, de Los Ángeles y de Dallas.

Luego, OTRO boletín informativo. Esto no era superrecontraextraurgente, pero para mí sí que lo fue: Se había detectado la cochina flu en... Fort Myers, Florida.

“Bueno”, me dije al fin, ya sin saber qué más decirme, “creo que ahora sí ya va siendo hora de que me preocupe...”

Tanto en Dallas como en Fort Myers se cerraron escuelas, se cancelaron clases, hubo psicosis y empleados fueron despachados raudos a desinfectar hasta los clips de los salones escolares.

Pasé por un McDonald’s y vi gente haciendo cola hasta rodear el edificio. No, no buscaban comprar “cajitas felices”, sino vacunitas felices contra la cochina flu.

Los periódicos y estaciones locales de TV no paraban de publicar “secciones especiales” tituladas algo así como “¿Está usted seguro del flu?”, lo cual, creo, enfermaban más que el virus.

La flu no es ningún juego de niños. Pero tampoco es nada del otro mundo. Según el Centro de Control de Enfermedades, cada año hay 36 mil muertes relacionadas a la influenza, nomás en Estados Unidos, muchos más que los muertos de las Torres Gemelas.

Y yo no veo “Boletines Especiales” cada año con esos números.

Tampoco me han discriminado por ser mexicano, ni mirado feo, ni me han negado la mano, o metido en cuarentena a la fuerza durante mi viaje a Texas. Si los gringos quisieran poner en cuarentena a todos los mexicanos de Texas y Florida, se quedarían sin medio estado.

Con su permiso:

¡Achuuuuuu!

Wednesday, April 15, 2009

Mucho nopal en la frente... pero habla inglés

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida-- Estaba yo el otro día en la fila de un Taco Bell, esperando comprar una orden de Chicken Quesadillas (sí, "mea culpa"), cuando vi a la muchacha que atendía la caja.

Era bajita, morenita, de rasgos indudablemente indígenas. Del tipo que en México llamamos despectivamente "Marías".

Tendría unos 20-25 años, y era una inmigrante, sin duda. No era nacida en Estados Unidos. No me pregunten cómo lo sé, pero uno agarra una especie de sexto sentido estando en este país por varios años. Se nota la diferencia entre la gente nacida aquí y los inmigrantes.

Y aún con sexto sentido y todo, uno se puede equivocar.

Por eso dudé un momento. ¿Cómo la iba a pedir la orden a esta muchacha? ¿En inglés o en español? Aunque parezca una estupidez, a veces hay que tener cuidado porque hay gente que se ofende si uno los considera incapaces de hablar inglés.

Escuché que la mujer delante de mí en la fila le hablaba en inglés. Pos claro, era una norteamericana, ¿en qué idioma le iba a hablar? ¿Ruso?

La muchacha le sonreía y le respondía sin titubear. Segura. En un inglés con acento, pero rápido y seguro.

Cuando sus compañeros de trabajo (norteamericanos) se le acercaron a la joven a preguntarle algo, ella asintió, y les respondió como si nada. En inglés con acento, pero en inglés.

Al llegar a pedir mi orden, me preguntó muy correcta qué deseaba. Yo (faltaba más) muy correcto le hice la orden... en inglés.

(Claro, con un terrible acento, como siempre ha sido mi inglés, masticado.)

La muchacha no dijo nada. Me agradeció amablemente y me cobró.

La anécdota me hizo recordar episodios de viajeros y turistas mexicanos que viajan a Estados Unidos, y se indigan cuando ven un "paisano" hablando en inglés.

Sobre todo, si el paisano es de esos a los que "se les nota el nopal en la frente".

A muchos mexicanos "blanquitos" les ofende que haya "Marías" que hablen inglés (y español y a veces hasta un dialecto indígena), mientras ellos a duras penas hablen español.

Y de inmediato, les salen los ataques: "Pero mira nomás, si acaba de bajar del cerro y mucho inglés... malinchista... vendepatrias... gringo nalgasprietas... ése en México sería mi chalán... ésa en México sería mi famulla...", etcétera, etcétera, etcétera.

Bueno, confieso que al principio a mí también me causaba un shock ver estas escenas (sobre todo cuando se topa uno con algunos de esos inmigrantes que de verdad quieren olvidarse de dónde vinieron, y desprecian su cultura y a sus compatriotas), pero me acostumbré.

Esta joven ni presumía ni despreciaba. Simplemente usaba el idioma como herramienta para salir adelante. Y por eso la aplaudo.

Estoy seguro de que su historia ha sido como muchas otras historias similares que he conocido en Estados Unidos, de inmigrantes que llegan totalmente desvalidos, sin estudios, ni siquiera con la capacidad de comunicarse... y se superaron, a topes y empujones. Primero que nada, aprendiendo inglés.

Cierto, quizá porque no les quedó de otra. O era nadar o ahogarse. Pero lo hicieron.

Esa joven trabaja hoy en Taco Bell (gran cosa, dirán muchos). Pero tiene una enorme ventaja que le va a abrir muchas otras puertas: habla OTRO idioma, además del suyo. Se puede comunicar en dos idiomas, si no es que en más, como he visto muchos guatemaltecos que hablan maya, español e inglés en Florida.

Ser bilingüe (o trilingüe) es algo muy valorado a nivel mundial, y de lo cual ni siquiera los propios norteamericanos pueden presumir.

Y también es algo que desafortunadamente, muchos de nosotros aún no queremos entender, y en cambio preferimos burlarnos de los logros de esas personas. (www.cesarfernando.com)

Tuesday, April 07, 2009

¿Y dónde andará el Sueño Americano?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Cuando recién comencé a trabajar, hace cerca de 20 años, decidí abrir una cuenta bancaria. Mi primera cuenta.

Tenía 25 años.

Estaba allí en el banco, cuando vi como a otro cliente platicando con el empleado del escritorio de junto. Era un hombre cuarentón, casi calvo y de anteojos. Estaba abriendo una cuenta de cheques.

"Yo soy médico", decía el cliente, "y no sé nada de esto... Por ejemplo, nunca he hecho un cheque en toda mi vida. ¿Cómo se hace?"

No me sorprendí. Yo estaba en las mismas. O peor.

No estoy hablando del México prerrevolucionario, sino del de fines del siglo 20.

De niño siempre veía en las series de televisión y caricaturas cómo las familias norteamericanas tenían una cuenta de cheques. El papá o la mamá de esas familias siempre se tomaban un día a la semana para sentarse en un escritorio, y escribir cheques, como un contador. Y los enviaban por correo.

Para mí, niño mexicano criado en la década de los 1970's, era como ver costumbres de una tribu birmana en un documental de National Geographic.

Porque desde que me acuerdo, en México la gente nunca pagaba nada con cheques. Al menos la gente con la que yo me relacionaba. Y supongo que era (y es) igual aún para la inmensa mayoría de los latinoamericanos.

(Y aunque alguien pagara con cheque, DUDO que alguien los aceptara.)

Mis papás nunca pagaban con cheques. Cuando íbamos de compras, todo se pagaba en efectivo. Los abonos de algo comprado a crédito se pagaban con dinero contante y sonante también. Nadie andaba con cheques ni tarjetas de crédito, eso era para los ricos.

Y eso que nuestra familia era técnicamente clase media (aunque más de una vez lo dudé, sobre todo a principios de los 80's).

Yo tuve mi primera cuenta de cheques hasta que me mudé a Estados Unidos, por necesidad. Porque todo mundo paga todo con cheque.

Otra cosa que me sorprendía: Todas las familias norteamericanas que yo conocía (por la tele, claro), tenían ahorros. Cuando el nene o la nena cumplía 18 años, los papás, orgullosísimos, les extendían un cheque de 10 mil dólares para inscribirse en la universidad. De "su fondo escolar".

¿Qué era eso? ¿Cómo le hacían?

Ahí fue mi primer contacto con la mentalidad anglosajona de la previsión.

Según averigüé muchos años después, en los libros, los historiadores piensan que esta mentalidad se desarrolló en el norte de Europa, donde los inviernos tan devastadores obligbaan a la gente a guardar un poquito de la jauja veraniega para épocas de escasez. Porque esos pueblos sajones y germánicos habían aprendido que no importa cuántas buenas cosechas hayas tenido, la escasez siempre llegará un día.

Esa costumbre la heredaron los peregrinos y los inmigrantes que fundaron Estados Unidos.

Costumbre que, según los libros, contrasta con la mentalidad latina de "Dios proveerá", y "donde comen dos, comen tres".

Como las cigarras de la fábula, los pueblos mediterráneos y del sur de Europa parecía que no se preocupaban por el invierno, porque no lo sufrían. Al menos no como sus primos del norte.

¿Esta mentalidad de "a gozar, a gozar, que el mundo se va a acabar", es la que heredaríamos nosotros, los latinoamericanos?

Para ser justos, no es que no queramos ahorrar. Es que simple y sencillamente no hay de dónde. Los sueldos nunca alcanzan. Con los salarios que se pagan al sur de la frontera no se puede comprar mucho. Sobre todo, cuando los precios están casi iguales que en Estados Unidos.

Pero también hay que aclarar: Cualquier norteamericano le dirá lo mismo. "El sueldo nunca alcanza", "las cosas están todos los días más caras", "los salarios nunca alcanzan a la inflación".

¿Cómo le hacen, entonces para ahorrar?

Yo, desde que llegué a este país hace más de 10 años, nunca he podido ahorrar. Claro, tengo cuenta de cheques, porque aquí todo se paga en cheque o por internet. Pero mi cuenta a duras penas mantiene 200 dólares continuos, los cuales ya sé que se evaporarán a fin de mes cuando entren todos los cobros. Más de una vez esa cuenta se ha quedado en ceros o en -300 dólares (agregando multas y recargos).

No llevo una vida fastuosa. No compro mas que la comida del mes, pago la deuda del carro, gasolina, renta, luz, seguros... y ya. Se acabo. No voy al cine, ni compro ropa ni nada. Ni siquiera tengo tarjetas de crédito.

Mi único capricho era comprar un libro cada dos meses, y ahora ni eso, porque mejor lo saco de la biblioteca, o los compro a 25 centavos en las tiendas de segunda.

Y aún así, nunca he podido ahorrar ni siquiera mil dólares. Mucho menos los 10 mil para pagar la inscripción de mi hijo a la universidad.

¿Cómo le harán los que sí pueden? Trabajando, me dirán. Trabajando duro. Supongo, aunque ello implicará que yo no trabajo duro, lo cual a veces sinceramente dudo. Toda la gente que conozco —amigos, compañeros de trabajo, familia— sufre igual. Y trabajan duro.

Quizá tenga yo que crear una cuenta "Ponzi", para atraer inversionistas de Wall Street. O una pirámide financiera o fundar una religión. O tratar de ser ejecutivo de alguna empresa aseguradora en la que el gobierno invierta miles de millones de dólares para salvar de la quiebra.

Después de todos estos años viviendo "El Sueño Americano", este es uno de los misterios que aún no logro descubrir. (www.cesarfernando.com)

Saturday, March 28, 2009

El Valemadrismo: ¿Producto de exportación internacional?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Los indios (de la India) y los chinos se están haciendo millonarios.

Gracias a los gringos.

¿Cómo lo hacen? Simple: Les están "enseñando" a los norteamericanos a... ¡trabajar!

Compañías en Bangalore y Shangai promueven sus servicios muy agresivamente entre empresas de Estados Unidos, para hacer el mismo trabajo que hacen éstas... por menos dinero, claro.

Es lo que se llama "outsourcing". Algo así como "subcontratación exterior".

Así pues, si una empresa americana le paga 10 dólares la hora a un empleado por apretar un botón en un teclado, llega una empresa china o india y le ofrece hacer el mismo trabajo por 5 dólares. O menos.

Claro, estas empresas chinas e indias contratan empleados en sus países, y les pagan 2 dólares. Al día.

(No se trata de "maquila" en el estricto sentido. La maquila está anclada en una economía industrial. El "outsourcing" en cambio, son servicios, que pueden ir desde llamadas telefónicas hasta creación de software. Es economía post-industrial. Y quizá por ello mejor preparada para enfrentar las pataletas de la economía.)

Los indios en particular están sacando mucha ventaja por ser el país "angloparlante" más poblado del mundo. Cada vez que yo quiero pelearme con mi empresa telefónica por un cobro, o preguntar alguna duda sobre mi computadora, llamo a una línea de servicio al cliente que está en Asia, no en América.

Pero los asiáticos también están "asesorando" a los norteamericanos, dándoles cursos y capacitaciones en campos que ellos ya dominaban... Y cobrándoles de paso.

Muchas fortunas asiáticas se han forjado así.

Al ver esto, la pregunta obvia es, ¿porqué ellos sí pudieron y nosotros no?

Nosotros, me refiero a América Latina.

Sé que ya hay empresas al sur del río Bravo que ya dan servicios de "outsourcing" a Estados Unidos, pero en su mayoría se enfocan en la comunidad hispana.

Claro, los hispanos en EE.UU. somos una tajada grande y potencialmente enorme. ¿Pero porqué no lanzarnos por todo el pastel?

Los indios lo lograron, aún con su extraño acento que no lo entienden ni siquiera los propios anglosajones nativos.

Y los chinos también, aún sin hablar inglés.

¿Es que nuestro nivel de inglés no está a la par que la de ellos? No lo creo. Repito: los indios y los chinos pudieron, a pesar de tener igual o más desventajas culturales.

Los latinoamericanos tenemos muchas ventajas, como la geográfica. Casi compartimos el mismo horario que Estados Unidos, algo muy útil cuando hay que hacer negocios internacionales (que se han convertido en negocios locales).

También compartimos muchas más similitudes culturales con los norteamericanos, salvo las obvias diferencias. No se puede decir que los indios o los chinos sean más "occidentales" que un mexicano o un colombiano.

Entonces, ¿qué podemos nosotros, mexicanos y latinoamericanos, ofrecer a la economía más grande del mundo?

Se me ocurrió una idea estúpida: Si los chinos e indios les enseñan a trabajar, nosotros quizá podamos enseñarles... ¡a no hacerlo!

Me explico: Hay "consultores" que cobran montones de dinero a empresas para "enseñar" a sus empleados cómo trabajar más y mejor. "Hacer más con menos".

El problema es que ya se está viendo que la llamada "productividad" excesiva está causando estragos en la salud del país.

En Estados Unidos abundan los infartos, sobre todo entre los ejecutivos. Los norteamericanos tienen la mentalidad imbuída de "hacer muchas cosas", de preocuparse por todo, de tratar de competir contra todos.

Esto trae de plácemes a los ataques cardiacos.

Ahora, expertos y médicos están sonando la voz de alarma para pedirle a la gente que le baje a su ritmo. No sólo comer saludable, sino también trabajar saludable.

Es la nueva "moda", junto con salvar al planeta.

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Por eso, ahora están surgiendo "asesores" que ofrecen cursos de.. ¡relajación!

O sea, cobran buen dinero por "capacitar" a gerentes y empleados sobre cómo enfrentar crisis con optimismo, cómo relajarse, cómo superarse "personalmente".

Algunos de ellos cobran por "aconsejar" a empresas cosas que nosotros los latinoamericanos ya sabíamos desde generaciones: Que los horarios corridos no son buenos para la salud, que es mejor hacer una pausa a medio día para echarse un sueñito.

¡Están "inventando" la siesta!

(Y lo peor es que la están patentando y haciéndose millonarios con ella, sin darnos regalías a nosotros, sus inventores.)

No son pocos los norteamericanos que visitan o se retiran en México, y que alaban el ritmo de vida más pausado al sur de la frontera.

Lo que nosotros consideramos lastres culturales que nos mantienen hundidos en el subdesarrollo (como el "mañana" que nunca llega, o el infame "valemadrismo"), para los norteamericanos es "mejor calidad de vida".

Para ellos, es como experimentar una epifanía, casi casi como alcanzar el nirvana.

Mientras nosotros tratamos de erradicar esas actitudes, dizque porque no van con la mentalidad de la gente "desarrollada", en cambio la gente "desarrollada" las está adoptando... ¡por salud propia!

Los retirados o turistas norteamericanos se dan cuenta de que hay otras maneras de vivir, de disfrutar la vida. Que no todo debe estar anotado en una agenda, por horario.

Y alegremente aconsejan a sus compatriotas que aún viven en ese ritmo brutal: "Relax!" y "Mañana".

Y he aquí la idea estúpida que se me ocurrió: ¿No podríamos los mexicanos impartir esos cursos de "slow pace of life" ("nivel más lento de vida"), al estilo mexicano?

¿Quién mejor que nosotros, maestros de ese arte?

Pese a las críticas de los fanáticos de la "productividad", los países latinoamericanos siempre han logrado salir adelante con ese sistema, a pesar de los problemas. Y según las encuestras que hacen una y otra vez a nivel mundial, los latinoamericanos siempre salimos entre los pueblos "más felices del mundo".

Quizá se puedan crear "paquetes" de relax, con "cursos", "talleres" y "asesorías" para ejecutivos en sitios turísticos creados especialmente para ello, alejados de los tradicionales centros vacacionales.

¿Centros de "trabajo" para altos ejecutivos empresariales en la costa veracruzana o bajacaliforniana, donde puedan hacer negocios desde una computadora o videocámara, mientras se relajan? El internet lo hace posible.

Se podría crear toda una industria de servicios a su alrededor, para hoteles, hospitales, programadores de computadoras, nutriólogos... Y cobrar bien por ello.

Vaya, probablemente hasta las aseguradoras pudieran dar descuentos.

Quizá sea el inicio de una industria de "outsourcing" que los latinoamericanos podamos acaparar.

Las industrias nacen cuando alguien tiene un producto, que otra persona está dispuesta a comprar. Es el principio básico de la economía.

En este caso, el "producto" sería una vida más larga, relajada y feliz. ¿Quién no querría pagar por ello?

Friday, March 27, 2009

Mi primera columna: Un arranque de nostalgia

Después de andar buscándola durante años, por fin encontré la primera columna "Desde las Entrañas del Monstruo" que escribí. Data de septiembre de 2002:

Suárez Medina y los 'paisanos' de acá

Por César Fernando Zapata
cfzap@msn.com

DALLAS, Texas - Javier Suárez Medina no era inocente. Tenía 19 años cuando cometió el asesinato. Sabía lo que hacía.

Vendía drogas. No por necesidad, sino por decisión. Muchos otros jóvenes hispanos están necesitados y no roban ni trafican. Hacen lo que todos: Trabajan.

Se dio cuenta que su "cliente", Lawrence Cadena, era un policía antinarcóticos de Dallas encubierto. Sacó su pistola y le disparó. Sabía de sobra que en Texas el asesinato en primer grado a un agente policiaco se paga con la pena capital. Todos los que vivimos en Texas -mexicanos, chicanos, anglos, negros, asiáticos, indios- lo sabemos.

Suárez Medina no era un niño ni un retrasado.

Más aún, aceptó su crimen. Nunca se esforzó en negarlo.

No entendemos al gobierno me-xicano. ¿Buscar el perdón para Suárez Medina porque la justicia texana no le avisó al Consulado de su detención? O sea, ¿se vale liberar a un asesino confeso por un tecnicismo legal?

Pudiera ocurrir. Ya ha pasado con otros casos (¿recuerdan a O.J. Simpson?)

Pero, ¿sería ético? ¿moral?

Cierto es que cuando una vida humana está en juego todo se vale. Pero si de verdad lo querían salvar, ¿porqué no actuar antes? El juicio inició en 1989.

Los alegatos legales -por muy bri-llantes que sean- no valen igual si se presentan a la carrera, casi a la puerta de la cámara de ejecución.

Para ganar en Estados Unidos hay que jugar con sus reglas. La mejor manera de salir de un atolladero legal es contratar un buen abogado. Hacer cualquier otra cosa (protestas, enviar cartas diplomáticas, llamadas presidenciales) es bonito para los noticieros, pero poco efectivo ante las cortes.

Este sistema sí tiene muchas injusticias, pero no creemos que tengan que ver tanto con racismo, sino más con cuestiones de dinero. Una buena defensa cuesta. Hay excelentes abogados penales en Texas que pudieron haber encontrado más de una laguna legal en el asunto. Lo han hecho antes. Saben jugar muy bien con las reglas del sistema, y ganar.

Pero estos abogados cobran. Y cobran bien. ¿Valía la pena gastar 10, 15 millones de dólares en una defensa de primera para dejar libre a un asesino confeso? ¿El gobierno mexicano disponía de ese dinero para tal efecto? ¿Estarían de acuerdo los contribuyentes mexicanos en que se gastaran sus impuestos así? ¿Y si es así, porqué no lo gastaron?

Y si lo hubieran gastado, ¿porque sí con Suárez Medina y no con otros ejecutados antes, como Irineo Tristán? ¿O con los 34 mexicanos que siguen en la antesala de la muerte en Estados Unidos?

A fin de cuentas, ¿valdría la pena buscar justicia para alguien fuera de las fronteras, cuando dentro de México constantemente se violan los derechos jurídicos y humanos de cientos o quizá miles de detenidos, muchos de ellos inocentes?

¿En realidad el gobierno de México actuó con intenciones sinceras en el caso de Suárez Medina, o todo fue retórica diplomática, una postura para mantener vivo el principio de condena a la pena de muerte a ojos del mundo? Porque si de verdad querían salvarlo, no se notó. ¿Fue por ignorancia, por desconocimiento de las leyes norteamericanas, por desidia o simple incompetencia?

Y si por el otro lado, nunca quisieron salvarlo, ¿para qué tanto teatro? ¿Para qué tantas llamadas pre-sidenciales, a sabiendas que nada lograrían, y sí pondrían más en ridículo a la ya de por sí vapuleada imagen del presidente Vicente Fox frente a Estados Unidos?

Porque nosotros, los "paisanos de acá", igual que los "paisanos de allá", tampoco le creemos ya.

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POSTDATA: La columna la escribí en un arranque de loquera, sin un plan específico. Pensé que quizá me pudiera ayudar a encontrar chamba en México en algún periódico, en caso de que necesitara regresarme a comenzar de nuevo.

Se me ocurrió enviarla por e-mail a cuanto periódico mexicano e hispano encontré en internet. De pura onda. No tenía idea de qué iba a pasar, si la iban a aceptar o no.

Nunca se me va a olvidar que fue Roberto Mora, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo, el primero que me respondió, aceptando la columna y pidiéndome más. Fue el inicio de una amable amistad por e-mail, que duró hasta que Roberto fue asesinado, dos años después.

Siempre quise incluir esta columna en el blog, pero por cuestiones "fuera de mi control" (léase, MSN borró todos mis correos) nunca había podido. No la tenía, se había perdido. Vaya, ni siquiera está incluída en el libro.

Ahora, la recuperé.

No es ni la mejor ni la peor columna. Su interés quizá sea sólo anecdótico. La ejecución del mexicano Javier Suárez Medina en Texas (que fuera noticia de primera plana en 2002, y causa de acalorados debates en televisión) ha quedado casi en el olvido hoy en día. No así el tema principal: la pena de muerte en Estados Unidos, sobre todo contra inmigrantes.

Cámbiele los nombres y las fechas, y la columna sigue vigente. Al menos, yo no he cambiado de opinión al respecto.

Saturday, March 14, 2009

La ley de la relatividad restringida en Estados Unidos...

He estado tratando de contactar al Servicio al Cliente de mi empresa telefónica. O más bien de mi EX empresa telefónica.

Contratamos otro servicio de TV por cable, internet y teléfono fijo. Pero la nueva compañía no puede ocupar la línea porque mi servicio anterior no la ha desocupado. Se mantiene una grabación que tenemos que "pagar lo que debemos antes de reconectar el servicio".

El problema es que no debemos nada. Ya pagamos lo que debíamos. No queremos renovar el servicio con la anterior compañía.

He tratado de llamar a la empresa para "aclarar", pero sólo tienen servicio por teléfono "De 9 a 6, de Lunes a Viernes". Cuando salgo de trabajar ya es muy tarde.

Mi esposa sí ha logrado comunicarse con ellos. Pero sólo para pasarse peleándose porque los empleados se pasan la pelota de departamento en departamento. Quizá esperando que se aburra y cuelgue (lo cual hasta ahora ha sido muy efectivo).

Ah, pero eso sí, el Servicio de Cobro tiene servicio 24 horas al día, 7 días a la semana. Se la pasan llamándome a cada rato para cobrarme lo que ya no debo, hasta madrugadas de domingo.

Y cuando trato de aclararles, me dicen que ellos sólo son del Departamento de Cobros, no saben nada de problemas. Que tengo que hablar "con Servicio al Cliente".

Intenté entonces enviar un correo electrónico a Servico al Cliente. El sistema me dijo que mi respuesta estaba "dentro de mi cuenta de internet".

Cuando quise entrar a revisar el mensaje en mi "cuenta de internet", el sistema me dijo que no podía ayudarme porque "esa cuenta ya no existe". (!!!!!)

Pero (en su enorme magnanimidad) la empresa me daba una opción:

"Llamar ¡A SERVICIO AL CLIENTE!"

Y yo que creí que ésto sólo pasaba en la Latinoamérica del Realismo Mágico...

Wednesday, March 11, 2009

Hazte a un lado, Spanglish, que aquí viene el Ingleñol

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Si alguno de nosotros, inmigrantes en Estados Unidos, de pronto nos pega en gana fastidiar a nuestros compatriotas latinoamericanos al sur del río Bravo, no hay mejor forma de hacerlo que hablándoles en Spanglish.

Es como si les pusieran un cohete en los pies. El spanglish es uno de los temas que más urticaria causa entre los hispanoparlantes.

Es normal. Una de las cosas que más orgullo nos da es nuestro idioma (junto con nuestra comida, nuestra bandera y nuestro equipo de futbol). Por eso, no es raro que el Spanglish sea considerado como un "hijo bastardo", nacido de la fusión entre el español y (¡horror de horrores!) el inglés.

Los hispanos podemos aceptar la existencia de otros "bastardos" idiomáticos, como el franceñol, el portuñol y hasta el chiñol. Son simples "curiosidades", decimos.

Ah, pero el Spanglish es otra cosa. Más que un bastardo, es un mutante, un frankenstein, un gólem, un monstruo deforme, un aborto que no debería existir... todo en uno solo.

Bueno, pero lo novedoso ahora es que el "mutante bastardo" ya no está solo, sino que tiene ... ¡un hermano!

Porque si entendemos que el Spanglish es el caló originado entre los inmigrantes latinos en Estados Unidos, al mezclarse con el inglés, ¿entonces qué es lo que están comenzando a hablar cada vez más los inmigrantes norteamericanos que ya se mudan en masa al sur de la frontera? (Legal e ilegalmente).

No es una versión del español mezclada con el inglés, sino al revés: Una versión del inglés mezclada con el español.

Uno no necesita ni siquiera conocer "gringos" en México. Con sólo entrar a los montones de sitios de internet que estas comunidades han creado, se da uno cuenta de que "algo" está pasando idiomáticamente entre esos inmigrantes.

No es raro leer escritos de Norteamericanos-Mexicanos que comentan cosas como esta: "Our amigos will go mañana to the pueblo, to a fiesta at la casita of la señora who lives by the camión station, near el lago".

Suena a Spanglish... pero no lo es, no precisamente. Quiero decir, que los inmigrantes hispanos no mezclarían exactamente esas palabras, sino que lo harían al revés: Dirían "Póri" (party) en lugar de "fiesta".

En cambio, los Gringos-Mexicanos salpican su inglés con palabras que ya adoptaron como propias en su diario conversar, como la casa, la familia, pueblo, burro, mañana, cocina, señora, amigos, y hasta escriben México (así, con acento).

Yo sé que esta situación va a causar más de un infarto, tanto al sur como al norte del río Bravo.

De hecho, reconozco que a mí me molestaba el tema de la fusión de lenguas cuando recién llegué a Estados Unidos, porque los latinoamericanos tenemos el concepto de que el Spanglish, como cualquier mezcla de idiomas, es sólo de gente "sin educación".

Y siempre insistía en que el idioma se mantuviera "puro".

Pero al pasar los años, me pregunté ¿qué es “pureza”? Los idiomas evolucionan. Todo el vocabulario del español, del inglés, del francés y de casi todos los idiomas, proviene de otras partes.

No hay idiomas 100% "puros". Todos son retazos cosidos con parches de todas las lenguas. El idioma español está parchando con pedazos de latín, árabe, griego, celta, íbero, francés, italiano y hasta inglés, entre muchos otros más.

Si comenzamos a quitarle al español palabras “impuras”, acabaremos quedándonos con el latín puro... pero eso ya no sería español.

Y aún si nos quedamos con el latín, habría que distinguir entre latín clásico (el de los libros y los oradores) y latín vulgar (el que hablaba la gente y del que nació el español).

Lo mismo pasaría con el inglés: Si lo vamos descascarando primero queda anglosajón, luego lengua germánica, normanda y hasta celta.

Esto no significa que no hay que tratar de hablar correctamente. Significa que el concepto de "correctamente" evoluciona con el tiempo, y las palabras que eran consideradas "incorrectas" casi siempre terminan siendo aceptadas como la norma. Los idiomas tienen que aumentar sus vocabularios conforme pasa el tiempo.

El Spanglish y el Ingleñol quizá no sean "bastardos", sino la siguiente generación de esta familia cultural, que sigue creciendo. Quizá no hacia arriba, sino hacia los lados, pero a fin de cuentas, sigue viva.

Aunque los antimexicanos (al norte de la frontera) y los antigringos (al sur) sigan refunfuñando, ambos países, México y Estados Unidos están avanzando cada vez más en un proceso de fusión cultural.

No como nunca, sino como siempre ha pasado en la historia de la humanidad, donde todos compartimos ya genes culturales con otros pueblos. Para bien o para mal. (www.cesarfernando.com)

Wednesday, March 04, 2009

BTW, otra más

Por cierto, se me olvidaban otros ejemplos típicos de palabras inglesas difíciles para los hispanos, como los clásicos:

1) Through, 2) Though, 3) Tough, 4) Thorough...

Todas estas son palabras muy comunes, y se parecen. Se escriben casi con las mismas letras... pero significan cosas totalmente distintas, y lo peor: aunque todas ellas comparten "ough" como última "sílaba" (si se puede llamar así), ¡en cada una de ellas se pronuncia totalmente diferente!

Significados:

1) A través, 2) Aunque, 3) Difícil (duro), 4) Detallado

Pronunciación (más o menos, con lo poco que permite el alfabeto latino):

1) Dzru (z española y r inglesa), 2) Dou, 3) Tof, 4) Dzorou (idem).

¡Na' qué ver!

¿Usted tiene algún ejemplo?

Sunday, March 01, 2009

¡Como batallo para pronunciar el inglés!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Bitch o Beach? Sheet o Shit? Full o Fool? Heel o hill? Heat o Hit?

Estas palabras en inglés, aunque nos parezcan similares o idénticas a nosotros los hispanos, para los angloparlantes son y suenan totalmente distintas.

Y lo peor es que tienen significados totalmente distintos también, y hasta opuestos.

Beach es playa. Bitch, en cambio, es perra (o mujer de la vida galante, en su acepción más negativa). Sheet es hoja (de papel o metal). Shit es el producto intestinal de desecho que resulta tras digerir nuestros alimentos sólidos (léase, popó). Full es lleno, mientras que fool es tonto. Heel es tacón y Hill, monte. Heat es calor, Hit es golpe.

Y no, no suenan igual, aunque nos los parezca. Después de mucha práctica, uno puede distinguir la diferencia.

Este es solo un botón de las dificultades con las que nosotros los hispanoparlantes nos enfrentamos al tratar de hablar inglés.

Muchos de nosotros (un servidor incluído) llegan a Estados Unidos con la plena convicción y confianza de que SABEN inglés. Por lo menos lo suficiente para defendernos.

La culpa no es nuestra, de hecho: Después de haber llevado 3 años de clases de inglés en la secundaria, dos en la preparatoria, y otros tres en la universidad, uno termina creyéndose que conoce el idioma.

Yo, por ejemplo, pasaba mis exámenes de inglés con puro 10 siempre, no porque fuera una eminencia (en los demás exámenes sacaba hasta seises), sino porque siempre me gustó aprender idiomas. Para mí era como inventar claves secretas de comunicación, era una especie de juego mental similar a los crucigramas.

Al llegar a Estados Unidos me di cuenta que mi conocimiento del inglés me servía para... sacar 10 en exámenes de la escuela. Nada más.

El problema es que yo sabía perfecto inglés gramatical, sus reglas y vocabulario, pero nunca me enseñaron a PRONUNCIAR.

Otros ejemplos: Hut (choza) y Hot (caliente), Doll (muñeca) y Dull (aburrido). Aquí es peor porque todas estas palabras usan distintos tipos del sonido O, que no existen en español.

Nunca me dijeron que el inglés hablado también tiene un ritmo y entonación que no existe en español.

En español acentuamos ciertas sílabas de cada palabra, mientras que en inglés se acentúan ciertas palabras de cada frase. Y ahí estriba una enorme diferencia.

Yo me empeñaba en aplicar el mismo ritmo monótono del español al inglés, y los norteamericanos me veían como si acabara de llegar de otro planeta (lo cual era cierto en más de un sentido).

Hasta que me di cuenta que el inglés americano se tiene que hablar como si estuviera uno actuando en una obra teatral de la secundaria: Subiendo y bajando el volumen de cada palabra, según la intención.

Así, para un simple saludo y presentación, tenía que sonar así:

"Good MORNING, my name is FERNANDO. HOW are you?".

Otras confusiones clásicas: Crab (cangrejo) por Crap (excremento o basura); Eyes (ojos) por Ice (hielo). Y pronunciar bien nombres propios como John, Jim, o Bill, que siempre pronunciamos Yon, Yeem o Beel, sin distinguir vocales.

El problema es que en la escuela nunca nos enseñan que el inglés tiene cuarenta y tantos sonidos, mientras que el español tiene la mitad que eso. Tan solo vocales, el inglés tiene más de 10, comparadas con las 5 del español.

Y lo peor es que las escriben con las mismas letras que nosotros, siendo que las más de las veces no tiene nada qué ver su sonido con los sonidos del español.

Por ejemplo, cada vocal del inglés tiene por lo menos dos sonidos distintos (corto y largo). Igual ocurre con algunas consonantes que para nosotros nos suenan igual, como la y (que puede sonar como sh cuando se escribe con J o como y).

Quizá nuestros maestros de inglés no tuvieron la culpa. A la mejor algunos tampoco sabían la diferencia.

Bueno, pensé, al menos existen muchas palabras parecidas al español que sí puedo pronunciar. Por ejemplo Temperature, Comfortable, Vegetable, Government significan los mismo que temperatura, confortable, vegetal y gobierno.

Lo que nunca tomé en cuenta es la alergia de los anglosajones por pronunciar palabras largas. En vez de pronunciar todas las letras, se comen dos o tres sílabas para decirlas rápido.

Así, pues, cuando trataba de pronunciar esas palabras con todas sus sílabas me volvían a ver con cara de What?

Comfortable, por ejemplo, se pronuncia cómftbl. O algo que suena similar.
Vegetable es véshtbl (si, pronunciando cinco consonantes juntas), mientras que temperature no era Températur, sino témpechur.

Government me dio más bronca, hasta que alguien me dijo que no sonaba Gobérnement, sino Góvement.

Una palabra básica que yo siempre había pronunciado completa, como Wednesday (miércoles) no sonaba como me lo habían enseñado mis maestros, sino Wénsdey (la D y la segunda E desaparecian completamente)

Y ah, como me dieron batalla dos palabras que siempre tenía que decir: Inevitable (que se pronuncia algo así como Inevírabl), y 30 (thirty) o treinta. Peor era cuando tenía que decir "treintavo": Thirtieth. Batallé para entender que no sonaban Tirty, o Tirtiet, sino algo así como Zzri (Thirty), y Zzriezz (Thirtieth), (en una extraña y trabalengüistica mezcla de Z española y R inglesa).

Aún hoy me confundo a veces con algunas palabras simples, como Little (que significa Pequeño, y suena algo asi como Lire, pero con las vocales I y E cortas y rápidas, no largas y claras como en español).

El problema es que los hispanos siempre tratamos de leer el inglés como se escribe, siendo que no tiene nada qué ver el idioma escrito con el hablado. En ese sentido, algunos estudiosos opinan que el inglés tiene mucha similitud con el idioma chino, donde los hablantes tienen que aprender todos y cada uno de los símbolos que representan cada palabra.

(Vaya, con decirles que ni siquiera los propios angloparlantes saben cómo pronunciar todas las palabras. Si se topan con una palabra que no concen, todos --desde alumnos de escuela, hasta maestros y académicos-- deben preguntar antes cómo se pronuncia. O en su defecto, buscar su pronunciación en el alfabeto fonético... Imagínense lo complicado que es esto, para que tengan DOS alfabetos: Uno que les dice cómo se escribe la palabra, y el otro que les dice cómo se pronuncia.)

Para ser justos, los anglos también tienen broncas al pronunciar bien el español, con todo y su sencillez. En muchas ocasiones he visto como batallan para distinguir entre Piedra y Pierda. Generalmente no pueden pronunciar bien la primera. (Si quiere hacerle la vida de cuadritos a un gringo pídale que pronuncie Pedrada). Lo mismo pasa con palabras tan simples para nosotros como Cansado y Casado: para ellos son confusas.

También batallan con palabras largas a las que ellos les comen letras, como pero que en español deben pronunciar completas, como temeperatura, meteorológico, Guadalajara o hasta Enrique (y en general cualquier combinación de N con R).

Un ex jefe de mi esposa, un señor de edad avanzada de raza afroamericana, batallaba mucho para dirigirse a una de sus empleadas, una mexicana que se apellidaba Barbosa. Por más que lo intentaba, el pobre hombre siempre siempre le decía "Señora Babosa" (en medio de las carcajadas burlonas de todo su personal mexicano).

Por eso, tenga cuidado al pronunciar el inglés. Lo menos que le puede pasar es que no le entiendan. Lo peor, es que se rían de usted por meter la pata en errores garrafales, como pedir un Cock cuando quiere tomar una Coke.

(Tip: el nombre del refresco se pronuncia "Kóuk". Ya, hice mi buena obra del día)
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Wednesday, February 18, 2009

Los indocumentados: "Culpables" de la crisis económica mundial

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Los extremistas anti-todo en Estados Unidos (en especial anti inmigrantes) ya les ganaron a los economistas y expertos financieros.

¿Porqué? Pues porque ellos solitos acaban de encontrar la causa de la crisis económica mundial.

¿Ya sabe usted cuál esa causa? Adivinó: Los inmigrantes indocumentados.

(¡Mire nomás, qué original!)

Me llegó a mi buzón un e-mail de esos masivos. El título no podía ser más atractivo: "¿Por qué estamos en Bancarrota?"

El autor del mensaje (quien se cuidó de no poner su nombre) dice que la guerra de Irak no es la razón de la quiebra financiera de Estados Unidos ni del mundo (de hecho, esa teoría la califica de RIDÍCULA).

Y a continuación, enumera 14 motivos (para que sean leídos una y otra vez, dice) que generaron la crisis:

Los extranjeros ilegales reciben entre 11 mil millones a 22 mil millones en beneficios públicos (welfare) de los gobiernos estatales; 2.2 mil millones en estampillas de alimentos y almuerzos escolares gratis; $2.5 mil millones en servicios médicos; $12 mil millones en educación primaria y secundaria para niños "ilegales y que no pueden hablar una palabra de inglés!" (este pobre tipo jamás ha puesto un pie en una escuela pública de Estados Unidos, por lo visto); $17 mil millones más, gastados en la educación de hijos de ilegales nacidos en Estados Unidos; $3 millones diarios en encarcelar indocumentados.

Y así se va el escrito, hasta sumar 14 "motivos". Incluso menciona la pérdida de 200 mil millones de dólares en salarios caídos de ciudadanos americanos por culpa de los "ilegales".

El autor suma todos estos "gastos" y totaliza 338.3 mil millones de dólares que Estados Unidos "pierde" al año... por culpa de los indocumentados.

El autor remata indignadísimo: "¿Somos TAN estúpidos?"

Quien escribió esto supuestamente se las da de "serio" y "objetivo", y enlista direcciones de sitios de internet de donde "investigó" las cifras.

El problema es que: a) la mayoría de esos sitios de internet son de organizaciones abiertamente antiinmigrantes y con agendas extremistas, como el Centro de Estudios de Inmigración, el National Policy Institute y hasta transcripciones de programas del súper reaccionario y escandaloso comentarista Lou Dobbs de CNN; y b) nunca menciona otras fuentes fuera de su espectro ideológico, para balancear el reporte. Como se supone se enseña en el primer curso de periodismo básico.

Bueno, pues habrá que echarle una manita a este pobre.

Un centro de investigación económica de Waco, Texas, denominado The Perryman Group, difundió meses atrás un reporte donde afirma que si se deportara a los 8.1 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, la economía nacional perdería 1.757 millones de millones (billones en español, o trillions en inglés americano) de dólares, que gasta este grupo al año.

Además se perderían 8 millones de empleos, y los salarios se dispararían, lo que daría al traste con la competitividad laboral norteamericana.

Contra lo que muchos extremistas piensan, Estados Unidos sí necesita mano de obra no calificada, y la seguirá necesitando en el futuro, conforme la fuerza laboral envejece o se vuelve más preparada según el reporte: En 1960, el 50% de los hombres norteamericanos eran obreros no calificados, que no habían terminado la "high school". Hoy en día ese número suma menos del 10%

Además, el estudio menciona otros reportes que confirman que los trabajadores indocumentados pagan más en impuestos de lo que reciben de beneficios del gobierno.

Por supuesto, esto no lo menciona el autor del e-mail ni los que se la pasan rebotando el mensaje por el internet.

Después de todo quizá sí sean TAN estúpidos. (www.cesarfernando.com)

Friday, February 06, 2009

Josh


DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Dicen que los mejores productos vienen en estuches pequeños. Como los perfumes franceses.

Yo estoy convencido ahora de que no solo lo más exclusivo viene en estuches pequeños, sino lo más valioso. Como la esperanza.

Josh tiene ocho años, pero es pequeñísimo. Cualquiera diría que tiene 5 años.

Lo conocí días atrás, luego de hacer una entrevista en su escuela. Su maestra lo asignó a que me guiara a la salida.

Apenas habíamos dado unos cuantos pasos en el patio de la escuela, cuando Josh --con sus manitas dentro de los bolsillos de su pantalón-- entabló una conversación conmigo.

“Así que.... ¿Cuánto tiempo tiene usted trabajando en el periodismo?", me preguntó.

Volteé a verlo sorprendido (lo vi hacia abajo, claro está). El chiquillo rubio, pecoso y de ojos azules iba muy serio. Su chillona vocecilla tenía el aplomo de un hombre de treinta años.

“Pues, casi 20 años,” le dije.

“¿Y es una carrera interesante? ¿Esto es lo que usted hace siempre?”, pregunó Josh.

(Ya para entonces yo estaba seguro de que era un enano encubierto.)

“Sí... entrevisto gente. Escribo las historias que me cuentan sobre sus vidas, para el periódico”, le respondí.

“Debe ser muy interesante”.

“Sí. Conoces mucha gente muy diferente. Y mi trabajo es capturar sus voces”.

Ya casi habíamos llegado a la puerta, cuando Josh se quedó pensativo. Después de unos momentos, tuvo una transformación: Su carita se iluminó con el entusiasmo de un niño de 8 años otra vez.

“Eso es lo que yo voy a estudiar”, me dijo decidido. “Quiero trabajar conociendo gente interesante. Voy a ser un periodista”.

Me dejó sin palabras. Me sentí muy halagado. Ese chiquillo tamaño milimétrico había logrado devolverme la fe en mi profesión.

Días atrás, como lo relaté anteriormente, un humilde campesino mexicano me hizo sentirme avergonzado de ser reportero.

“¿A poco a usted le pagan nomás por platicar con la gente y anotarlo en su libretita?”, me preguntó don José Hernández, después de haberme contado que nadie le quería dar trabajo, pese a sus más de 30 años de cosechar tomates en Estados Unidos.

Como escribí entonces, me sentí avergonzado de todas las veces que me había quejado de mi chamba. Porque, pese a todo, aún tengo la inmensa fortuna de trabajar en lo que me gusta.

(Pero sobre todo, la enorme fortuna de todavía trabajar, punto.)

En estos tiempos de despidos masivos de los medios de comunicación, de amenazas de la desparición de periódicos, la crítica de don José fue deprimente para mí.

Pero días después, esa depresión me la quitó quien menos esperaba: Esa personita de menos de metro y medio de estatura llamada Josh.

Sin menospreciar las tragedias de personas como don José (que son reales y no por eso menos espantosas), el entusiasmo que el oficio de los medios aún genera entre algunos niños como Josh, me devuelve el optimismo profesional.

Los despidos de los medios seguirán, desafortunadamente. Muchos periódicos (y otras empresas) quebrarán. El internet metamorfoseará a los medios no sé en qué. El futuro es incierto para todos.

Pero aún hay esperanza... (www.cesarfernando.com)

Tuesday, February 03, 2009

Por primera vez, me avergoncé de ser reportero

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Don José Hernández es una persona humilde.

Le tocó la mala suerte de ser uno de los millones de desempleados durante esta recesión económica.

Peor aún: le tocó a los 65 años de edad.

"¿Usted cree que van a darle trabajo a un viejo como yo?", pregunta dolido el hombre de Guerrero, México.

Por eso, don José se vio forzado a sobrevivir como puede: vendiendo frutas y verduras en la calle.

Su predicamento sería normal en cualquier país latinoamericano. El problema es que don José vive en Estados Unidos. Su cara y sus manos muestran los surcos de una vida ardua cosechando tomates en Florida durante más de 30 años.

Pero con toda su humildad, don José fue capaz de lograr lo que nadie antes había podido: me hizo avergonzarme de estar en los medios.

A mí me encanta mi carrera. Y me sigue gustando casi 20 años después de haberla comenzado.

A pesar de que, en todos estos años, montones de veces me han insultado, corrido de oficinas, burlado de mí y hasta amenazado. Por ser reportero.

Aún así, me seguía gustando. O más bien, gracias a eso.

Verá usted, los reporteros nos movemos en otra dimensión paralela al del resto de la gente "normal". No porque seamos especiales o mejores, sino porque enfrentamos distinto el rechazo.

La gente "normal" se siente mal cuando los insultan o los corren o los amenazan por hacer su trabajo. Pero para los reporteros, es al revés: Nada nos encanta más que nos corran, nos insulten o nos critiquen. Sobre todo los políticos y funcionarios.

Sobre todo, nos encanta publicarlo. De eso vivimos. Literalmente.

(Aclaración: Los atentados y amenazas de muertes contra reporteros son otra cosa. Son terribles, cierto. Pero intimidan, nunca nos hacen sentirnos avergonzados de ser reporteros.)

Pero don José sí logró avergorzarme.

Durante la entrevista, me vio anotando sus opiniones. Luego, me miró, desconfiando.

"Oiga", me dijo en voz áspera. "¿A poco a usted le pagan nomás por hacer eso?"

Levanté la mirada sorprendido. No había entendido bien la pregunta.

"¿Por hacer que?", le pregunté.

"Pos nomas por hablar con la gente y escribirlo en su libretita."

No supe que decirle. Aqui estaba ante mí una persona que habia sufrido toda su vida, partiendose la espalda literalmente para poder sobrevivir en el único trabajo que encontró, en el único que lo emplearía.

Y ahora, en su vejez, ni siquiera eso tenía.

Me avergoncé entonces de las veces en las que tuve el atrevimiento de quejarme por tener que trabajar. A pesar de que tenía la inmensa fortuna de estar haciendo algo que yo había elegido, algo que me encantaba y me apasionaba.

Me sentí cucaracha.

Miré a don José y le respondí.

"Sí, en esto trabajo... al menos, todavía". (www.cesarfernando.com)

Saturday, January 24, 2009

Ahora resulta que Obama nunca fue negro

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- La llegada al poder de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos trae a los ultraconservadores de cabeza.

Ya no saben ni qué hacer ni qué decir, a tal grado que se inventan cada maroma retórica...

La más obvia, claro está, es que Obama no es negro. Quesque porque su mamá es blanca.

Por eso, ahora gritan y aullan a los cuatro vientos que Obama debe ser considerado "Birracial".

(Sí, ya lo sé: En un mundo en el que todos somos bi, tri o cuatri-raciales, eso suena a estupidez. Pero así son ellos.)

En América Latina diríamos que Obama es mulato. O mestizo. Y punto, no habría vuelta de hoja.

El problema es que para los norteamericanos "puros" (léase ultras), eso no existe. Desde que los primeros peregrinos pisaron suelo americano, en el siglo 17, el mundo se divide para ellos en "Blancos" (ellos) y "todos los demás". O eres o no lo eres, no hay medias tintas (perdonando la expresión).

Ahhh, pero para estos norteamericanos, "Blanco" (o "White") no es cualquier persona de origen europeo. Sólo lo son aquéllos que nacieron o tienen ascendencia de europeos del norte, sobre todo anglosajones. Los demás europeos (esos del sur, morenitos y que hablan raro) no califican como "Blancos".

Esta visión fue la que se impuso durante siglos. Y los gobiernos norteamericanos hicieron mil y un piruetas legaloides con el fin de hacer esa distinción, hasta llegar a la famosa "Ley de una Gota".

¿En que consistía esa ley? Simple: Si usted tenía una gota de sangre negra, usted seguiría siendo negro. No importa que todos sus abuelos, bisabuelos, padres y familia haya sido blancos, el simple hecho de haber tenido UN sólo pariente negro (aunque haya sido muy en el pasado) lo convertía a usted en negro, y por lo tanto, en esclavo.

Y esa gota la heredarían sus hijos. Y los hijos de sus hijos, hasta el infinito. Aunque usted fuera más rubio y de ojos azules que sus "amos" o los propios jueces que crearon esas leyes.

Esa ley fue seguida con despiadada precisión por todos los jueces, policías, políticos y abogados norteamericanos hasta bien entrado el siglo 20. Sobre todo los ultraconservadores. Y la usaban hasta para evitar que los "No Blancos" comieran junto a los "Blancos".

Por culpa de una gota de sangre...

Pero hoy, milagrosamente, resulta que siempre no: Ahora esos mismos ultras (o sus descendientes ideológicos) nos salen con que Obama no es negro, porque su mamá es blanca. Y eso lo descalifica como negro.

Mira nada más. ¿Y hasta ahorita se habían dado cuenta, después de 400 años?

Sí. Ajá.

Este tipo de argumentos se dan entre las huestes de ultraderecha, tratando por todas formas de desacreditar a Obama o a los demócratas de cualquier forma posible. Y sus intentos sobrepasan la ridiculez.

Comentaristas ultraconservadores como Sean Hannity incluso han llegado a la ridiculez de hacer piruetas verbales para defender a George W. Bush y culpar a Obama de la debacle económica.

Cuando le recordaron la época de jauja y crecimiento económico de la época de Bill Clinton, Hannity "explicó" que no hubo tal, que Clinton sólo "heredó" los beneficios de las medidas aprobadas antes por su antecesor, George H.W. Bush, padre. (Republicano, por cierto.)

Pero cuando le recuerdan el desastre económico que causó la presidencia de George Bush hijo (tras haber heredado un superávit dejado por Clinton), Hannity sale con que no hay tal, no fue culpa de Bush, sino que toda esta crisis, déficit y desempleo fue por culpa de (y esto es en serio)... ¡EL EFECTO OBAMA!".

Según él (y sus seguidores), la recesión ocurrió cuando los inversionistas se dieron cuenta que Obama iba a ganar las elecciones.

Ergo, por eso estamos la economía se cayó, dicen. No por culpa de Bush.

Hmmmmm...

Cuando los fundamentalistas de cualquier ideología se ciegan a los hechos, resulta ridículo ver cómo califican de graciosas piruetas los horrendos tropezones retóricos que cometen.

Como bien dicen, la fe es ciega...

(www.cesarfernando.com)

Tuesday, January 20, 2009

Congratulations, Mr. President

Congratulations, Mr. President Barack Obama... O felicitaciones, Sr. Presidente Barack Obama.

Y felicitaciones al mundo. A todos nos conviene que a usted le vaya bien, hasta a los que no votamos (porque no quisieron o porque no pudimos) por usted.

Usted, como todos, tiene el derecho de que le dejen probar que puede hacer su trabajo. Y hacerlo bien.

PERO...

Si por alguna razón no le va bien, o si mete la pata, o si no cumple las muchas promesas que hizo, o si se comprueba que simplemente usted no pudo con la presidencia (lo cual sinceramente deseo que no sea cierto), entonces nos veremos las caras dentro de cuatro años.

No en las plazas, no en marchas, no en plantones ni bloqueos de calles, sino el las urnas.

Si usted no pasa el examen de los cuatro años, lo siento, pero con todo el dolor del corazón, irá para afuera.

Ese es el riesgo de la democracia para los políticos. De la verdadera democracia.

Y es, al mismo tiempo, el seguro de los ciudadanos.

Good luck, Mr. President Obama. And thank you.

Saturday, January 17, 2009

Comí en un restaurante mexicano de Florida... y me sentí como "bicho raro"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- El otro día se me ocurrió ir a un restaurante mexicano nuevo que hallé en un pueblecito floridiano.

Se trata de un restaurancito bonito, "náis". Limpio, arreglado con colores verde, blanco y rojo, sombrerotes tipo Speedy González, sarapes y pósters con imágenes de iglesias de pueblo, chinas poblanas y charros.

Al entrar, me recibieron... dos ancianas norteamericanas. Muy amables, iban de salida y me dejaron abierta la puerta para yo entrar, sonriendo.

Me senté en la primera mesita que vi y volteé para un lado: A mi izquierda, en dos mesas juntas, un grupo de amigos anglosajones comían y se divertían. Eran como seis obreros en su hora del "lunch". Comían, bromeaban, platicaban.

En otra mesa, un joven degustaba silenciosamente sus tacos con su cerveza Corona. Él también era anglosajón.

Más allá, un tipo con gorra masticaba sus "nachos" con salsa, mientras veía la telenovela que transmitía la televisión gigante. También él era "WASP" (Blanco, anglosajón y protestante).

"Bueno, ¿qué? ¿Es que soy el único mexicano aquí?", me pregunté en voz baja.

Me sentía como el Mickey Mouse de Disneylandia: Al rato los clientes iban a querer tomarse fotos conmigo, como si fuera parte de la decoración.

Mientras no me pidieran que bailara el jarabe tapatío o gritara como mariachi...

Esperé a que viniera la mesera, mientras veía el menú. Al menos la mesera sería mexicana, pensé. TODAS las meseras de los restaurantes mexicanos a los que he acudido en mis más de 12 años en Estados Unidos son mexicanas. O, al menos, latinoamericanas.

La mesera me ayudaría a no sentirme tan "raro".

"Good afternoon, and welcome!", me saludó la mesera: Una "gringuita" rubia y de ojos azules. Muy amable, toda sonrisas.

Bueno, le pedí "Two quesadías, please".

Me entretuve en ver la decoración del restaurancito. Muy limpio, nuevo y ordenado, mostraba la imagen idílica que Hollywood creó de México durante las décadas de 1930's y 1940's: Un país exótico, pero cercano. "Raro", pero familiar y seguro. De personajes suficientemente extravagantes para salirse de lo "normal", pero en el fondo inofensivos y amigables. De sombrerudos dormidos bajo un cáctus y "señourritas" candentes.

Pero los latinoamericanos y mexicanos también tenemos una imagen "idílica", "hollywoodesca" de un Estados Unidos del pasado: Un país de limpieza, aparatos nuevos y modernidad. De hamburguesas, malteadas y Coca-Cola. De muchachas rubias y voluptuosas, y familias al estilo del programa "I Love Lucy", o las pinturas de Norman Rockwell.

Un país idílico del que buscamos ser parte un poco cada vez que comemos en alguna hamburguesería transnacional. Como los gringos lo tienen de México cada vez que comen en lugares como el restaurancito de Florida.

Irónicamente, estas dos imágenes, tan opuestas entre sí, tienen algo en común: Corresponden a países que nunca existieron. Lástima. (www.cesarfernando.com)

Sunday, January 11, 2009

¿Usted aniquilaría a población civil árabe desarmada por salvar su vida?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Bill es un hombre calvo y alto, altísimo. Pese a sus setenta y pico de años, camina muy erguido. Y siempre lo verán con su gorra de béisbol, sudadera, jeans y tenis.

Es apasionado de la música de coros religiosos, y le encantan los aparatos electrónicos. Bill es muy amable con las visitas, poniéndolas a gusto con sus bromas.

Pero hay un tema en el que Bill no bromea, y es en las cuestiones militares.

Como oficial retirado del Ejército de Estados Unidos, Bill tiene mil anécdotas de su vida en los cuarteles y bases militares en varias partes del mundo donde ha servido a su país.

Hace algunos años, durante una visita a su casa rural del estado de Georgia, platiqué con Bill sobre el tema de moda entonces: El conflicto en el Medio Oriente, israelíes, árabes e Irak.

Tema de moda entonces, antes y, tristemente, ahora.

¿Qué pensaba él, un militar hecho y derecho, sobre las acusaciones contra los ejércitos de Estados Unidos e Israel de "uso excesivo de fuerza", y "masacres de civiles" contra la población musulmana?

Bill hizo una mueca de disgusto. Luego, suspiró.

"Imagínate la escena", comentó casi apabullado. "Un grupo de soldados norteamericanos caminan por una calle, y de pronto les sale un tipo de no sé dónde, y tira un balazo, o activa una bomba... Lo persiguen y al dar la vuelta a la esquina se encuentran en un mercado, en medio de cientos de civiles vestidos como el atacante. Todos físicamente muy parecidos".

"¿Qué esperas que haga un soldado lleno de adrenalina, asustado, constantemente temeroso por su vida, y armado?", me preguntó.

La mayoría de estos soldados no son militares profesionales, sino muchachos de veinte años, recién salidos de la "High School". Quizá jovencitos campesinos no particularmente cultos ni de mundo, que se criaron en pueblecitos perdidos, y se enlistaron porque no tenían otra salida a su pobreza.

Muchachitos que jamás han estado en una situación similar.

Asustados, constantemente estresados... Y armados hasta los dientes.

"Te das cuenta que el terrorista está entre esa multitud, escondido. No sabes si hay más allí, o si todos son terroristas que esperan que te metas entre ellos para atacarte".

Casos ha habido muchos donde militares americanos han muerto por terroristas que se hacen pasar por civiles. Algunos se acercan a bases militares pidiendo ayuda antes de activar una bomba.

¿Quién tomaría el riesgo de ser su próxima víctima?

Esta plática la recordé ayer, al ver de nueva cuenta cómo regresa a los titulares el milenario y eterno conflicto árabe-israelí con las acusaciones en ambos bandos de ataques contra la población civil con cohetes, en la Franja de Gaza en Palestina.

Cierto, es una guerra desigual, es uso excesivo de fuerza. Estoy de acuerdo.

Pero, ¿de qué lado?

No tomo partido entre ningún bando. Además, pienso que a estas alturas, ya es inútil pedir "concertación", "diálogo" y "entendimiento" en un asunto en el que ambas partes ya comprobaron que no respetan estos términos.

El ejército israelí es uno de los más poderosos del mundo.

Pero está en desventaja.

Porque se enfrenta a guerrilleros del grupo Hamas, que juraron la "aniquilación" de toda la población israelí, y que presuntamente han lanzado más de 3,000 cohetes contra la población civil israelí.

Los militares israelíes están acostumbrados al combate convencional, directo, de frente, donde los enemigos están identificados por uniformes, insignias y banderas. Allí estriba su fuerza. Y su debilidad.

Los militantes de Hamas están armados con bombas, granadas, armas automáticas y hasta cohetes. No visten uniformes. Se confunden con la población civil a propósito.

En su "debilidad" --comparada con el ejército israelí-- está precisamente su fuerza, pues pueden huír y esconderse entre la población civil árabe, intencionalmente o no.

Y es allí cuando el ejército israelí es acusado de lo mismo que Hamas: De atacar y diezmar a la población civil árabe.

Siempre es inquietante pensar qué haría yo (o usted) en caso de encontrarse en la misma situación.

Por ejemplo, que a usted lo pongan en medio de una población desconocida, rodeado de personas que se parecen todos entre ellos. En medio de ese grupo, hay un terrorista, o varios. O ninguno.

Usted debe meterse entre ellos. A fuerza.

Sólo hay dos opciones para usted: Probablemente salga vivo. O probablemente lo maten allí mismo, quizá por la espalda, quizá activando una bomba escondida.

Usted está armado. Puede usar su arma para disparar y aniquilar a todo el grupo de una vez, civiles y terroristas por igual. Sin medias tintas.

O puede detenerse y esperar a ver qué hacen. (Y quizá, regresar a su casa en una bolsa de plástico, con los pies por delante, y no volver a ver a su familia.)

Es o ellos, o usted.

¿Usted qué haría? (www.cesarfernando.com)

Tuesday, January 06, 2009

El gusto masoquista de los latinoamericanos de creernos chismes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- “La gente en México y en América Latina es muy desconfiada ya. No cree en nada ni en nadie”.

Esta opinión la he venido escuchando cada vez más de varios amigos y familiares, sobre todo que aún viven al sur de la frontera.

Nuestros gobiernos corruptos son los culpables, me dicen. Por eso la gente no cree nada de lo que les prometen. Ya el pueblo no tiene confianza en nadie.

Yo creo que es al revés. Yo creo que los latinoamericanos somos personas bastante crédulas.

¿Porqué? Porque puede venir cualquier lidercillo, caudillo, dirigentillo sindical y hasta cualquier vecina de la casa de al lado, y allí, en pleno lavadero, contar el chisme más inverosímil, más ridículo y sin fundamento... y todos le van a creer. Es más, hasta eco le van a hacer, y repetir la mentira indefinidamente (agregándole de sus cosechas, claro.)

Ya sea criticando o atacando a vecinos, compañeros de trabajo, o a líderes políticos o al mismo gobierno.

¿Hay alguien que cuestione la veracidad de esas “informaciones”? ¿Porqué si los latinoamericanos dudamos de la palabra de hasta el mismísimo Santo Padre del Vaticano, nunca dudamos de “Cuquita la del departamento de junto”? Misterio.

Y son estas mismas manías las que los inmigrantes mexicanos y de otros países hemos transplantado a Estados Unidos, enteritas e intactas.

Nomas que acá, en vez de chismear sobre si se robaron las urnas electorales con “fraudes cibernéticos”, o el dinero del petróleo, la gente chismea sobre temas más locales. Como las redadas de Inmigracion.

Usted si es inmigrante, haga el experimento: En cada fiesta a la que asista vea como nunca falta un amigo, un vecino, un compadre o un compañero de trabajo que “SABE LA VERDAD”, sobre lo que está pasando. O eso dicen.

No importa que los políticos, el gobierno, las organizaciones sin fines de lucro o cualquier otra “fuente autorizada” diga otra cosa: Todos mienten. Si usted les cree, es un iluso, un inocente manipulado. El “compadre” es quien “todo lo sabe”.

Está de más pedirles pruebas, datos... Eso es "lo de menos". Porque la verdad es así, y hay que creerla. Punto.

Una vez yo hice el experimento. Me llegaron (por veintemillonésima vez) con el chisme de que "La Migra" estaba correteando “paisanos” en un supermercado mexicano de Texas un sábado. Me describieron imágenes desgarradoras de señoras con chiqillos y bolsas de mandado en brazos siendo arrastradas como animales a los autobuses de deportacion, mientras lloraban y se aferraban a la puerta con dientes y uñas.

Todo mundo se alarmó al oír esto. Todo mundo se aterró. Hasta lágrimas asomaron a los ojos de varias personas que escuchaban el pavoroso relato.

Yo simplemente respondí con una pregunta: "¿Quién lo dijo?"

Silencio. Titubeos. Dudas. Ojos cuadrados al ver que sacaba mi libretita de reportero.

"Fiulanita, la del 4", fue la respuesta dudosa.

"¿Ella lo vio?"

Mirada en blanco.

"Si... Bueno, no. Pero casi. Fue su comadre".

“A ver, llamemósle a la comadre”.

Riing... Riing.

"¿Bueno?"

"Comadre, oiga, ¿que usted vio a ‘La Migra’ llevarse gente del ‘súper?’”

“Noooo... Me contaron."

"¿Quien le contó?"

"Doña Menganita, la de la vuelta".

"¿Tiene el telefono de Doña Menganita (la de la vuelta)?"

Me lo dio.

"Doña Menganita (la de la vuelta), ¿que usted vio a ‘La MIgra’ llevarse gente del ‘súper’?"

Silencio

"Bueno... no exactamente... A mi me dijo la cuñada de una amiga de una señora que lo vio. Pero ella sí, lo vio todo en persona".

"A ver".

Asi me fui, tratando de encontrar la hebra de esa enredadera.

Por supuesto, para la tercera llamada la pista se perdió con el consabido: "Bueno, a mí me contaron... No me acuerdo quién..."

Por supuesto, las más básicas reglas reporteriles de la clase de Periodismo de primer grado imponen ir directo a la fuente, es decir, al Servicio de Inmigración. Pero la respuesta de sus voceros de prensa siempre es la misma, casi calcada: “Nosotros no realizamos redadas masivas contra gente inocente, sólo buscamos delincuentes peligrosos con órdenes de detención y deportación”, o algo por el estilo.

No estoy defendiendo a ninguna agencia policiaca. Claro que el Servicio de Inmigración hace detenciones y redadas, es su trabajo. Y claro que siempre van a negar que son masivas, o que están separando familias, o acusaciones similares.

Por eso, siempre trato de recurrir a los afectados directos. Es decir, a la familia de los deportados. O a testigos presenciales.

Huelga decir que nunca aparecen.

Eso sí, siempre están presentes “en espíritu”: En miles de lavaderos a lo largo y ancho de todo Estados Unidos.

Si las detenciones y redadas ya de por sí existen, si son una realidad que ya afecta a miles de familias de indocumentados, ¿qué gusto le halla alguien a aumentar la psicosis inventando encima de todo, redadas imaginarias?

Pero sobre todo, ¿qué gusto masoquista le hallamos los inmigrantes latinoamericanos a creernos tales cuentos, sin cuestionar nada? (www.cesarfernando.com)

Tuesday, December 23, 2008

¿Sueldos de 70 dólares la hora? ¡Con razón las automotrices de EE.UU. están en el hoyo!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- La industria automotriz de Estados Unidos ya está en el hoyo. Y quizá sea imposible que se recupere.

A pesar de las solicitudes de la Casa Blanca, de las súplicas de los presidentes de la GMC, Ford y Chrysler, y de los intentos del Congreso, no se aprobó el tan ansiado (y costoso) rescate financiero de 15 mil millones de dólares.

El propio presidente George W. Bush, quien había estado optimista, habló de que el siguiente paso serían “bancarrotas escalonadas y ordenadas”.

¿Valía la pena que el gobierno de Estados Unidos “salvara” a las automotrices? Habían opiniones encontradas. La mayoría de la gente estaba en contra, porque ello significaría “premiar” los excesos y la mala administración de sus gerentes. (Entre ellas, su necedad de no invertir en autos híbridos, porque las camionetas y SUV’s les dejaban pingües utilidades, aunque engullieran combustible.)

Por lo tanto, la quiebra es un justo premio a su incompetencia, razonan los norteamericanos. “A mí nadie va a venir a rescatarme mi negocio si meto la pata”, me comentó un pequeño empresario en las calles de Florida días atrás. “¿Porqué las grandes corporaciones tienen que ser distintas? Busquen una solución capitalista: Váyanse a la quiebra y comiencen de nuevo”, me dijo otra persona.

Un tema, sin embargo, quedaba en el aire: Los trabajadores. Miles de empleados de las plantas de “Los Tres Grandes” se irían a la calle, con el consiguiente sufrimiento para sus familias, sus comunidades y la economía en general.

¿El salvar esos empleos no justificaría el rescate financiero?

En principio, sí. La gente simpatiza con los trabajadores y sus familias. Son “norteamericanos típicos”, piensan.

Pero un reciente reportaje del periódico USA Today puso las cosas en perspectiva.

El artículo relataba las peripecias de una familia “típica” de trabajadores de la planta de Chrysler en Kokomo, un pueblecito del estado de Indiana donde la mayoría de sus residentes dependen de la industria automotriz.

La pareja Mike y Tina Durham, de 41 y 37 años de edad, trabaja en la planta desde hace años. Mike es obrero automotriz de cuarta generación, según el diario.

Ni Tim, ni su esposa Tina tienen estudios universitarios, apenas se graduaron de la “High School”. Pero la familia vive con sus tres hijos en una espaciosa casa tipo rancho, y poseen dos camionetas, una pick up Dodge Ram y una Durango. Según el artículo, los Durham confesaron que comían en restaurantes cinco veces a la semana, y se tomaban “varias vacaciones al año“.

¿Su salario? 65 mil dólares al año, lo que se traduce como 70 dólares la hora, incluyendo prestaciones, seguros médicos, y otros beneficios. Por cada uno de ellos.

Además, en caso de ser despedidos, su sindicato (La poderosa United Auto Workers, o UAW) les garantizaba el 95 por ciento de su salario.

Lo más irónico es que, al igual que muchos otros empleados automotrices, los Durham aún no pueden comprender porqué la crisis los alcanzó, si les iba tan bien.

He ahí la paradoja. ¿Empleos de 65 mil dólares al año, sin haber pisado la universidad, construyendo camionetones que devoran gasolina, y con un sindicato que los mimó por décadas… y esperaban que durara siempre?

¡Con razón están en el hoyo!

Las empresas japonesas se tardaron treinta años, pero al final, alcanzaron y rebasaron a las complacientes firmas norteamericanas.

Ello no quiere decir que no puedan recuperarse, pero las medidas serán dolorosas y lentas.

Los lectores del USA Today expresaron su indignación ante esta situación. Y si tenían alguna simpatía por los trabajadores, se esfumó al conocer su lujoso estilo de vida.

“No son celos, pero hay algo muy malo en esto”, dijo un lector de la versión de internet del USA Today, tras leer la “tragedia” de los Durham. “Yo soy un enfermero titulado, con licenciatura… Parte de mi trabajo incluye insertar cateters en las vejigas de mis pacientes, tubos en sus estómagos y en sus venas, leer electrocardiogramas y monitorear a la gente en estado crítico…Por favor, NO comparen mi trabajo con un empleado de una línea ensambladora cuyo única labor es instalar defensas a un chasis y golpearlas con un mazo… Y YO NI SIQUIERA ganó 65 mil dólares al año, ni mis prestaciones y retiro se comparan a los de ellos”.“No, no tengo simpatía para esas personas”, concluyó.

Por lo menos, la familia Durham tiene una esperanza para el futuro. Su hijo de 12 años dijo al reportero del USA Today que no quería trabajar en uan fábrica automotriz cuando crezca.

“Voy a postularme para un puesto público”, dijo el niño, según el periódico. “Siempre habrá un gobierno”. (www.cesarfernando.com)

Saturday, December 13, 2008

¿La corrupción no es la misma en todos lados?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Los recientes escándalos de corrupción "de alto nivel" en Estados Unidos parece que confirmaron lo que comentamos en mi artículo anterior: En Estados Unidos los cacos no se contentan con "small potatoes".

(Si van a robar dinero del cajero automático, se llevan toda la máquina.)

Caso ejemplar y típico: El (quizá próximo ex) gobernador del estado de Illinois, Rod Blagojevich, quien fue arrestado por "subastar" al mejor postor el escaño del Senado que dejará vacante el presidente electo Barack Obama.

Claro, los republicanos de inmediato se fueron sobre el caso porque Blagojevich resulta que es demócrata. Y lo consideran un caso "típico" de la corrupción demócrata.

Lo que no dicen, es que el antecesor de Blagojevich en la gubernatura de Illinois, George H. Ryan, también fue arrestado y está purgando condena en una prisión federal por "vender" licencias, contratos y prebendas a empleados estatales durante un cargo anterior. Y Ryan es republicano.

Pero eso no es todo: Bernard Madoff, ex presidente de la bolsa de valores Nasdaq, enfrenta ahora cargos de defraudar a inversionistas por la friolera de 50 mil millones de dólares.

Corrupción hay en todos lados. La enorme diferencia es el calibre de ésta en Estados Unidos. Los corruptos norteamericanos no se andan con chiquitas.

Pero más importante, creo yo, es que en Estados Unidos al menos existen los mecanismos para enjuiciar y poner tras las rejas hasta al más poderoso. Aunque no siempre tenga éxito y esté plagado de lagunas, errores, manipulaciones, y sea excesivamente caro, por lo menos el sistema judicial de Estados Unidos sí tiene mucho más margen de maniobra e independencia que en otros países. Por lo menos en teoría.

¿Cuántos gobernadores hemos visto que hayan sido enjuiciado durante su gestión en América Latina por corrupción? No muchos. La inmensa mayoría sigue en su cargo, y siguen siendo "preciosos". Y esto no significa necesariamente que sean menos corruptos que sus colegas gringos.

¿Cuántos ex presidentes de bolsas de valores o grandes capitalistas latinoamericanos han sido acusados de estafar inversionistas y clientes, como Madoff? Que yo sepa, ninguno. Y lo mismo: Esto no quiere decir que no exista corrupción o malos manejos.

El problema, es que cuando un funcionario o un empresario latinoamericano es arrestado, generalmente ocurre por cuestiones políticas. Porque cayó de la gracia del gobierno en turno, o porque sus "palancas" no fueron tan fuertes como las "palancas" de sus enemigos.

Lo que para un político o empresario norteamericano sería el acabóse de su carrera (caer en la cárcel), en América Latina es simplemente un "impasse", uno de los costos asociados con hacer negocios con el poder.

La prueba está en que, una vez que cambia el gobierno, estos "criminales" mágicamente salen de la cárcel revindicados. Y hasta regresan a sus puestos y rehacen sus carreras, como si nada.

Cuando fui reportero en México vi muchos casos de esos: Alcaldes, políticos, empresarios, líderes sindicales y cualquier poderoso que se ponía a las patadas con el gobierno, terminaba "guardadito" por un tiempo, hasta que al "Gran Tlatoani" se le bajara el coraje, o dejara la silla. Una vez cumplido este requisito indispensable, el acusado veía los cargos esfumarse, "por falta de pruebas". Y al día siguiente volvía a su oficina como si hubiera regresado de vacaciones.

Cierto, corrupción existe en todos lados, pero parecería que no es la misma.

O al menos no se enfrenta igual.

¿Diferencias de cultura, supongo?

¿O de falta de? (www.cesarfernando.com)

Wednesday, December 10, 2008

¿Quiénes saquearon la máquina expendedora? ¡Los mexicanos!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Unos mexicanos andaban una vez de aventura por un país avanzado de Europa, según me contó un amigo.

(No, no es cuento de Pepito.)

Cuál no fue su sorpresa al ver en la calle una máquina expendedora de cigarros.

Lo más increíble para estos mexicanos aventureros: Las máquinas se abrían cuando uno les metía monedas... ¡y permitían al cliente acceso a todas las cajetillas de cigarros!

La gente de aquel país, por supuesto, civilizada y primermundista como era, solamente se atrevía a sacar una cajetilla de cigarros, y después cerraba respetuosamente la puertecilla y seguía su camino.

Para la gente de aquel país esta acción no era rara. A fin de cuentas, si uno paga por una cajetilla, una cajetilla era lo único que debería llevarse, ¿no? Es lo justo.

"Qué inocentes", pensaron quizá esos turistas, alzándose el pecho ante la oportunidad de dar una cátedra del "ingenio" mexicano (o lo que quizá ellos consideraban como tal).

Y para no quedar mal a la famita, se lanzaron a meter monedas en la máquina... pero obviamente no sacaron solo una cajetilla de cigarros sino ¡todas!

Entre risas y burlas, los "abusados" amigos se largaron al hotel, a esconder el premio de su "ingenio mexicano". Lo último que supieron es que policías los estaba buscándolos, extrañadísimos de que a alguien le interesara robarse cajetillas de cigarros.

Sí, debo estar de acuerdo que en ese sentido, los avanzados europeos sí pecaban de inocentes. De extremadamente civilizados.

Desafortunadamente, episodios como éste explican porqué en países como México (además de las consideraciones legales) es un sueño inalcanzable instalar máquinas expendedoras de cigarros o de periódicos o de cualquier cosa.

Y me refiero al tipo de máquinas que permiten al cliente abrir una puerta para sacar el producto.

Claro, hay en América Latina muchas máquinas expendedoras. Pero éstas no permiten meter mano: El producto cae por una ranura, nada más. Y generalmente la ranura es tan estrecha, que a duras penas cabe la mano del propio cliente.

Y además de todo, estas máquinas están generalmente enjauladas bajo barrotes de acero reforzado, porque no ha faltado quien se quiera robar hasta la máquina.

"Es que nuestra gente roba por culpa de la pobreza, de la necesidad", me explican algunos. "Tantos años de sufrir como víctimas de la opresión de las grandes potencias".

???

Bueno, en lo poco o mucho que he logrado viajar en mi vida, he encontrado que en países como Estados Unidos también hay gente pobre y necesitada. Gente que ha sufrido como víctimas de la opresión, y sin embargo, no se roban periódicos de las cajas expendedoras.

A lo que voy es que quizá esto sea cuestión de cultura, de civilidad.

(O de falta de, precisamente.)

Para un norteamericano promedio, muchas de las "transas" que acostumbramos nosotros los latinoamericanos son inconcebibles.

Y también los propios gringos a veces pecan de ingenuos: Una vez, un norteamericano de raza negra no se la podía creer cuando un inmigrante mexicano le contó que los indocumentados compraban documentos de identificación falsos.

"¿De verdad se puede hacer eso?", preguntaba extrañadísimo el hombre. Para él era como si le estuvieran contando un encuentro con extraterrestres.

Cosas como esta no pasan en Estados Unidos. Los norteamericanos NUNCA se atreverían a andarse robando cajetillas de cigarro o periódicos de máquinas expendedoras, por Dios, cómo crees...

(Pausa intencional para permitir que los anti-yanquis se indignen, griten y pataleen y me acusen de lamebotas de los gringos.)

¿Robarse una caja de cigarros? Por favor. Eso los cacos norteamericanos lo denominan "small potatoes" (algo así como "pecadillos").

Claro que en Estados Unidos los rateros no se roban los periódicos de las máquinas expendedoras... porque en vez de eso cargan hasta con la máquina.

En Florida y en Texas he visto casos de gente que hasta roba los cajeros automáticos de bancos.

Pero no me refiero que se roba sólo el dinero del cajero, no: Se roban el cajero COMPLETO: Usan una camioneta pick-up, con una grúa y cadenas, y arrancan el cajero hasta con pedazos de la pared.

O sea, los delincuentes norteamericanos prefieren cometer crímenes que valgan la pena, en vez de andarse robando cajetillas de cigarros o periódicos.

Hasta en el calibre de la visión delictiva hay diferencias entre el Primer y Tercer Mundo... (www.cesarfernando.com)

Friday, November 28, 2008

La "Obamamanía" da paso al "Obamamercantilismo"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida-- Yo sé que este es el país del comercialismo, pero hay cada cosa que a veces me deja perplejo.

Por ejemplo, el comercialismo de la "obamamanía". O más bien, "obamamercantilismo".

Veo en comerciales de TV que venden todo tipo de artículos con la efigie o el nombre del presidente electo Barack Obama, como si se tratara de una nueva marca comercial.

(Que de hecho lo es, así manejó su campaña el propio presidente electo.)

Uno solamente debe entrar a sitios de internet de ventas como amazon.com o ebay.com para ver toda la cantidad de objetos y hasta "mementos" que se venden.

Y no se trata solamente de pósters, camisetas, calcomanías o botones de metal, como cualquiera pensaría. Para nada.

Hay de todo: Desde juguetes (o perdón, "figuras de acción") de Obama, hasta máscaras, cómics, carteles de tamaño natural y vaya usted a saber qué más.

Una empresa anuncia con fervor una "oferta única" de un platito conmemorativo de Obama (claro, "edición limitada de colección"), al módico precio de $19.95.

("Incluye un Certificado de Autenticidad. ¡Llame ya, mientras dura la oferta!" )

El triunfo de Obama es histórico, nadie quiere quitarle su mérito. Pero no deja de ser curioso pensar si esta euforia hubiera ocurrido en caso de haber ganado John McCain.

(Un pobre tipo decía que todavía estaba tratando de deshacerse de 5,000 botones de campaña que guardó de recuerdo de la última elección de George W. Bush, y nadie los quiere "ni regalados".)

La obamamanía al menos permitió a los moribundos periódicos un respirito. Por primera vez en muchos años, los medios impresos han podido vender miles de dólares en ejemplares.

El periódico donde trabajo hasta sacó una "Extra", una edición especial (claro, conmemorativa y de colección) al día siguiente de las elecciones. Y los vendió como pan caliente.

Eso, aparte de la edición real del día, donde se reportaba el triunfo de Obama. Ambos números se agotaron.

La gente se arrebataba esos periódicos en la calle. Y cuando los tenía en su poder, los trataba con pincitas: Los meten en bolsas preservadoras, libres de ácido y esperan volverse multimillonarios en el futuro cuando vendan esa edición a ávidos coleccionistas deseosos de pagar "lo que sea".

El problema es que... TODOS los periódicos hicieron lo mismo. Sacaron sus "Ediciones Conmemorativas Limitadas" (por cupuesto, "limitadas" significa que dejaron de imprimir ejemplares hasta que las rotativas se cansaron) y los clientes corrieron a comprarlas.

Hasta en internet se vendieron. Por ejemplo, en ebay.com, venden un ejemplar del USA Today sobre la victoria de Obama a ¡300 dólares!

(Eso sí, le descuentan los gastos de envío.)

Supongo que dos de cada tres habitantes de este país está convencido de que se convertirá en el próximo Bill Gates gracias al pedazo de papel impreso con la cara de Obama.

Un experto en antigüedades comentó al periódico Chicago Tribune que, con todo el dolor de su corazón, tuvo que decirle a su padre que los periódicos sobre el asesinato de John F. Kennedy que su abuelo había guardado con tanto celo durante 45 años no valían mucho más de lo que había pagado por ellos en 1963.

Pero eso no les importa a los coleccionistas. Empresas han recibido pedidos de la "obamamercadería" hasta de Francia, la India, y China.

Eso, sin contar las ventas de los libros escritos por el propio Obama, que ya son "best-sellers".

El triunfo de Obama sí es histórico.

Pero para los "emprendedores" es un gran negocio. Y también para uno que otro "vivales". (www.cesarfernando.com)

Monday, November 17, 2008

"La Estrellita"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Cuando era joven, mi mamá instaló una pequeña papelería, allá por la década de los ochentas.

"La Estrellita", se llamaba.

Había clientela. El problema es que los principales clientes éramos nosotros.

Eso sí, mi mamá impuso una regla muy clara: Si vas a llevarte aunque sea un lápiz del negocio, págalo. Y la cumplíamos religiosamente con la orden.

Bueno, yo sí, al menos. Ingenuo de mí.

Pero, ¿de dónde creen que nosotros, los hijos de la dueña, íbamos a sacar el dinero para "pagar" nuestras mercancías "adquiridas" de "La Estrellita"?

Pos de mi mamá, por supuesto. Ninguno de nosotros trabajábamos (Si descontamos, claro, el trabajo que hacíamos atendiendo la papelería, por el que mi mamá tampoco nos pagaba, por cierto).

A veces, para comprar algo, mi mamá simplemente tomaba dinero de la misma papelería. Nos lo daba... y nosotros terminábamos devolviéndolo tras llevanos cualquier cosa de los anaqueles.

Una vez, un hermano mío me hizo una pregunta: "¿Qué son las divisas?"

Yo acababa de entrar a la preparatoria y tenía mis primeras clases rudimentarias de economía, así que ya más o menos sabía algo.

El problema es que mi capacidad de elocuencia nunca fue muy potente que digamos.

Así, en medio de un remolino de terminajos incomprensibles, y viendo la cara en blanco de mi hermano, por fin y sin saber cómo, le solté casi a gritos: "Divisas es lo que necesitamos para que la papelería progrese: Que entre dinero de fuera, no que ganemos el mismo dinero que nosotros gastamos".

Muy simplista la explicación, pero en retrospectiva me doy cuenta que fue un golpe de brillantez de mi quinceañera cabecita.

Me acordé de la anécdota al ver la situación que está pasando con la industria petrolera en México, y la "reforma" que traía del chongo a legisladores (unos en favor, otros en contra).

(Por supuesto, ni "La Estrellita" es Pemex, ni los cuadernos Polito o los lápices Mirado que vendíamos en la papelería son la mezcla de crudo mexicano... Pero aunque en diferentes escalas, las bases económicas son las mismas.)

Todos los países del mundo (hasta los ultracomunistas Cuba y Corea del Norte) permiten inversiones extranjeras en la extracción de petróleo de sus subsuelos.

Todos, menos México.

Yo no tengo nada contra ninguna ideología, ni de izquierda ni de derecha. Mi filosofía es simple y mercenaria: Pruébalo, si no funciona, cámbialo. Punto.

Siempre he dicho que podemos tomar lo bueno del socialismo (que lo tiene, al menos en teoría), con lo positivo del capitalismo (que también lo tiene, igual al menos en teoría).

¿Para qué perder el tiempo recordándole al vecino los defectos de cada sistema, que todos ya conocemos?

Si Rusia metió la pata con el socialismo, bueno, fue su problema. Nosotros no somos Rusia. No significa que tengamos que cometer sus mismos errores.

Si Estados Unidos ha metido la pata con el capitalismo (como ahora, con la crisis económica causada por el "dejar hacer, dejar pasar" de la administración Bush), eso no significa que cualquier país de América Latina tenga que cometer los mismos errores. No somos Estados Unidos, ni queremos serlo.

Bueno, sí queremos serlo, pero en lo positivo, no en lo negativo. Igual, nos convendría copiar lo positivo que tenga Rusia, Cuba, Chile o Singapur.

(¿Quién quiere copiarle los barros y las espinillas a la gente guapa?)

¿Porqué no lo pensamos así? ¿O qué, es que no podemos copiar sólo lo bueno? ¿Tan poca fe tenemos en nosotros mismos?

El miedo que tienen algunos legisladores y sus partidos es a "fallar". A que la decisión termine por "hundir al país", o "vender lo nuestro", a "los buitres del dinero".

Puede ser. Puede pasar. Pero si pasa, se cambia.

Las fallas son imposibles de evitar. Más aún, son hasta necesarias, son como un termómetro que nos puede decir pa' dónde virar la nave.

Se corrigen y a otra cosa.

Pero esto se debe hacer sin dogmas, ni ideología. Hay que ser prácticos. Usar lo que nos sirva, tirar el lastre.

Hay que copiar lo bueno.

¿Estaremos faltos de originalidad si copiamos? ¿Faltos de idiosincracia propia? Quizá.

Pero, ¿quién tiene originalidad e idiosincracia propia? Todos los países y culturas son una mezcolanza de ideas, copias e influencias. Es un darwinismo histórico, una mezcla de montones de genes de todos lados, que por azar dan como resultado engendros horrendos, pero también ideas novedosas y quizá mejores que los genes originales.

En México, la papelería "La Estrellita" que es el petróleo, se está cayendo a pedazos, porque no queremos que se metan "extraños" a "quitarnos lo que con tanto trabajo nos costó". Y nos aferramos a los lápices, borradores y cuadernos.

No se nos ocurre que esos cuadernos, lápices y borradores están para venderse (¿qué caso tiene que nosotros mismos los compremos, con el mismo dinero? ).

Además, las condiciones y el precio lo imponemos nosotros. Al que no le guste, que se vaya a otra parte, a nadie se le va a obligar a comprar.

Y aún así, sobrarán compradores dispuestos a aceptar nuestras condiciones y nuestro precio...

... Claro, si es que de verdad queremos que nuestra tienda venda. (www.cesarfernando.com)

Sunday, November 09, 2008

Lástima que John McCain no fuera candidato presidencial latinoamericano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Recuerdo que cuando era un adolescente aprendiz de karate, en un torneo vi como uno de mis compañeros (un niño de unos 8 años) perdió una contienda. Según, porque el árbitro le había robado puntos a favor del contrincante.

El niñito llegó llorando hasta donde estaba nuestro maestro, Masaaki Sumida, de origen japonés.

El maestro Sumida lo vio y le dijo claramente: "Usted sólo puede llorar si gana... Jamás debe llorar si pierde".

Palabras terriblemente ciertas. Me acordé de ellas, irónicamente, 20 años después, al ver los discursos tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la noche del martes 4 de noviembre.

No tanto por el discurso del candidato ganador, el ahora presidente electo Barack Obama, sino por el de su adversario, el candidato republicano John McCain.

McCain obtuvo más de 57 millones de votos, contra los más de 65 millones de Obama. Eso significa que casi la mitad de Estados Unidos apoya a McCain. Un poder político enorme, aunque no hubiera resultado electo presidente.

Aún así, su discurso me dejó pasmado: Un discurso respetuoso y respetable.

"El pueblo ha hablado, y ha hablado claramente", dijo McCain ante cientos de seguidores reunidos en Phoenix, Arizona. "He tenido el honor de llamar al senador Barack Obama para felicitarlo por haber sido electo el próximo presidente del país al que ambos amamos".

Esta frase les cayó como torpedo a muchos de sus seguidores. De inmediato se escucharon expresiones de indignación, de decepción y hasta coros de "¡No, no!" entre la audiencia. McCain los calmó levantando las manos.

"El senador Obama y yo hemos discutido nuestras diferencias, y él ha prevalecido. No tengo duda de que muchas de esas diferencias aún continúan", prosiguió McCain, ante el pasmo de algunos de sus seguidores, quienes quizá esperaban un llamado a tomar las armas. O una incitación a la desobediencia civil.

Después de todo, el país estaba dividido, ¿no? 52 millones de votos es un poder enorme para un hombre.

McCain, sin embargo, no hizo caso. En cambio, prosiguió su discurso en un tono conciliador y maduro: "Estos son momentos difíciles para nuestro país. Y le prometo esta noche (a Obama) hacer todo lo que esté en mi poder para ayudarlo a conducirnos a través de los muchos desafíos que enfrentamos".

"Les ruego a todos los americanos que me apoyaron a unirseme no sólo en felicitarlo, sino a ofrecer a nuestro nuevo presidente nuestra buena voluntad y ferviente esfuerzo para unirnos en encontrar los compromisos necesarios para solucionar nuestras diferencias", continuó, mostrando un aplomo y unos pantalones del tamaño del mundo.

"Cualesquiera que sean nuestras diferencias, todos somos americanos... Es natural sentir cierta decepción esta noche, pero mañana debemos seguir adelante y trabajar juntos para hacer que nuestro país avance de nuevo".

Sobre todo, McCain fue muy claro al decir que "aunque nos quedamos cortos, el fracaso es mío, no de ustedes... Cada candidato comete errores, y seguro que yo cometí los míos".

(O sea, nada de trampas, robos, complots, fraudes cibernéticos o a la antigüita. Como líder ejemplar, McCain asumió su responsabilidad también de los fracasos.)

Pero aclaró: "No pasaré un momento más lamentando lo que pudo haber sido".

A continuación, dijo que agradecía a la campaña y a la gente por darle "una audiencia justa antes de decidir que el Senador Obama debería tener el honor de dirigirnos por los próximos cuatro años".

En eso, se escucharon abucheos de la multitud, que ya para entonces estaba llorando de frustración y algunos quizá afilando cuchillas. McCain pidió compostura y acalló a la gente. Su gente.

"Fui candidato al más alto cargo del país que amo tanto, y ahora permaneceré como su siervo. Esa es bendición suficiente para cualquiera".

Qué integridad, pensé. Qué madurez cívica y política. Independientemente de su afiliación partidista, esta clase de políticos casi ya no se dan, desafortunadamente.

Luego, vino la estocada final: "Esta noche, más que nunca, no tengo en mi corazón nada más que amor hacia este país y a todos sus ciudadanos, los que me apoyaron a mí o al senador Obama... Deseo buena fortuna al hombre que fue mi oponente, y que será mi presidente".

Ya para entonces, yo ya me había puesto de pie ante la televisión, ante la estatura increíble de estadista de un candidato que si no merecía ganar, al menos sí merece nuestro respeto por su integridad y agallas.

Mi mente voló dos años atrás, a una noche de julio de 2006, al terminar las elecciones presidenciales de México.

Si yo hubiera escuchado un discurso similar aquella vez, también me hubiera puesto de pie y hubiera aplaudido al candidato perdedor, Andrés Manuel López Obrador. En serio.

De haber sido así, hoy, apenas a dos años de distancia, sería el político más poderoso del país. Quizá incluso más que el propio presidente de la república, Felipe Calderón.

Y, aunque López Obrador no tuvo mi voto, seguramente yo lo hubiera considerado seriamente como mi candidato para las elecciones del 2012.

Porque la política siempre es la misma. Iniciativas de ley e ideologías van y vienen, pero lo que queda siempre es la integridad de la persona.

Eso se demuestra en momentos difíciles, como perder una elección.

Pero no ocurrió así. La historia fue muy distinta. Desafortunadamente para López Obrador y sus seguidores, y afortunadamente para sus adversarios.

También he visto integridad y madurez tras las elecciones de Estados Unidos, pero entre ciudadanos comunes y corrientes. Algunos han escrito sus opiniones en cartas a los periódicos. Aquí en Fort Myers, el periódico The News-Press recibió algunas como en todo el país.

Estas son algunas de esas opiniones:

"Así como critiqué a los demócratas que insultaban al Presidente Bush, así ahora pido a los que no votaron por Obama, como yo, que lo respeten como el presidente electo", dijo una joven universitaria llamada Shannon York, de Alva, Florida.

"Yo no apoyé a Obama, y francamente, estoy aterrorizado de la dirección que nuestro país decidió el 4 de noviembre... la decisión de una sociedad con el cerebro lavado por los medios liberales... Aún así, ¡soy americano y Barack Obama es mi presidente! Voy a apoyar al Presidente Obama. Ese es mi deber. Oraré porque dirija al país que amo con sabiduría y con la divina guía de nuestro creador", escribió Jay Lawrence de Cape Coral, Florida.

El columnista Dan Warner escribió: "Yo no voté por Barack Obama... (pero) debo cambiar mi actitud. Debo apoyar a mi nuevo presidente".

Claro, hay otros --muhos-- que atacan, que reniegan. Pero este es el espíritu de la democracia. No es el fin del mundo. Los demócratas sobrevivieron ocho años de dos administraciones republicanas. Y al terminar, el país volvió a votar y decidió que era tiempo de cambiar.

Si a alguien no le gusta Obama, en cuatro años Estados Unidos vuelve a votar. Si Obama no cumplió la expectativas, saldrá. Punto. Esas son las reglas del juego. Así funciona la democracia, con una boleta en las casillas, no con una pancarta en las calles.

El lema de Estados Unidos es "E pluribus unum", una frase en latín que se traduce como "De muchos, uno". Modernamente se podría traducir algo así como la frase de los Tres Mosqueteros: "Todos para uno, y uno para todos".

Desafortunadamente, parecería que en América Latina nuestros políticos usan otro lema, muy similar pero al mismo tiempo lo opuesto: "Divide y vencerás".

Lástima que John McCain no fuera candidato presidencial mexicano o latinoamericano. Necesitamos más como él en nuestros países. (www.cesarfernando.com)

Wednesday, November 05, 2008

Futuro

EN CIEN PALABRAS

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Quizá fuera de Estados Unidos la victoria de Barack Obama no parezca mucho. Pero para un país donde los negros eran tratados peor que animales hace medio siglo, es, como dijo un diario inglés, "un salto enorme para la humanidad".

Bernice King, hija del mítico líder Martin Luther King, Jr., lo expresó así: "Mi padre estaría orgulloso de (este país)".

Podremos criticar los defectos de Estados Unidos, pero hay que reconocer su enorme capacidad de corregirlos.

Países de larga tradición consideran a EE.UU. una nación de advenedizos.

Quizá los norteamericanos no conserven su pasado, por estar ocupados creando su futuro.

(www.cesarfernando.com)

Tuesday, November 04, 2008

Se hizo historia...

Barack Obama, candidato "de color", sin experiencia, de nombre arriesgado, de padre musulmán y extranjero, fue electo presidente de Estados Unidos.

El pueblo norteamericano logró por fin exorcizar uno de sus peores traumas.

Hoy se hizo historia.

Elecciones históricas para el mundo

Llegó el Gran Día para Estados Unidos. Las elecciones presidenciales.

Como cada cuatro años. Y como nunca antes.

Porque por vez primera, los norteamericanos van a elegir a un presidente que puede ser de más de 70 años de edad.

O a un presidente de raza negra. A 140 años de la Guerra Civil.

Hace apenas 50 años era imposible que una persona "de color" pudiera viajar en un autobús con un blanco, o comer en su misma mesa. Ahora, quizá los norteamericanos elijan a uno como su líder.

O quizá eljan a una mujer como vicepresidenta, apenas a 80 años de que las mujeres lograran el derecho a votar.

Pese a las encuestas, esto está de pronóstico reservado. He visto republicanos que apoyan furiosamente al demócrata Barack Obama, y a demócratas que, decepcionados porque Hillary Clinton salió de la contienda, le ofrecen su apoyo al republicano John McCain.

Las encuestas sitúan a ambos candidatos empatadísimos en varios estados.

Y a pesar de que algunos pronostican que Obama arrasará, hay que tomar en cuenta que como nunca antes, la gente se volcó a votar en las elecciones anticipadas, dos semanas anrtes.

MásUn alto porcentaje de los electores de Florida ya depositaron su voto antes del día de la elección. Lo que nunca.

Esos votos tempranos podrán dar al traste con las famosas "encuestas de salida". Hasta que no se cuente el último voto, no podrá haber resultado definitivo.

No sólo los norteamericanos esperan sin aliento el resultado: El mundo entero ya se adueñó de esta elección como si fuera propia.

Aunque suene cacareado, es verdad: Para bien o para mal, es un día histórico.

Para Estados Unidos y para el mundo.

Sunday, November 02, 2008

Los norteamericanos: Portentos en el aprendizaje de idiomas extranjeros

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Hay un chiste muy repetido en Estados Unidos, que ya me tiene harto.

Contra mis principios, lo voy a repetir aquí no porque suponga que usted no lo sabe, sino para ilustrar un punto:

"¿Cómo se les llama a los que hablan muchos idiomas? Respuesta: Políglotas. ¿Cómo se les llama a los que hablan tres idiomas? Trilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan dos idiomas? Bilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan un sólo idioma? Norteamericanos".

(Ya. Lo hice. Lo repetí. Y sobreviví. Risas, por favor.)

Yo sé que muchas personas están de acuerdo con este chistecito. Porque los norteamericanos, gracias a la comodidad de que casi todo el mundo comprende o habla el idioma inglés, y a que casi no tienen vecinos geográficos, históricamente no se han visto obligados a aprender un segundo idioma.

No como los europeos, que hablan desde chicos dos o hasta más idiomas. Vaya, ni siquiera como los propios latinoamericanos, donde muchos hablan inglés de manera desde rudimentaria hasta experta, o quizá hasta otro idioma, o incluso lenguas indígenas.

Bueno, pero quiero aclarar algo: El chistecito es mentira. No es verdad que los norteamericanos sean ignorantes en cuanto a idiomas extranjeros se trate.

Al contrario, desde que llegué a Estados Unidos, me he dado cuenta de exactamente lo opuesto: Los norteamericanos son más que políglotas. Son verdaderos portentos del conocimiento de lenguas extranjeras.

Mucho más que el resto del mundo.

¿Cómo lo sé? Porque eso es lo que los norteamericanos dicen.

En cualquier discusión que he participado sobre idiomas(de frente o en foros de internet, o incluso en las cartas a los periódicos) siempre me encuentro con esta letanía de parte de los norteamericanos que se oponen a la inmigración y al idioma español en Estados Unidos:

"Si yo me fuera a vivir a México, aprendería español".

(A veces esta frase se puede intercambiar con otras similares: "Si yo me fuera a China, aprendería chino. Si me fuera a Francia, aprendería francés", etcétera.)

Claro, estas frases salen a propósito del tema de los inmigrantes latinoamericanos (sobre todo mexicanos) a quienes estos norteamericanos desprecian por no aprender inglés apenas cruzan la frontera, por hablar con acento o por osar leer o escribir en español estando en Estados Unidos, por Dios.

Y claro, de paso acusando a estos inmigrantes latinos de no aprender inglés por "pereza", "ignorancia" o simple y sencilla maldad hacia los Estados Unidos.

A estos portentos norteamericanos de los idiomas les vienen las habilidades de las lenguas por genética: Siempre rematan sus opiniones recordando a sus antepasados, los cuales (invariablemente) siempre aprendieron inglés instantáneamente en cuanto pusieron un pie en Ellis Island. Al entrar a Nueva York, ya eran expertos en el idioma de Shakespeare, como por ósmosis.

Nunca batallaron, nunca leyeron periódicos en sus idiomas nativos, nunca tuvieron acentos, y nunca más osaron hablar en sus lenguas de nacimiento. O al menos eso dicen sus orgullosos descendientes.

Esos anteriores inmigrantes (italianos, rusos, polacos y alemanes) eran verdaderos portentos, porque aprendieron un inglés perfecto, inmediato e instantáneo, pese a que la inmensa mayoría de ellos eran iletrados en sus idiomas nativos. Y pese a que el inglés sea (junto al chino) quizá uno de los idiomas más difíciles de dominar ya de adulto.

O al menos, repito, esto es lo que nos quieren hacer creer sus descendientes, a los que ya se les olvidó que el ser irlandés, italiano, polaco, ruso o alemán fue durante mucho tiempo considero hasta peor que hoy en día ser mexicano.

Pero volviendo al tema principal: Estos descendientes (norteamericanos actuales) se llenan la boca diciendo que ellos, en caso de ser inmigrantes en un país extranjero, no tendrían ningún problema en adaptarse, y hablar el idioma local.

Ja. ¿En serio?

Eso se puede comprobar fácilmente. Basta ir a ver a las comunidades de retirados norteamericanos que viven en países extranjeros, como México: La inmensa mayoría de ellos nunca logran aprender español perfecto, fuera de algunas frases básicas. Y el resto de ellos ni siquiera lo intenta.

Y los que sí logran aprender el idioma, tienen que aceptar el hecho de que jamás lo hablarán con la fluidez del nativo.

Lo cual no es raro: Aprender idiomas es muy difiícil. Requiere compromiso, tiempo, interés, y constancia. Y eso se logra después de muchos años de estudio. Lo cual se dificulta doble cuando uno ya es adulto.

(Eso sin mencionar los obstáculos biológicos y sicológicos: Cualquier experto le dirá que si no aprende un idioma extranjero a edad temprana, nunca lo hablará como nativo.)

No estoy atacando a los inmigrantes o retirados norteamericanos que viven en América Latina. Muchos de ellos hacen un verdadero esfuerzo por adaptarse. Pero otros, no. Y estarán de acuerdo conmigo de que aprender idiomas es una labor súper interesante y enriquecedora, pero al mismo tiempo pesada, frustrante y exigente.

No es que a los latinoamericanos nos falte un tornillo, o seamos más perezosos que los norteamericanos: Lo mismo que están sufriendo los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos con el inglés, lo sufren los inmigrantes norteamericanos en América Latina con el español, ni más ni menos. Y esto nunca lo mencionan los extremistas norteamericanos.

En este sentido, es injusto criticar a los demás por batallar con una labor que nosotros mismos ni siquiera hemos intentado.

Como decimos en México: De lengua, me como un taco.

(www.cesarfernando.com)

Complots



EN CIEN PALABRAS


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

En países latinoamericanos, los izquierdistas se rasgan las vestiduras, protestando porque las empresas norteamericanas traigan inversiones, diciendo que atentarían contra la soberania.

Mientras, en Estados Unidos los derechistas se rasgan las vestiduras, protestando porque las empresas estadounidenses lleven inversiones a países latinoamericanos, porque se llevarían empleos.

Los nacionalistas latinoamericanos dicen que es un complot de la derecha norteamericana (asociada con las transnacionales) para controlar al país desde dentro,

Los derechistas norteamericanos dicen que esto es un complot de los nacionalistas latinoamericanos (asociados con las transnacionales) para controlar Estados Unidos desde fuera.

Mientras esta retórica funcione, no importa quién tenga razón.

(www.cesarfernando.com)

Saturday, October 25, 2008

Estados Unidos: Elecciones con sabor a concierto de rock

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Me ha tocado cubrir y ver muchas elecciones desde que estoy en Estados Unidos, pero jamás he visto el entusiasmo y fervor que se ha registrado en estas elecciones.

Los electores de esta zona de Florida han hecho largas filas en las casillas de votación para depositar sus votos durante la elección anticipada que comenzó el 22 de octubre.

Ni siquiera los funcionarios electorales se esperaban semejante entusiasmo.

Sobre todo, muchos jovencitos acuden a votar. Muchos de ellos son votantes primerizos. Ninguno de los que he visto o entrevistado demuestra el típico desencanto o sarcasmo juvenil hacia la política ("¿Para qué sirve?", "Si todos los políticos son iguales para qué votar", etcétera), no, al contrario: Todos afirman que, al ir a votar, están contribuyendo en cambiar al país.

El votar se ha convertido para esta generación de norteamericanos jóvenes en una novedad "cool", energizante.

Pero no sólo muchachitos demuestran ese entusiasmo. También, muchos ancianos, algunos de ellos que apenas pueden caminar, haciendo fila por horas para depositar sus votos.

Una mujer se desmayó en Fort Myers después de hacer fila por horas, a pocos minutos de llegar a la casilla, y tuvo que ser hospitalizada.

Hasta las famosas máquinas de votación (las que sustituyeron a los controvertidos sistemas de "chads" que causaron la crisis de conteo en las elecciones de 2000) fueron insuficientes en algunos precintos. Tuvieron que pedir más, ante la enorme demanda.

Pero el entusiasmo no se limita a las elecciones. Lo más curioso es que se extiende hasta a los mítines políticos.

A diferencia de los países latinoamericanos (donde estos mítines políticos tienen fama de ser reuniones de "acarreados", ya sea con amenazas o con promesas), los mítines de esta elección presidencial han generado un entusiasmo más relacionado con los conciertos de rock.

Vi cómo las oficinas locales de los partidos Demócrata y Republicano anunciaron que sus candidatos a vicepresidente ‑-Joe Biden y Sarah Palin, respectivamente-- visitarían el Suroeste de Florida, y ofrecieron regalar entradas para la gente. Y aquello fue el caos: Apenas se supo esto, cientos de personas corrieron a hacer fila afuera de las oficinas de los partidos, algunas de ellas desde la noche anterior. Mujeres y hombres cargaron con mantas, sillas plegables y botellas de agua y comida para poder asegurar un boleto... ¡a un mítin político!

Cuando llegó la hora de abrir las oficinas electorales para repartir las entradas, las calles aledañas estaban totalmente bloqueadas por el tráfico. Policías tuvieron que ser despachados para controlar el tránsito.

El día de los mítines, fue igual: En el evento de Sarah Palin hasta tuvieron que cambiar de sede de última hora porque la demanda excedió la capacidad del auditorio donde se iba a presentar.

El estacionamiento de la arena se saturó, y la gente tuvo que estacionarse en centros comerciales a varias calles de distancia, y caminar el trayecto hasta la arena. Sin pena ni cansancio, al contrario: Entusiasmados, como si fueran a conocer a una estrella de cine. Muchos iban con sus hijos adolescentes, niños y hasta bebés.

En la sede del mítin me tocó entrevistar a la gente y todos estaban allí haciendo fila desde la mañana, bajo el espantoso sol tropical, para entrar a un evento que comenzaba a las 3 de la tarde. Todos estaban felices de participar en esta elección. Todos estaban seguros de ser parte de un cambio, ya sea por uno u otro partido.

Yo creo que no importa votar por uno u otro candidato: Estados Unidos ya está desde ahora experimentando un cambio, aún antes de las elecciones. La participación siempre será un cambio positivo.

Ojalá esos jóvenes que participan con tanto entusiasmo lo sigan haciendo igual en el futuro. Y les transmitan ese entusiasmo --de fans de concierto de rock-- a sus hijos. (www.cesarfernando.com)

Wednesday, October 15, 2008

Inversionistas no se lanzan de edificios, pero sí se suicidan dueños de casas embargadas

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Bueno, la crisis económica que vive Estados Unidos en este momento (y el mundo), por lo menos tiene un consuelo: No es una depresión grave, como la de 1929.

O al menos eso es lo que se apresuran a decir muchos expertos, cuando la comparación salta en una conversación. Lo cual no tendría que ocurrir, si es verdad que ambos asuntos no tienen nada qué ver uno con el otro.

Pero no, dicen, la Gran Depresión (así, con mayúsculas) de 1929, "El Viernes Negro", fue mucho peor. ¿Qué no se acuerdan que la gente se tiraba de los edificios, tras saberse que había quebrado el mercado? ¿Cuánta gente se está lanzando al vacío hoy en día?, preguntan triunfantes. Ninguna.

Bueno, es verdad. Hasta ahora no se ha sabido de nadie a quien le haya dado por hacerla de paracaidista (sin paracaídas) desde el Empire State, por culpa de haber perdido hasta la camisa en el "meltdown" de Wall Street. Al menos todavía.

(Además, según varios autores como el economista John Kenneth Galbraith, ni siquiera las historias de suicidios masivos en Wall Street en 1929 ocurrieron así, dicen.)

Cierto, no hay corredores de bolsa ni inversionistas quebrados que se estén lanzando de edificios en este 2008.

Pero sí se están dando casos de gente común y corriente (o pobre) que se suicida por que le embargaron su casa por no poder pagarla.

Esa es la única y terrible diferencia con 1929. En aquella crisis, los que se suicidaban eran los especuladores de la Bolsa, los corredores que habian jugado a ganar, y perdieron.

En esta crisis, los que se estan suicidando son las personas mas pobres y los ancianos. Los mas desvalidos de la sociedad.

Y no por haber perdido jugosas ganancias en especulación, sino porque les arrebatan lo único que tienen en la vida, su casa. Su "Sueño Americano".

Hasta ahora van dos casos que se sepan. El primero es el de una señora de 53 años, Carlene Balderrama, de Taunton, Massachussetts (ubicada a unas 40 millas de Boston).

Según la agencia AP y la cadena de televisión ABC, la Sra. Balderrama se suicidó de un tiro de rifle apenas 90 minutos antes de que la fueran a desalojar de la casa, en julio.

La mujer le envió un fax a la hipotecaria donde les escribió: "Para cuando ustedes embarguen mi casa hoy, estaré muerta". Poco después, la Policía encontró su cadáver en la casa.

Según las cortes, su esposo, John Balderrama no sabía que su esposa no había pagado la hipoteca. El hombre había solicitado tres veces declararse en bancarrota para salvar su casa, pero la corte see lo había negado.

En otro sonado caso, ocurrido a principios de octubre, una mujer de 90 años, Addie Polk, se dio un balazo poco antes de que la desalojaran de su casa en Akron, Ohio.

La mujer no falleció, por fortuna, pero está hospitalizada en estado muy grave, dice la cadena CNN.

Pero el escándalo fue tal, que la hipotecaria (la famosa Fannie Mae, que también fue rescatada de la quiebra por el gobierno) decidió suspender el desalojo y perdonarle la deuda para que la señora Polk conservara su casa, en la que ha vivido desde 1970.

¿Aumentarán los suicidios o intentos de suicidio por los embargos? Quizá. Pero lo cierto es que en todo el país se han embargado 10.3 de cada 1,000 casas en todo Estados Unidos en lo que va del año (o sea alrededor de 750 mil casas), según el sitio de internet ForeclosureS.com. Y solo se han dado dos casos de suicidios ­--bueno, suicidio y medio.

Si nos atenemos a ese parámetro, entonces la respuesta es no: Todavía la crisis económica no ha llegado a los niveles de 1929.

Pero de todas maneras, cuidémonos al caminar debajo de un edificio, no le vaya a caer un cristiano encima.

O al entrar a cualquier casa que puede estar siendo embargada: No nos vaya a tocar un balazo. (www.cesarfernando.com)

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