Thursday, November 10, 2016

Presidente Trump


DALLAS, Texas - Bueno, pues Donald Trump, es ya el presidente electo de Estados Unidos.

Nadie se hubiera imaginado. Quizá ni siquiera él mismo. 

Pero pasó.

Yo no voté por él, voté por Hillary Clinton, pero no porque la apoyara, sino porque no apoyaba a Donald Trump. Fue mi “voto de castigo”.

A pesar de esto, de alguna manera me alegra la derrota de Hillary Clinton. Fue culpa del Partido Demócrata por nominarla a fuerza.

Conozco  a varias personas que apoyaron al otro pre-candidato demócrata, Bernie Sanders, y se sintieron profundamente decepcionados al ver cómo la Clinton se llevaba la nominación en las elecciones primarias, aparentemente gracias a sus “palancas” con el sistema.

Muchos de estos seguidores de Sanders prefirieron abiertamente votar por Trump. El propio Trump simpatizaba y coincidía con la lucha anti-sistema de Bernie.

Luego, estuvieron los escándalos de Clinton. Hillary nunca fue muy simpática ni abierta a la prensa. Al contrario: la percepción es de que es una persona manipuladora, sedienta de poder y hasta corrupta.

Además, su apoyo y contactos con las corporaciones trasnacionales la hicieron ver como muy ajena a  la realidad del ciudadano común, que batalla día a día para llegar a fin de mes.

Ahora, el Partido Demócrata tiene que hacer una evaluación muy profunda después de la paliza electoral sufrida.

No creo que Trump ganara simplemente por su retórica racista ni misógina. Claro, en algo contribuyó, pero principalmente creo que ganó por su condición de ser ajeno al sistema. “Outsider”, se le llama en inglés.

Trump es un miembro de la élite que maneja al país y al mundo. No viene “del pueblo”.  En ese sentido, es igual o peor que Hillary Clinton.

Pero sí es ajeno a la clase política de Washington. 

Hillary Clinton, en cambio, es 100% parte del sistema. Y eso fue su perdición.

Los electores quisieron enviar un mensaje muy claro a las clases políticas de que ya están hartos de ellos, de su manera de (no) trabajar, y están dispuestos a un cambio verdadero, no a medias como ocurrió con Obama.

Hay seguidores de Hillary Clinton que se la han pasado llorando en las redes sociales desde anoche. Yo no creo que sea para tanto.

¿Quizá peco de optimista?).

Otros se han quejado de que millones de votantes latinos apoyaron a Trump. 

Creo que estaban en su derecho de votar como les diera la gana, así como los seguidores de Hillary estaban en el suyo.

Es un deber de todo votante el no estar casado con ningún político ni partido, al contrario. Los votantes debemos ser agentes libres siempre.

Son los políticos quienes deben perpetuamente sentir la espada de Damocles del voto en contra sobre sus cabezas, y deben trabajar duro para tenernos contentos.

De otro modo siempre darán por hecho el tenernos en el bolsillo, como ocurre ya con el Partido Demócrata, que cree que los hispanos y los afro-americanos y las clases obreras están con ellos por default.

Ya no más. Se confiaron, y perdieron. Se hundieron electoralmente en estados tradicionalmente demócratas, como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin.

Dudo mucho que el presidente Trump pueda (o quiera) cumplir todas sus promesas electorales. Algunas de ellas les pisarían los callos a muchos de sus amigos multimillonarios.

De hecho, ya ha retirado de su sitio de Internet la promesa de prohibir la entrada a todo inmigrante musulmán a Estados Unidos. 

¿Qué sigue? Irse a abrazar y tomar fotos con el presidente de México, y declararlo su "amigou forever"?

¿Y el muro fronterizo? Quizá sí construya algo. Quizá construya una cerca de tres kilómetros sólo para taparle el ojo al macho, y ya.

Siendo Trump, no dudo nada.

Creo que todo ciudadano americano debe apoyar al nuevo presidente, aunque no haya votado a su favor.

No significa que uno debe estar de acuerdo con él en todo.  Hay que disentir, si es necesario.

Pero para bien o para mal, Donald Trump es el presidente de Estados Unidos. 

Tenemos que aceptar que a veces se gana y a veces se pierde. Son las reglas de la vida. y de las elecciones.

Hace cuatro años,  Obama y sus seguidores ganaron. Punto. Sus opositores debieron aceptarlo.

Hoy, Trump y sus seguidores ganaron. Punto.  Todos debemos aceptarlo.

Por eso estoy en completo y total desacuerdo con las protestas masivas que ya se han estado dando en las calles de varias ciudades.

No se vale. No recuerdo que estas protestas hayan ocurrido cuando Obama fue electo.

Cierto, Hillary Clinton ganó la mayor parte del voto popular (como en su momento lo hizo Al Gore, quien también perdió las elecciones).

Eso significa que la mayoría de los electores americanos  la apoyaban a ella, no a Trump.

Pero el presidente de Estados Unidos no se elige por medio de voto popular, sino por votos del Colegio Electoral.

Y el candidato que ganó más votos electorales no fue Hillary Clinton, sino Donald Trump, pésele a quien le pese.

Si no nos gusta este sistema de votos electorales, perfecto: hay que desmantelarlo. Pero no para esta elección, sino para el futuro.  No se vale cambiar las reglas del futbol después de perder el partido.

Yo creo que la mayoría que no apoya a Trump debe dejarlo trabajar. Tiene todo en su control: El Senado y la Cámara de Representantes. No tiene excusa para no mejorar al país.

Si le va bien, nada me encantaría más que confesar que estuve equivocado.
 
En cambio, si le va mal, nos irá mal a todos.

Y si esto pasa, recordemos que en cuatro años nos volveremos a ver las caras.



Saturday, February 02, 2013

Reforma migratoria: los republicanos de todas formas están hundidos


DALLAS, Texas -- Pues parece ser que al final los senadores republicanos y los demócratas se pusieron de acuerdo en aprobar una reforma migratoria, que incluye la legalización de los más de 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos (la mayoría de origen mexicano y latinoamericano).

No lo hicieron por iniciativa propia, por supuesto. Fue debido a la paliza que les dieron a los republicanos en las elecciones pasadas, por culpa de su retórica extremista.

Pero es un enorme avance. Apenas hace algunas semanas, lo único que los republicanos ofrecían a los indocumentados era “auto-deportación”.

La propuesta ofrece legalización, papeles y permisos de trabajo para los inmigrantes, pero con una condición: no será residencia permanente (la famosa tarjeta verde o green card), sino un estatus legal, pero sin llegar a ser definitivo.

La green card se puede considerar como la pre-ciudadanía americana: quien tenga la residencia permanente, puede hacerse ciudadano tras cinco años y votar con pleno derecho en las elecciones, como cualquier norteamericano nativo.

Pero según la propuesta, antes de que los inmigrantes puedan solicitar la green card,  los republicanos exigirán que el gobierno “asegure la frontera” y aplique un sistema de verificación de empleos.

Esto es plan con trampa: ¿cuánto tardará el indocumentado promedio en lograr hacerse ciudadano americano, bajo este plan?

Según cálculos de algunos medios, bastante tiempo: alrededor de ¡25 años!

El presidente Barack Obama felicitó a los senadores por su iniciativa, pero les advirtió que para él lo más importante era asegurar el camino a la ciudadanía de estos indocumentados.

Los republicanos no quieren que los indocumentados se hagan ciudadanos. Y por una razón muy simple: la enorme mayoría votarían por los demócratas.

Esto lo sabe también de sobra el propio Obama, de allí su insistencia en acelerar la ciudadanización de los indocumentados.

Además, si los republicanos siguen en su tónica confrontacional (como ha ocurrido con los debates fiscales y la deuda), es más que probable que el gobierno nunca les dé gusto: no importa cuántos oficiales y vallas ponga en la frontera, los republicanos nunca aceptarán que son “suficientes”, y siempre se quejarán de que las fronteras están “abiertas”.

¿Cuándo, entonces, van a permitir los republicanos que los indocumentados se hagan ciudadanos? Muy sencillo: Nunca.

Por otro lado, el Partido Republicano está tratando de atraer el voto de los ciudadanos de origen hispano, ante las futuras elecciones.

De todas formas los republicanos están condenados por dónde lo veamos:

Si permiten la legalización, están hundidos porque los indocumentados que se hagan ciudadanos no votarán por ellos.

Y por otro lado, si los republicanos rechazan la legalización les irá mucho peor: se echarán encima a los millones de ciudadanos americanos de origen hispano que tienen una abuelita, un tío o un primo indocumentado, como les ocurrió en 2012.

La debacle electoral del 2012 apenas fue una probadita de lo que les espera a los republicanos en las elecciones congresionales de 2014 y en las presidenciales del 2016, si siguen con su tónica extremista.





Wednesday, November 07, 2012

Obama gana, pierden los republicanos



La reelección del presidente Barack Obama es una llamada de alerta para el Partido Republicano.

Más de 100 votos electorales de diferencia le sacó el presidente al opositor Mitt Romney, cuando todos los expertos predecían una elección muy cerrada.

Sobre todo, Obama ganó gracias al voto de grupos específicos más amplios y variados que Romney: negros, mujeres, jóvenes y sobre todo, hispanos.'

Los electores hispanos acudieron a las urnas como nunca. Se calcula que la participación de los hispanos aumentó del 9 por ciento del total de todos los electores en las pasadas elecciones, al 10 por ciento en estas.

La diferencia de votos hispanos fue abismal: Obama le sacó más de 40 puntos porcentuales de diferencia a Romnmey. Lo que se llama una paliza.

Este efecto se multiplicó al final, porque los hispanos empujaron la balanza a favor de Obama donde cuenta: en los estados "clave" o indecisos, como Florida.

¿La razón? de esta paliza Muy simple: la retórica anti-inmigrante y anti-mexicana de Romney durante las elecciones primarias.

Lo cual es irónico, pues Romney nunca fue un político extremista. Su actuar como gobernador de Massachussetts lo ubicaba como un republicano moderado, más al estilo de George Bush, Jr.

Pero Romney debió bailar el son que le tocaron en las primarias, para lograr la nominación. Y en las primarias, quienes tocaban la música fueron los extremistas del Tea Party.

Al final, Romney ganó el favor del Tea Party y por consiguiente la nominación por tener el discurso más extremista: no a la legalización, no a la Dream Act para estudiantes indocumentados, no al idioma español, sí a hacerles la vida de cuadritos a los indocumentados para que se regresen solos a sus países.

Quiso revirar el discurso a mitad del camino (ante la histeria de los Tea Party), pero ya fue demasiado tarde.

La aprobación de la orden presidencial de legalización a estudiantes indocumentados aprobada por el presidente Obama quizá fue la última estocada a las esperanzas de Romney de ganar el favor de los hispanos.

Ahora, al Partido Republicano le toca recoger los pedazos y tratar de ampliar su base popular. No pueden seguir dependiendo en los extremistas anglosajones, necesitan moderar su discurso para atraer, al menos, a los hispanos.

Ya no digamos para ganar elecciones, sino al menos, para sobrevivir como partido.












Wednesday, October 03, 2012

Post Debate

Pasó el primer debate presidencial de Estados Unidos, entre Barack Obama y Mitt Romney.

Romney sorpendió. Se vio mejor de lo que todos esperaban (republicanos incluso).

Por lo menos ya dejó atrás la retórica extremista de los "tea parties", y se mostró abierto y razonable con temas que son radioactivos para muchos conservadores: las energías alternativas, el Seguro Social, etc.

Vaya, incluso días antes dio un giro de 180 grados respecto a inmigración: ya reconoció que sí va a respetar la orden ejecutiva de Obama para dar documentos a los jóvenes indocumentados, e insinuó que hasta puede buscar una legalización.

 En síntesis, este no es el Romney que eligieron los republicanos en las votaciones primarias.

Se parece más al gobernador moderado que aprobó el seguro médico universal en Massachussets.

Sólo así tendrá una oportunidad en las elecciones: dejando atrás el extremismo de los grupos ultraconservadores.

Aunque ya muchos de ellos están quejándose en Internet de haber sido "traicionados" por Romney, e incluso han llamando a no acudir a las urnas en noviembre.


Saturday, May 26, 2012

“Una picza, pourr favourr”


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


DALLAS, Texas - La cadena de pizzerías mexicana Pizza Patrón --cuya sede se encuentra en Dallas--  volvió a causar controversia en Estados Unidos.

Ahora, están publicitando una promoción para regalar pizzas tamaño grande a quien acuda a una de sus sucursales, el próximo 5 de junio entre 5 a 8 p.m.

Lo único que el cliente debe hacer es ordenar la pizza... ¡en español!

Por supuesto, cuando la campaña (titulada precisamente “Ordena en Español”) fue anunciada, de inmediato saltaron las protestas como resortes.

“Este es Estados Unidos, aquí se habla español”, es básicamente la principal crítica que los anti-inmigrantes y anti-idioma español han hecho por todos los medios, incluyendo prensa, TV e Internet.

Y claro, las consabidas acusaciones de “discriminación” contra los anglosajones y afro-americanos que no hablan español no se han hecho esperar.

Pero Pizza Patrón --que cuenta con más de 100 sucursales en 7 estados del sur, incluyendo Texas, California y Florida-- no está exigiendo perfecto español, al contrario: según reportes de prensa, si un cliente no habla español, basta con que diga “Pizza, pour favourr” para recibir su pizza de regalo.

Es más, en la promoción se escribe “picza” en vez de “pizza”, pues es la manera como muchos hispanoparlantes tienden a pronunciar la doble z italiana.

De todas formas, esto no ayuda a suavizar las críticas, al contrario: en foros de Internet ya existen miles de comentarios de gente que amenaza con nunca ir a comprar en Pizza Patrón.

Pero a la empresa esto parece importarle poco. A fin de cuentas, según dicen, más del 70 por ciento de la clientela es de origen hispano (yo incluído).

Casualmente,  Pizza Patrón ya ha provocado controversia antes con sus campañas.

En 2007 anunció que iba a aceptar pesos mexicanos (junto a los dólares) de sus clientes en la compra de sus pizzas, en una campaña denominada “Pizzas por Pesos”.

En aquél entonces, la reacción fue muy similar: “Esto es Estados Unidos, aquí se usan sólo los dólares”, aullaron los críticos, rasgándose las vestiduras en las esquinas.

A Pizza Patrón le valió poco la reacción --recibió incluso amenazas de muerte--, y sigue aceptando pesos mexicanos como si nada.

Es más, cuando recibió las críticas, simplemente explicaron que los pesos mexicanos ya se aceptan en la frontera sur, al igual que en México se aceptan los dólares.

Incluso se aceptan los dólares canadienses en la frontera norte de Estados Unidos, y nadie ha dicho nada.

Por supuesto, todo este merequetengue fue planeado a propósito, para causar impacto.  Los publicistas de Pizza Patrón saben perfectamente qué botones apretar para causar indignación. Y lo han logrado con creces.

De hecho, la estrategia de “Pizzas por Pesos” les dio tan buen resultado, que Pizza Patrón reportó un aumento de alrededor del 30 por ciento en ventas en 2007, lo que les animó a mantener la campaña de manera permanente.

Curiosamente, los principales promotores de las campañas de la cadena en los medios han sido los anti-inmigrantes, que ni siquiera son clientes de Pizza Patrón.

Como quiera que sea, creo que voy a ser el primero en la fila para ordenar mi pizza el próximo 5 de junio. (www.cesarfernando.com)



Wednesday, May 23, 2012

Estados Unidos descubre... ¡la cajeta!


Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com 


DALLAS, Texas -- Mi hijo César, de 16 años, se crió como niño “gringo”.

Aunque nosotros, sus padres, seguíamos con nuestras tradiciones mexicanas, César vivía entre dos mundos desde que era bebé: en casa vivía como en México. Afuera, vivía en Estados Unidos .

Y claro, esto incluía la comida. En casa la norma era la comida mexicana. En la escuela, lo que hubiera. Tacos vs. hamburguesas.

Esto le sirvió a mi hijo para conocer una variedad de comida que el típico niño de Estados Unidos no conoce.

Ah, pero cómo sufría con la experiencia. Sus costumbres “agringadas” le alertaban a salir corriendo de inmediato cuando debía probar algúin sabor fuera de su experiencia previa.

Una vez que viajamos a México, en plena calle y calorón de Monterrey, nos encontramos en una de esas paleterías de La Michoacana. Pedí un agua de horchata, vaso grande con muchos hielos.

César tenía entonces cuatro o cinco años. Me vió tomando gloriosamente el maná de los dioses, y se horrorizó.

Peor, casi se infarta cuando le dije: --Prúebala.

--Noooooo!!!!-- gritó alarmado.

--PRUE-BA-LA-- le repetí, poniéndole el vaso en los labios, con mi peor mirada de torturador de la Gestapo.

Dio un sorbo tímido.

Los ojos se le iluminaron.

--Wowwww!!--dijo, mientras me quitaba el vaso y se bebía la ambrosía casi de un trago.

Obviamente, tuve que comprar otro vaso para mí.

Así siempre ha sido con él. Sus recuerdos americanos se interponen cuando le obligo a probar algún manjar tradicional del sur de la frontera. Pero en cuanto cede, de inmediato entran en operación sus genes mexicanos.

Una vez hace poco, mientras disfrutaba otro manjar mexicano, me hizo una pregunta curiosa:

--¿Cómo es posible que la gente de Estados Unidos ni siquiera sepa que existen todas estas cosas tan sabrosas?

Confieso que nunca se me había ocurrido antes la pregunta.



Pero la realidad, es que Estados Unidos ha estado "descubriendo" la comida mexicana desde hace muchos años.


Usted puede hablarle a un norteamericano típico (blanco, anglosajón y protestante) sobre enchiladas, tacos, quesadillas y casi cualquier otra receta mexicana, y sabrá de lo que habla. Es más, incluso es posible que hasta le encanten esos platillos (o una variedad más "tex-mex").
Días atrás, leí en el periódico local, Dallas Morning News, un artículo que celebraba el último “descubrimiento” de los chefs de los restaurantes más lujosos de Dallas. Un postre como ninguno, que sus clientes americanos habían abrazado con pasión: La cajeta.

Es lo más “chic” en el mundo gastronómico de Dallas en estos momentos.

Le mostré a César el artículo e hizo una mueca de extrañeza.

--¿Cómo es que hasta ahora se dan cuenta, si en todas partes venden cajeta aquí?-- comentó extrañadísimo.

--Ya ves-- le dije--. Lo que pasa es que los americanos nunca van a comprar a los supermercados mexicanos.

Y es cierto. Uno puede encontrar casi cualquier producto mexicano en Estados Unidos, incluso cajeta. Basta entrar a alguno de los miles de supermercados y tienditas hispanas o mexicanas que se han multiplicado como hongos por casi todas las ciudades americanas.

El artículo del periódico relataba que una vez un famoso chef de Dallas se encontró con un ranchito donde criaban cabras. Los dueños (norteamericanos anglosajones) vendían leche, quesos y otros derivados. Y se les ocurrió hacer algunos frascos de cajeta y venderlos en el mercado.

Cuando el chef probó la cajeta, le encantó (como es normal). Fue una revelación para él. De inmediato ordenó cubos enteros y comenzó a incorporar el dulce mexicano en sus postres más elegantes.

Obviamente, la receta se extendió por los demás restaurantes finos del norte de Texas como lumbre (o mejor dicho, como leche quemada).

Ahora el ranchito no puede casi con la demanda, porque otros restaurantes están enviando órdenes de cajeta al por mayor.

--Entre más gente la prueba, más gente la quiere. Podríamos tener un negocio sólo de cajeta, si tuviéramos leche ilimitada-- comentó la dueña del rancho, Karen Tippit, al periódico.

Mientras, siguen vendiendo su cajeta casera en mercaditos locales, a razón de 10 dólares por un frasco de 8 onzas.

Y sus clientes americanos están más que dispuestos en pagar lo que sea por el nuevo manjar de los dioses, que no conocían. 



No dudaría que dentro de algunos años el mundo se maravillará ante la cajeta. Pero lo reconbocerá como un nuevo platillo típicamente norteamericano. (www.cesarfernando.com)


Tuesday, March 13, 2012

Latinoamericanos y norteamericanos: Diferencias más allá de lo evidente

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


DALLAS, Texas - Cuando un hispanohablante recién llega a Estados Unidos, obviamente el primer obstáculo con el que se debe enfrentar es el idioma inglés.

Por mucho que uno “haya estudiado” inglés, siempre hay un proceso de adaptación, a veces fácil, las más de las veces duro.

Pero nada que el tiempo y la práctica no solucionen.

Sin embargo, después de pasar varios años en Estados Unidos, me he dado cuenta que no sólo el idioma y las costumbres nos hacen “distintos” a los norteamericanos nativos, sino que hay otras sutilezas que no se notan a primera vista, como la comunicación no verbal.

Es decir, los gestos, maneras, etc. Lo que en inglés se llama “body language”.

Y éstos dan más guerra para aprenderse, porque las más de las veces son gestos totalmente distintos a los que usamos los latinos.

Uno de los primeros momentos en que noté esas diferencias fue en un restaurante. La mesera me sonreía y era amable, pero “sentí” algo raro.

Fue hasta después de salir del local cuando me di cuenta qué pasaba: Su sonrisa era extraña.

No era la típica sonrisa, de boca entreabierta, y dientes de fuera. No, al contrario: la chica me sonreía con una mueca apretando los labios fuertemente, como si estuviera conteniendo la respiración por una fracción de segundo.

¿O estaría conteniéndose para evitar soplarme en la cara?

Tras muchos años en este país, me he topado con ese gesto muchas otras veces. Y siempre son norteamericanos los que me la han hecho, nunca un latino, o un extranjero.

Me du cuenta que es la “half smile”, una sonrisa a medias que usan en este país solamente para ser amables, pero marcando distancias.

Es la sonrisa más usada. Es la que usan para saludarte cuando se cruzan contigo, un total extraño, en una calle o un corredor desierto, donde se vería mal el fingir que no te vieron.

Otra cosa que noté es que los estadounidenses marcan mucho sus distancias físicas. No se ve bien eso de andarse dando abrazos, ni siquiera apretones de mano cuando uno recién se conoce. Un “nice to meet you” (“encantado de conocerle”) basta y sobra, si acaso con un leve asentimiento y una sonrisa a medias.


Las manos, mientras tanto, permanecen perfectamente alejadas del otro.
Cierto, la gente de Estados Unidos es mucho menos afectiva con los extraños que al sur de la frontera . Pero por otro lado son muy relajados y amigables en su trato con aquellos que acaban de conocer. O al menos lo aparentan.

Esta relajación y afabilidad la llevan a veces a niveles extremos, inconcebibles entre los latinoamericanos.

Por ejemplo, cuando un norteamericano conoce a alguien y traba conversación, existe una costumbre muy particular de hacerse menos uno mismo ante los demás, sobre todo (o especialmente) extraños. 


Usted conoce a un americano, comienza a platicar de esto o aquello, y no tarda en escuchar una opinión que resalta las deficiencias propias como personas ante los demás. 


Como si los defectos personales fueran medallas que se presumen abiertamente.

En muchas culturas está muy mal visto presumir de las cualidades de uno, cierto. Pero en Estados Unidos se piensa que menospreciarse a sí mismo en público sirve para verse más “humano” y afable.  Y así causar simpatías y sonrisas que rompan el hielo.

Pero a veces llevan esta actitud a niveles extremos, y no es raro escuchar frases como estas:

--Tengo una memoria pésima.

--Lo siento, mi intelecto es muy limitado, no da para más.

--Soy muy torpe para esto (computadoras, celulares, televisiones, controles remotos, etc.).

--¡Soy un conductor terrible!  De milagro sigo vivo.

--¿Bailar yo? ¡Pero si tengo dos pies izquierdos!


--Como usted puede ver, estoy bastante gordo.


--Como usted puede ver, estoy bastante flaco.


--Como usted puede ver, estoy bastante feo.
Y así por el estilo.


Lo rarísimo es que estas críticas son perfectamente aceptables mientras se hagan contra uno mismo. Pero son de pésimo gusto si usted las hace refiriéndose a otra persona, es casi un crimen capital.
La actitud americana de menospreciarse a sí mismos en una conversación es un contraste total con la actitud en América Latina, donde a la gente le encanta presumir ante extraños de todo de lo que uno es capaz.

Esta presunción la llevamos hasta niveles genéticos, porque nos encanta presumir hasta de lo que no tenemos mérito, como nuestros ancestros, alcurnias y pedigríes. 


Por más miserables que seamos, todos presumimos de tener un tío millonario, o un abuelo de sangre azul, o un pariente político, magnate empresarial, líder sindical, o incluso narco.

“Papi paga”, dicen los “fresas” o “pijos”. Y el que tenga el papi más “billetudo”, es el que queda dueño del campo de batalla.

Los “gringos” son totalmente lo opuesto: Presumen con orgullo y hasta fanatismo de sus parientes y ancestros lo más miserables y analfabetas que puedan tener. 


Y si no los tienen, los inventan. 


Hasta las familias más multimillonarias de varias generaciones como los Rockefellers, resaltan los paupérrimos orígenes de sus tatara-tatara-abuelos como si fueran los escudos heráldicos de sus castillos.

Entre más bajo hayan estado estos ancestros en la escala social, mejor para los norteamericanos, porque significa que la familia lleva el gen del triunfo personal, del "Self-Made Man" ("El hombre que se hizo a sí mismo") que consiguió el "Sueño Americano".


Es como decir: "Lo que tengo nadie me lo regaló, yo me lo gané a pulso".


Vamos, estas diferencias de actitud entre latinos y anglos son tan profundas, que llegan hasta niveles genéticos. Literalmente.

Entre los latinoamericanos es muy común presumir los genes de uno, restregando nuestro árbol genealógico en las narices de quien se deje. 


Dicho árbol genealógico, por cierto, siempre debe incluir como mínimo a un ancestro europeo (no importa que haya sido un pordiosero o un pervertido que viviera 80 generaciones atrás). 


Porque sentimos que el tener ancestros "blancos" y "europeos" nos "distingue" del resto de la chusma autóctona, casi como si tuviéramos sangre azul. 


O al menos eso queremos creer.

Y si no tuvimos un tatara-tatara-tatara-abuelo español, francés o ya de perdido, árabe, no importa, que de todas formas nos lo inventamos.

Mientras en Estados Unidos es totalmente lo opuesto: no falta ningún rubio de ojos azules que saque a colación que tiene 1/4 ó 1/8 ó 1/16 parte de sangre apache, cheyenne, cherokee o sioux, o incluso mezclados con raza negra.

Y lo dicen con un orgullo que haría enrojecer de vergüenza a más de un niño "bien", político o empresario latinoamericano, que trata de vociferar a los cuatro vientos su linaje "Europeo" (aunque toda la cara lo delate como un ejemplar típico de la raza de bronce).

En síntesis, no sólo el idioma es distinto entre norte y latino americanos. Las actitudes y formas de ver la vida (le dicen cultura) son a veces totalmente opuestas. (www.cesarfernando.com)



Wednesday, February 29, 2012

El cartero nos regañó: Ahora en Estados Unidos hasta las cartas son "drive-thru".

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


DALLAS, TX - El otro día, el cartero de nuestro barrio "regañó" a nuestra familia. O_O
Fui al buzón y me encontré una “amable” notita.
(Como buen cartero, nos dio una "jalada de orejas" epistolar.)
La notita decía algo más o menos así: “Quite sus carros de aquí, deje el buzón libre para entregar sus cartas”.
Si no, nos amenazaba con dejar nuestra correspondencia en la oficina postal y no entregarla ya a domicilio.
Firmado: "Su amable cartero del vecindario". XD.
Hay que aclarar que aquí en Estados Unidos aquella imagen idílica del cartero como sonriente servidor público que camina saludando a los vecinos en un simpático barrio suburbano ya no existe.
O quizá nunca existió. Tal vez sólo en los cómics de la década de 1950.
No, los carteros de hoy entregan su correspondencia ¡manejando!
No, no me refiero a que se trasladan de un lado a otro manejando. Eso ya se sabe. Me refiero a que entregan las cartas MANEJANDO, literalmente sin bajarse de sus vehículos.
Igualito a cuando uno compra una hamburguesa por la ventanilla del McDonald's, el famoso "Drive-Thru".
Los carteros americanos del siglo XXI manejan unos camiones especiales: cuadrados, blancos, y pesadotes. Mezcla de jeep, furgoneta y microbús. 
Lo curioso de estos vehículos es que no traen el volante del lado izquierdo, como todos los automóviles en Estados Unidos, sino que lo traen del lado derecho, como los autos en Inglaterra y Japón.
Según pude investigar en el Internet, estos camiones son especialmente fabricados para el Servicio Postal de Estados Unidos, por una empresa llamada Grumman, asociada con General Motors. 
O sea, usted no puede ver esos camiones en las calles manejados por particulares, sólo por carteros.
¿Por qué tener camiones especiales, con la puerta del conductor del lado contrario? 
El Servicio Postal dice que es por "seguridad" de sus carteros.
Yo opino que es simplemente por comodidad. 
Cuando los carteros entregan su correspondencia, ya ni se dignan en bajarse de sus camiones. 
Lo que hacen es acercar el vehículo a los buzones y echar todos los sobres de un tirón. Sin siquiera estirarse desde su asiento.
Por cierto, en Estados Unidos, por ley, los buzones están convenientemente ubicados en pares o en grupos, todos en un mismo lugar, al borde de la carretera. 
No importa que su casa esté a cientos de metros de distancia: el Servicio Postal obliga a los constructores de casas a ubicar los buzones siempre a una distancia de brazo de la carretera.
Hasta tienen unas especificaciones concretas al respecto.
Por supuesto, todo esto es para evitar que los carteros tengan que caminar de una casa a otra. 
Y, ¡ay de usted si se le ocurre poner su buzón en otro lado "inconveniente" (por ejemplo, al lado de su puerta)! 
De inmediato el Servicio Postal le suspenderá la entrega y lo obligará a colocar el buzón donde ellos quieren.
Un buen amigo mío me contó una anécdota que el correo le obligó a reubicar su buzón, que estaba junto a su puerta , para cambiarlo varios metros adelante, en la acera donde estaban todos los buzones.
Pero volviendo a la notita de regaño que recibimos:
Yo entiendo que si el buzón está bloqueado, es imposible entregar el correo. Es normal y hasta justificado que el cartero proteste.
El problema es que los carteros se niegan a dejar el correo aún con el buzón libre.
No sólo quieren el buzón despejado, quieren que toda el área alrededor del buzón esté limpia de autos que impidan acercar todo su camionzote. 
Quieren espacio suficiente de lado y lado para no tener que bajarse de su camión y... ¡caminar!
Me doy cuenta que a veces el clima en Estados Unidos es espantoso. Nevadas y heladas en el norte. O calores extremos en el sur.
O como en Texas, donde tenemos tanto nevadas y heladas como calores extremos, a veces en días consecutivos.
En estos casos, me imagino que el ser cartero en Texas es una labor ingrata.
Yo siempre he simpatizado con los carteros. Pero se supone que si uno está pagando las estampillas postales, es para que esa correspondencia se entregue.
Y “entregarse” no significa solamente pagar el avión o el transporte de una ciudad a otra, sino también que el cartero haga algo más que simplemente extender su manita para alcanzar un buzón desde la comodidad de su camión. 
¿Será pedir demasiado que el respetable cartero haga el esfuerzo extra de bajarse de su vehículo y dar uno o dos pasos más?
Es más, creo que esto hasta sería un ejercicio benéfico para la salud del propio cartero. Dos o tres pasitos, multiplicado por las decenas de domicilios que visitan diariamente, se traducirían en unas caminatas saludables.
Pero no. Parece que los respetables carteros ven las cosas de manera muy distinta.
¿Qué pasó con el famoso lema del Servicio Postal de Estados Unidos, ese que decía que entregan cartas "aunque llueva, truene o relampaguee”? 
Quizá a propósito nunca incluyeron al lema: “o automóviles que bloqueen acercar mi camión al buzón”.
Parece que ese lema ya no existe. 
O quizá los carteros americanos ya lo sustituyeron con el de su colega mexicano, el famosísimo Jaimito el Cartero, de El Chavo del Ocho:
“Es que quiero evitar la fatiga”. (www.cesarfernando.com)


Saturday, January 28, 2012

Hollywood: ¿El megaupload original?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Ese caso del cierre de Megaupload, el sitio de Internet acusado por los estudios de Hollywood y la industria musical de promover la piratería, me recordó una novela que leí hace algún tiempo, "Max", del escritor norteamericano Howard Fast.

La novela es un fascinante relato  de los orígenes de Hollywood, a finales del siglo 19 y principios del 20.

Megaupload era un sitio que permitía a sus usuarios intercambiar y copiar documentos, fotos, y cualquier contenido digital. Y esto incluía, música, videojuegos y películas de Hollywood.

Claro, sin pagar ni un centavo a los creadores, lo que constituye piratería.

Irónicamente, la industria cinematográfica de Hollywood, que es muy celosa de guardar sus derechos de autor y presiona para el cierre de sitios como Megaupload, fue fundada precisamente por piratas que huyeron a California para no pagar derechos de autor.

Los primeros estudios de Hollywood (que ahora son las poderosas corporaciones que refunfuñan contra la piratería) fueron fundados precisamente por fugitivos que trataban de evadir la ley.

Todo comenzó a finales del siglo 19, cuando las ciudades norteamericanas y europeas se vieron inundadas de salas de cine.

Por unos cuantos centavos, cualquiera podía ver cortos de pocos minutos. Las primeras películas mudas, en blanco y negro, se exhibían en unas casetas individuales que trabajaban como tragamonedas.

Esta industria generaba millones de dólares a su inventor, ni más ni menos que Thomas Alva Edison, inventor también del fonógrafo y de la luz eléctrica (aunque algunos afirman que se "robó" tales inventos).

Edison inventó las primeras cámaras cinematográficas. Y como creador, quería el control total de la industria fílmica.

Por eso, promovió la creación del cartel llamado Motion Picture Patents Company, que obligaba a cualquier cineasta a pagarle derechos por filmar películas. A ese cartel se unieron otros pioneros inventores del cine, como la empresa Eastman Kodak, inventora de la cinta de celuloide, donde se filmaban las películas.

Justo era, por tanto, que quienes hacían dinero exhibiendo esos primeros filmes, pagaran los derechos a sus inventores, ¿no?

Ese es precisamente el argumento actual de los estudios de Hollywood contra Megaupload.

Pero los cineastas de aquél entonces protestaron. No querían pagar derechos  Edison... pero al mismo tiempo sí querían filmar y exhibir sus películas (y al mismo tiempo, cobrar por ello).

En esos primeros años, la industria estaba casi totalmente concentrada alrededor del área de Nueva York-Nueva Jersey. Era lógico: allí es donde se ubicaban la mayoría de las salas de cine, y por tanto, era el mayor mercado.

También era el feudo de Edison. Por tanto era casi imposible librarse de su férreo control. Incluso se contaban anécdotas sobre que  Edison enviaba "matones" a golpear a quien no aceptara sus términos, y a destruir cualquier equipo fílmico que "violara" sus patentes.

Para Edison, cualquiera que no le pagara era "pirata", y debía de ser clausurado totalmente.

Obviamente, los cineastas independientes se rebelaron. Afirmaban que el control de Edison disminuía la creatividad necesaria para que la industria fílmica floreciera.

Su solución fue simple: huir.

Nueva York era el corazón del cine, cierto, pero al mismo tiempo era un sitio inhóspito para filmar películas. Por ejemplo, era muy frío en invierno, y sus nevadas podían durar días, parando totalmente las filmaciones.

La luz solar tampoco era la óptima, algo vital en aquellos tiempos en que las películas eran en blanco y negro.

Para rematar, los precios de las propiedades estaban por las nubes.

Así pues, los cineastas comenzaron a buscar un sitio "ideal" para realizar sus películas. Y lo encontraron en el sur de California.

En aquél tiempo, California era un sitio casi virgen. Los terrenos eran baratísimos. Además, su abundante sol y calor hacían el sitio ideal para filmar casi todo el año, sobre todo las taquilleras películas de vaqueros.

Pero más importante, los directores estarían muy, muy lejos de Edison y su control de derechos de autor.

Y hasta allá se fueron a dar los cineastas, con sus equipos "pirateados".

A fundar Hollywood.

Sin el control de Edison, ni la obligación de pagarle derechos, los estudios de Hollywood florecieron, crecieron y se fortalecieron, dando lugar al llamado "studio system", y por consiguiente a la Época de Oro del cine norteamericano.

Edison, en cambio, debió aceptar que su poder de control sobre el cine desaparecía. Al final su cartel Motion Picture Patents Company se extinguió, al no poder competir contra el creciente poderío de los estudios de cine.

Irónico que hoy en día, Hollywood, ahora todopoderoso, está poniendo el grito en el cielo para mantener a toda costa su  control y que les paguen "sus derechos". Como hiciera Edison en su tiempo.

E igual que antes, ahora los piratas (esta vez de Internet) están recetándole a Hollywood la misma medicina que éste le recetó en su tiempo a Edison. (www.cesarfernando.com)






Wednesday, January 18, 2012

Cada vez entiendo menos el español...


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com
DALLAS, Texas - Cómo ha pasado el tiempo...
Apenas hace unos quince años que emigré de México. Un suspiro en la escala del universo.
Tampoco es tanto en la escala humana. No son décadas y décadas.
Y aún así, las cosas cambian. Más de lo que me hubiera imaginado.
Una de las cosas que jamás pensé que iban a cambiar es el idioma español.
En la secundaria, un maestro de español nos enseñó que las lenguas evolucionan. Nos dijo que esto se llama "proceso diacrónico" y nos dio a entender que esto un proceso es que dura siglos. 
Se crean palabras nuevas. Otras caen en desuso.
Por ejemplo, el español que hablamos hoy en día es distinto al que hablaba Benito Juárez, y mucho más que el de El Cid Campeador.
Lo que nunca me imaginé es llegar a experimentar en carne propia este proceso.
Porque cada vez entiendo menos el español mexicano.

Cada vez que leo noticias por Internet de México, o que veo sus programas de TV, me topo con muchas palabras y frases nuevas que no entiendo.
No existían en el México que yo dejé, en 1997. O al menos no se usaban como se usan ahora.
Algunos ejemplos:
-"Seee": ¿Qué es esto? Suena a exclamación y a afirmación al mismo tiempo. No significa nada y significa todo.
-"Nos cargo el payaso": ¿Qué? ¿Qué caray tiene qué ver un payaso? ¿Y porqué nos carga? Hasta donde sé, equivale a "nos llevó la tristeza", o "nos llevó la que nos trajo", o más comúnmente: "nos llevó la ching..." Esas eran las frases que se decían cuando yo vivía y trabajaba en México, a finales del siglo XX.


(Aunque después de ver películas como "It" de Stephen King, comprendo perfectamente el horror que causaría el que un payaso nos cargara.)

-"Morra": Sinónimo de chica, muchacha. Suena medio sudamericano. Cuando emigré, yo sabía que existia el famoso "Morro", que era un horrendo personaje de caricaturas que cantaba canciones medio peladas, con una voz de pito al estilo Alvin y las Ardillas. Quizá por eso le tengo aversión a llamar "morra" a una chica.

-"Estar del nabo": Algo que está terrible, mal hecho, deprimente. En mis tiempos decíamos "está de la ching..."

-"Es la ley”: Hasta donde entiendo, esta frase sirve para describir algo que en mis tiempos llamábamos "chido", "a todo dar", "padre". Precisamente lo contrario a "estar del nabo".
-"Okas": Anglicismo equivalente a "está bien". En mis tiempos decíamos "okey", u "OK". Pero este "okas" tiene menos de diez años de existencia. Lo comencé a ver cuando chateaba por Internet con mis amigos mexicanos. 
Nunca he entendido la lógica de escribir "okas" en vez de "OK". Se supone que en Internet la tendencia es a abreviar palabras (por ejemplo, los americanos han llevado esta tendencia al extremo, y ahora palabras de dos letras como "OK", la abrevian simplemente a "K"), pero escribir "okas"  es más largo que escribir un simple "OK".

-"Cool": Anglicismo directo, sin digerir. Sabía que se usaba sólo en inglés, nunca en México. Decíamos "padre", "a todo dar".
-"Bubis": Dícese de las glandulas mamarias de los especímenes del sexo femenino. Otro anglicismo, éste a medio digerir. Se lo comencé a escuchar a Adal Ramones, allá por el año 2000.
-"Gordibuena": Dícese de una mujer pasadita de kilos, que aún está de buen ver. Es decir: "Gordita +buena". En mis tiempos esos términos eran mutuamente excluyentes.
Y así, muchas otras más.
Yo sé que mucha gente en México se extrañará con este comentario. Y es lógico: para ellos no se siente el cambio, lo viven día a día.
Pero para los que nos fuimos y nos quedamos con nuestro español mexicano "congelado" en el tiempo, sí se nota.
Lo dicho: Cada vez entiendo menos el español.
A este paso, dentro de algunos años tendré que comunicarme con mis familiares y amigos mexicanos... ¡en inglés!
Mientras no nos cargue el payaso...
(www.cesarfernando.com)



Thursday, March 24, 2011

La felicidad ya tiene precio en Estados Unidos: 75 mil dólares

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

No hemos logrado aún descifrar el secreto de la felicidad. Pero parece que al menos en Estados Unidos ya lograron encontrarle el precio: 75 mil dólares al año.

Según un estudio realizado por la empresa de encuestas Gallup entre 2008 y 2009, para los norteamericanos el salario perfecto para conseguir la felicidad es el mencionado: 75 mil dólares anuales.

La encuesta fue realizada entre 450 mil personas, según el diario Wall Street Journal.

El estudio midió el nivel de satisfacción o felicidad entre los encuestados, y descubrió que el nivel de felicidad está entre quienes ganan ese salario.

Lo curioso es que la felicidad parece que topa en ese salario. De acuerdo con la encuesta, los que ganaron más de 75 mil al año no demostraron ser significativamente más felices. La línea de felicidad va aumentando entre más se acerca uno a la cifra mágica de 75 mil dólares, pero después de ahí, la línea queda plana.

¿De dónde sale todo esto? Según la revista Time, psicólogos creen que la gente que gana menos de 75 mil dólares al año no es necesariamente más miserable, pero sí sufre más para pagar sus cuentas y salir adelante, lo que les causa estrés.

Con 75 mil al parecer, se pagan bien las deudas y se vive sin tanto estrés.

¿Y los millonarios? ¿No son felices?

Primero, habría que saber cómo definir un millonario. Según otro estudio de la empresa inversionista Fidelity, citada por la agencia Bloomberg, el tener un millón de dólares en el banco no siempre significa que uno se cree rico.

¿Cuánto se necesita para considerarse rico? Simplemente implica agregar dos ceros a la cifra mágica de 75 mil dólares: 7.5 millones.

Según la encuesta de Fidelity, las personas con millones en el banco se consideran ricas hasta que logran amasar la cifra 7.5 millones de dólares.

Curioso. ¿Porqué precisamente 7 millones y medio? ¿Porqué siempre sale el 75, casi como número cabalístico?

¿Porqué los encuestados no mencionaron 7 millones cerrados, u 8 millones? ¿Tiene qué ver en algo esos 500 mil dólares extras?

Por lo pronto, ya lo sabe usted. Si quiere ser feliz en Estados Unidos, necesita ganar 75 mil dólares al año. Ni un dólar más ni un dólar menos.

Y claro, si quiere venir a triunfar en este país, ya sabe cuál es la cifra mágica: 7.5 millones. (www.cesarfernando.com)